ESCAMOLES, “LOS HUEVOS DE ORO” PARA PINOS

Jesús Martí­nez / Grupo Informador

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Guadalupe de los Pozos, Pinos.-  La recolección de escamoles se ha convertido para la gente de este pueblo en la más importante actividad económica desde hace 10 años, pero existe el peligro de sobre explotar el recurso y acabar con la “hormiga de los huevos de oro”, ya que se carece de un manejo adecuado y sustentable del insecto.

Aquí­, en el municipio de Pinos, donde predomina el clima semidesértico y  solo 40 por ciento de las tierras se aprovechan para la agricultura y la ganaderí­a, la gente se dedica a recolectar escamoles, tunas, biznagas y gusanos de maguey rojo y blancos durante ciertas temporadas del año.

“El suelo de Pinos es generoso y lo cuidamos”, asegura Fernando “N” -quien se resiste a dar su nombre por temor a que lo señalen de cometer un delito ambiental-, un recolector de huevos de hormiga de la comunidad que, al igual que otras 20 familias del lugar, se dedica a recolectar los huevos de hormiga durante los meses de marzo y abril (antes de que lleguen las primeras lluvias del año).

A 15 minutos de la cabecera municipal se localiza la comunidad de Guadalupe de los Pozos, donde viven unas 60 familias, entre caminos de tierra se pueden apreciar casas dispersas, separadas solo por matorrales o corrales. Los magueyes, nopales y palmas distinguen el paisaje desértico del lugar. “No hay más por aquí­, solo tristeza y mucha necesidad de la gente”, expresa Rita, una persona con discapacidad que sobrevive de la venta de servilletas.

“Dí­game ¿qué ve? Nada, no hay nada por aquí­, por eso la gente tiene que buscar los frijoles de otra forma que no sea la agricultura”, asienta la señora Rita, quien confirma que una veintena de familias de esa comunidad se dedican a la venta de escamol en esta temporada, en otros meses se dedican a extraer el gusano blanco y el rojo del maguey.

Pide que sean las autoridades quienes les ayuden a regularizar la venta del producto, pues el kilo de hueva limpio se paga en 200 pesos, mientras en el Distrito Federal o Tlaxcala, el precio alcanza hasta los mil pesos.

Un kilo al dí­a

A penas a luz del sol sale del horizonte, los pepenadores de huevos salen en busca de “los huevos de oro”. Algunos salen a pie, otros tantos en bicicletas y una minorí­a utiliza sus camionetas, sobre todo para cargar los botes de 20 litros donde echarán  la hueva sucia que recolecten durante el dí­a.

A principios de marzo la mayorí­a de los pepenadores recorren pequeñas distancias. Ya tienen ubicados los hormigueros y los caminos, pues cada año es el mismo andar. Conforme pasan los dí­as y se acercan las temporadas de lluvia, se tienen que alejar más para localizar lo que se conoce como hueva o el escamol.

A los costados o debajo de las palmas, huizaches o magueyes se localizan los hormigueros. Dos personas se acompañan por lo regular. Uno de ellos busca el hormiguero y el otro, el atrevido, se dedica a escarbar algunos metros para sacar la hueva, sabiendo que miles de hormigas “morderán” en sus manos, brazos, torso, cuello y hasta en la cara.

Las cicatrices son palpables, pero ya no les importa. “Mire, mire cuanta cicatriz tengo, pero vale la pena porque no hay trabajo, y a eso nos dedicamos. Siempre existen riesgos y peligros y este es un riesgo, el peligro es que nos salga una ví­bora del hoyo que escarbamos para sacar los huevos”, dice Fernando “N”.

Relata que a diario salen a buscar hormigueros y que al dí­a, entre 8 y 12 horas diarias, llegan a juntar por lo menos un kilo de huevo ya limpio, cuando bien les va –dicen- hasta los dos kilos al dí­a juntan para vender.

Su trajinar por los montes los premia ya por la tarde, a la hora que llegan a la casa para comenzar a limpiar los huevos de hormiga. Utilizan grandes casos llenos de agua, unas coladeras muy finas y la mano experta para comenzar a retirar la tierra, las hojas y ramas secas, los “nacidos” y las hormigas que acompañan a la hueva.

A las cuatro de la tarde aproximadamente se reúne parte de la familia para comenzar a limpiar. Una y otra vez pasan la coladera entre el agua y comienzan a apartar los huevos “buenos” de la basura.  Ya medio limpios, otra persona se encarga de “pellizcar” entre la hueva para sacar los huevos de color café o los que ya tienen la hormiga crecida.

Luego de dos horas de trabajo aproximado para limpiarlo, los huevos de hormiga están listos para ser pesados y embolsarlos por kilo.

“A huevo”, un abuso

Ya que todo el dí­a trabajaron, algunos se comen los “ya nacidos”, o los avientan a las gallinas para que se alimenten. Luego en su mismo pueblo, allá, junto a la carretera llegan a una casa para vender el fruto de su trabajo a la famosa “guevera”, una persona que desde México se quedó a vivir en la comunidad para comprar el escamol al precio que le venga en gana.

“Es la única que compra por acá y nos paga bien barato el producto”, se quejan algunos de los recolectores. Refieren que el kilo de escamol lo ha llegado a pagar hasta en 100 pesos el kilogramo, aprovechando que no existen más compradores en la región y que los habitantes de la comunidad y los ejidos que se benefician del huevo, no se han organizado para venderlo en otros estados.

Cada temporada –relatan  los mismos recolectores- se llegan a vender unas dos toneladas de huevos de hormiga en temporada buena, pero cuando es año malo “como éste”, apenas si alcanzan a recolectar y vender una tonelada aproximadamente.

Gente de otras comunidades, de las que se estiman otras 10 localidades que recolectan huevos, llegan hasta Guadalupe de los Pozos para vender. Otros tantos, la minorí­a, la venden a compradores de Tlaxcala que llega hasta Pinos para buscar el producto.

Decomisa PROFEPA 90 kilos

Debido a constantes denuncias de los ejidatarios de Pinos por la destrucción de la flora local al sacar el huevo de la hormiga, la Procuradurí­a Federal de Protección al Ambiente  (PROFEPA) en Zacatecas, en el año 2010 logró el aseguramiento de cerca de 90 kilos de escamol congelado.

José Noé Silva Olvera, Delegado estatal en Zacatecas de la Procuradurí­a, destacó que por desgracia el consumo no es local, pues la mayorí­a de los compradores, por intermediarios, son del estado de Hidalgo y del Estado de México.

La PROFEPA ha comenzado a conformar comités de vigilancia ambiental participativa en distintos ejidos del municipio de Pinos, con la intención de salvaguardar los recursos forestales de la región, además de realizar recorridos de vigilancia para detectar el aprovechamiento ilegal de los productos de la vida silvestre.

Se ha exhortado a los ejidatarios a acercarse a la Secretarí­a del Medio Ambiente, Recursos Naturales (SEMARNAT),  para realizar los trámites correspondientes y obtener las autorizaciones para el aprovechamiento de los escamoles, “pues se reconoce la situación de extrema marginación en la entidad”, expresó el funcionario.

Destacó que es fundamental  que los habitantes del lugar se aseguren del buen manejo de los escamoles, así­ como de los hospederos (magueyes, palmas y nopales), con el fin de que el recurso les pueda ofrecer una alternativa de recursos durante muchos años.

Ganancias de hasta 600 pesos

Con recursos estatales y federales, unidades de producción rural de comunidades del altiplano de San Luis Potosí­ han logrado dar valor agregado a los escamoles al embolsarlos con valor al mercado de hasta 600 pesos kilo.

En Las Charcas, San Luis Potosí­, en el mes de abril, el gobernador de ese estado,  Fernando Toranzo, inauguró un centro de acopio para escamoles y gusanos de maguey, lo que garantiza a los ejidatarios organizados, dar su producto a un mayor valor y dejar a un lado a los “coyotes”.

En Zacatecas se espera que a la brevedad las autoridades municipales convoquen a los ejidatarios para reunirse con la Procuradurí­a Agraria, la Procuradurí­a Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la Secretarí­a del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT),  la Secretarí­a de Desarrollo Económico y  la Secretarí­a de Turismo.

Con la organización de los ejidatarios de Pinos se podrán bajar recursos estatales y federales que les permitan, además de garantizar mejores precios para el escamol, tener un plan de manejo sustentable del recurso natural que les permita mantenerse de esa actividad durante varios años.

El caviar mexicano

Los escamoles (del náhuatl azcatl, hormiga, y mol, guiso) son larvas de la hormiga Liometopum apiculatum, muy apreciadas como alimento exótico en el estados como Guanajuato (en especial en San Luis de la Paz), Hidalgo (México), Puebla de Zaragoza y Tlaxcala, en México. También se les llama azcamolli, huigues o maicitos.

Se comen fritas con mantequilla y epazote, en mixiote, en mole, en barbacoa, con huevo, entre otras maneras. Esta especie de hormiga construye sus nidos bajo la tierra, principalmente en la base del maguey, en las nopaleras o junto a los árboles de pirul. El escamol se cosecha cada año, entre los meses de marzo y abril. Las hormigas escamoleras son sumamente agresivas, lo cual, junto con la dificultad para reproducirlas todo el año, dificulta su explotación y hace de los escamoles un platillo muy caro.

Los escamoles contienen entre 40 y 60% de proteí­na, además de grasas, vitaminas y minerales. Este es un porcentaje mucho más elevado que el de la proteí­na de la carne de res (17-21.5%) y la de pollo (20.2%).

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