REFERENTE PERIODíSTICO

“Todos somos Javier Sicilia”

Por Gerardo DE íVILA (*)

 

Cuál fue la verdadera aportación de la marcha del domingo pasado? ¿Cuál será su trascendencia? ¿Servirá de algo el llamado a un gran acuerdo por la paz, la justicia y la dignidad? Tal vez no, pero sin duda fue importante. La aportación y los alcances vendrán después.

Era previsible. La marcha que arribó el domingo de Cuernavaca al zócalo de la ciudad de México encabezada por el poeta y periodista Javier Sicilia no cambió la actitud del presidente Felipe Calderón de regresar el ejército a sus cuarteles; tampoco la fallida estrategia contra la inseguridad, pero sí­ le puso nombre y apellido a las instituciones salpicadas por la delincuencia.

Nada nuevo si usted quiere, pero surgió una advertencia para el presidente y los partidos polí­ticos: el voto en blanco para la elección del próximo año. El Ejecutivo federal desoyó a quienes marcharon y acudieron al emblemático zócalo del centro del paí­s, a quienes se manifestaron en no menos de 20 ciudades del paí­s y en otras tantas del extranjero; ahora habrá que esperar a ver cómo se comporta en las urnas un pueblo agraviado. No falta mucho para saberlo.

No hay duda tampoco, que la marcha del domingo cimbró a las estructuras del gobierno federal y de los partidos polí­ticos. Desnudó además, los acuerdos perversos que hay entre los poderes formales y fácticos. Así­ querí­an ver a nuestro paí­s: totalmente derrotado.

El Acuerdo por la Paz, la Justicia y la Dignidad propuesto por el poeta y periodista seguramente de poco o nada servirá, pero quedó de manifiesto que la sociedad mexicana efectivamente está “hasta la madre” de la violencia que vive el paí­s, de la guerra que nadie pidió, de los miles de muertos, que a estas alturas a las autoridades poco les importa cuántos van, así­ como la impotencia social por tanto contubernio, podredumbre e impunidad.

Efectivamente, el “estamos hasta la madre” es un clamor de todos los sectores productivos del paí­s que han sido afectados por los grupos delictivos. Como respuesta a la marcha, de manera cí­nica, el presidente dijo: “yo también quiero un México en paz”.

“Ni un muerto más” fue la consiga, pero la realidad es que las ejecuciones continúan manchando de sangre a la nación. ¿Cuántos muertos más tendrán que “contabilizarse”? í‰sta y otras interrogantes quedarán sin respuesta por un buen tiempo.

Al final, la marcha también hizo reflexionar en que “todos somos Javier Sicilia”, hayamos perdido o no a un ser querido, pero el solo hecho de no vivir en paz nos hace parte de este México bronco que ahora nadie ha podido amansar.

Y a como están la situación, pasarán muchos años antes de volver a respirar la tranquilidad de antaño. En lo sucesivo nada será igual.

Así­ las cosas, la marcha del domingo pasado no fue una más; no acudieron las multitudes que se hubieran esperado, pero los responsables de gobernar este paí­s saben que el clamor de todo un pueblo que vive con miedo es uno solo: ¡basta ya de esta guerra que nadie pidió!

Culpar al presidente de Calderón de lo que está ocurriendo no es del todo correcto; el cuestionamiento es a la estrategia aplicada, que definitivamente ha fallado y eso es lo que no ha entendido el jefe de las instituciones.

Es casi un hecho, que Felipe Calderón Hinojosa mantendrá hasta el último segundo de su mandato su posición de no regresar al ejército a sus cuarteles, a pesar que mayoritariamente hay un pueblo agraviado por la ola de violencia. ¿Por qué la necedad?

Estamos en un estado de excepción, sólo falta formalizarlo. Las historias de terror se multiplican dí­a con dí­a a lo largo y ancho del paí­s.

Las instituciones salpicadas

Valdrí­a la pena preguntarse: ¿serí­a una solución la caí­da del polémico Secretario de Seguridad Pública Genaro Garcí­a Luna o pedirle a los partidos polí­ticos que se deshagan de los malos militantes que se encuentran infiltrados como lo planteó Javier Sicilia? Probablemente no.

Entonces, ¿qué se requiere para terminar con esta ola de violencia que no deja avanzar al paí­s, que no permite reducir la brecha entre ricos y pobres, que tiene a un pueblo viviendo entre el miedo y la desigualdad?

Es claro, el Secretario Garcí­a Luna no se irá. La Presidencia de la República le dio todo el respaldo, poco faltó para que lo calificaran como el James Bond mexicano, el agente 007 pues de este paí­s.

En suma, tampoco creo que el cese de un hombre sea la solución al tema de la inseguridad, porque el mal es más profundo, aunque no dejo de reconocer que de algo servirí­a.

Considero pues, que urge un gran acuerdo nacional, pero no el que tradicionalmente se anuncia con bombos y platillos, sino uno que llame a la reconciliación nacional. No es la primera vez que México se encuentra inmerso graves problemas y sale adelante. Entonces, ¿qué requerimos para que regrese la paz?

Por lo pronto, la Secretarí­a de Seguridad Pública, la Procuradurí­a General de la República, los diputados y senadores y los partidos polí­ticos, con justa razón, son señalados como parte del problema y de la descomposición social que vive la nación. Evidentemente, habrá que sumar a los funcionarios corruptos, a la clase polí­tica agotada, entre otros actores.

Para el anecdotario:

1)  De acuerdo con el politólogo Federico Reyes Heroles, directivo de la asociación civil Transparencia Mexicana, el costo de la corrupción en México aumentó a 32 mil millones de pesos. Subió algo así­ como 5 mil millones de pesos en apenas tres años, de 2007-2010.

Otros datos duros que ofrece TM publicados en el periódico El Universal, señalan que en México cada “mordida” tuvo un costo que osciló entre 138 y 165 pesos, que multiplicados por miles de mexicanos implicados, en tres años alcanzó la nada despreciable cantidad de 32 mil millones de pesos. Moraleja: el pueblo tiene el gobierno que merece.

2) Ciudad Gobierno cuesta 1,300 millones de pesos si el gobierno del estado quiere comprarla de contado, pagándola en una sola exhibición; y no más de 2,000 millones de pesos a 20 años como se negoció en la controvertida administración de Amalia Dolores Garcí­a Medina. Si se llegara a comprar de un jalón, ¿de dónde saldrí­an los recursos?

3) Formalmente, el domingo 15 comienzan las campañas polí­ticas en el Estado de México. Eruviel ívila, candidato del PRI, arrancará con una ventaja de 30 puntos sobre Alejandro Encinas del PRD. Luis Felipe Bravo Mena no tiene la más mí­nima posibilidad y así­ lo entienden los panistas. Lo dicho: ni con una alianza PAN-PRD se hubiera podido derrotar al “gallo” de Enrique Peña Nieto, actual gobernador.

4) Y por si fuera poco lo que sucede. A la calificación que nos atribuyen los gringos como estado inseguro se agregan ahora las declaraciones nada menos que de Felipe Calderón, quien hace tres dí­as afirmó: “Zacatecas es un ejemplo nacional de impunidad y falta de autoridad donde el crimen operaba a sus anchas de meses a la fecha”. ¿Desde cuándo? ¿Desde con Amalia?

Calderón señaló también que “la inseguridad en Zacatecas se disparó a gran escala, lo que obligó a realizar operativos en los últimos dí­as que han logrado la detención de sujetos peligrosos”. ¿Quiénes son? ¿Dónde están?

Señor procurador Arturo Nahle Garcí­a: ¿alguna aclaración? Si la hay, que sea pronto.

Es mi opinión.

(*) Periodista.

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