TRAMITAR UNA VISA… NO TIENE PRECIO

Por: Antonio Torres /www.periodicomirador.com

 Se encomendaron a Dios y la virgen de Guadalupe al salir de su casa en Zacatecas rumbo a la ciudad de Guadalajara, Jalisco, donde tramitarí­an su visa en el Consulado de Estados Unidos  para así­ viajar al vecino paí­s del norte.

EL TRAYECTO

En la autopista Zacatecas – Aguascalientes se sienten en un ambiente seguro ya que es patrullada constantemente por elementos de la Policí­a Estatal y de la Federal. La charla en ese tramo era de planes para el viaje que se podrí­a realizar en estos dí­as de vacaciones decembrinas a la frontera: compra de ropa, juguetes, un iPod para los niños.

El calvario comienza ya en Aguascalientes, lugar que dicen es “más seguro” que Zacatecas, ya que al tratar de cruzar la ciudad  en una de las avenidas principales,  de repente aparece un tipo vestido de policí­a municipal, flaco, blanco, mayor, con lente obscuro.

El susodicho ya tení­a atorado a otro conductor, al que le pidió su respectiva mordida, cosa rara, en ese momento pasa un patrulla y el supuesto policí­a se esconde al costado de una camioneta color negra que se encontraba estacionada. Ya con el dinero en su bolsillo deja ir a su presa, se acerca a mi vehí­culo y me pide que descienda del mismo, me atrae entre otros dos autos y suelta su zarpazo: mira, si te doy la multa es de 900 pesos, pero si te mochas te lo dejo en 400.

Obvio le dije que le daba menos y no accedió, pero eso sí­, comenzó a comentarme que a gente de Trancoso, Zacatecas, eso les habí­a cobrado, que “el chavo que se acababa de retirar en su camioneta Ford Lobo con placas extranjeras me dio 600 pesos, no puedo aceptar menos”.

Le pedí­ me diera mi infracción y le dije que me quejarí­a ante las autoridades, fui  al carro por la tarjeta de circulación y regrese con él, me dice: “esto es entre caballeros, no tiene caso que denuncies”. Yo saqué 200 pesos y se los di para retirarme del lugar.

A pesar de que querí­a llegar a Guadalajara con la luz del dí­a, el tiempo que me hizo perder el pseudo policí­a y el tráfico de Aguascalientes no lo permitieron.

Un cielo rojo iluminaba el camino, algo que inspiraba tranquilidad. Ya en la caseta de Encarnación la chica nos pregunta: “¿Por la libre o sigue en la autopista? Como en la pelí­cula, decidimos irnos por la libre rumbo a San Juan de los Lagos. Cobijados bajo un hermoso atardecer, siguen los planes para nuestro viaje a la Unión Americana, las visitas a la familia, pero también a las grandes tiendas.

EL ARRIBO A GUADALAJARA

Tres casetas más, con su respectivo desembolso de efectivo, por fin en Guadalajara, ya de noche y con algo de miedo, ya que en la perla tapatí­a los conductores son unos cafres, se meten a los carriles centrales, luego a los laterales, sin importarles en lo mas mí­nimo su seguridad y la de los demás conductores.

En busca de hotel se consulta a algunos taxistas por las direcciones de unos en especí­fico y recomiendan algunos otros porque según su opinión, en esas zonas no porque hay mucho robo “yo creo será mejor que éste”, comentan.

El acceso y registro al hotel, nada fuera de lo normal, pero eso sí­, dispuestos a descansar.

LISTOS PARA LA CITA

Por la mañana, todo listo para asistir a la cita, todos muy temprano a bañar y luego a desayunar. Solicitamos un taxi en la recepción del hotel ya que optamos por dejar ahí­ el vehí­culo, especialmente por las recomendaciones hechas por los mismos ciudadanos a quienes preguntamos por el traslado hacia el Consulado de Estados Unidos, pero también, por el desconocimiento del lugar y por seguridad, dirí­a yo…

Ya en el lobby del hotel, “Llegó el taxi” dijo el botones, era una camioneta Nissan Xtrail, ¡í“rale!

En charla con el chofer sobre el tema de Feria Internacional del Libro, dijo que estuvo bien, según mucha gente le comentó, en la radio seguí­an las crí­ticas a Peña Nieto y su hija.

Al pasar por el Arco del Milenio, pregunto ¿Fue aquí­ Â donde encontraron los cuerpos? í‰l responde “sí­ aquí­ fue, es algo que ya pasó y sí­ nos sorprendió y nos dio mucha tristeza, pero es algo que ya quedó en el pasado, ahora ya no se habla de eso para no crear pánico ante la ciudadaní­a. Después de esa respuesta cambiamos de conversación.

En el trayecto al Consulado lo tí­pico de las grandes ciudades: gente yendo y viniendo, dos accidentes por exceso de velocidad…

Llegamos sin contratiempos y ya en la calle donde está ubicado el Consulado el chofer  nos dice “aquí­ es y son 60 pesos…suerte”.

LA FILA

La cita era a las 10 de la mañana, obvio llegamos media hora antes por aquello de las grandes filas. Pero aquí­ sí­ respetan los horarios de las citas, no como en muchas oficinas, clí­nicas y hospitales de nuestras ciudades y nuestro paí­s.

A lo lejos se escucha un guardia de trabaja para el Consulado… “las personas que traen cita de las 9:30 favor de ir pasando”. Tení­amos que atravesar un calle y recomienda: “cuando esté el semáforo en rojo, favor de pasar”.

Justo en ese momento se divide la fila en dos, unos quedaron detrás de los de las 9:30 y otros que llegaron mas temprano a su cita comenzaron a discutir cuál era le verdadera fila de la 10:00. Obvio a los guardias nada les importó eso, ya que la cita era a las 10:00 y sólo los de esa hora entrarí­an, nadie más.

PLíTICA CON UN EXTRAí‘O

Se acerca una persona hacia mí­ y me pregunta que si voy a renovar o tramitar mi visa, le comento yo que a tramitarla y me dice que él que acompaña a su esposa ya que él cuenta con su visa de hace algunos años, pero además platica que se casó en la Unión Americana con otra mujer y que firmaron un acuerdo que le costó 15 mil dólares para que le tramitara su residencia. Su pareja actual está de acuerdo en eso, según él. La verdad yo me sorprendí­ bastante.

LOS AMBULANTES

La sorpresa no quedó ahí­, ya en la fila le ofrecen de todo: llenado de solicitudes, viajes, copias, asesorí­a para trámites legales, espacios para estacionarse, anaqueles, lockers, sillas y cualquier chucherí­a que se pueda imaginar le venden o rentan afuera del Consulado.

El caso de las sillas fue fenomenal, le cobran 10 pesos por sentase, pero eso sí­, no puede cedérselo a sus acompañantes, el que se sienta paga, aunque sean de la misma familia. Llega una mujer con mala cara y dice: ¿va a rentar la silla? O si no, le pido de favor la desocupe.

Debido a que al ingresar al Consulado muchos objetos de uso personal no están permitidos, el cuidado de los mismos o la renta de un locker o anaquel dependerá del tipo de prenda que deje en custodia de estas mujeres: un celular 30 pesos, bolsa de mujer 80 pesos, ah y lo más interesante es que se los guardan debajo de la sombre de un árbol en bolsas de plástico, todo un negocio…

EL TRíMITE EN EL CONSULADO

Con los documentos en mano, ingresa a las instalaciones del Consulado, totalmente vigiladas y con extremas medidas de seguridad. Ya adentro primero verifican sus pertenencias, que no lleve nada de lo que está restringido, acto seguido, lo registran y pasa un arco de seguridad.

La fila sigue, primero, en un módulo revisan el pasaporte y hoja de confirmación, de ahí­, pase a las sillas verdes –bueno, por lo menos ya adentro permanecemos sentados -, le asignan un número con el que es llamado a una primera ventanilla, ahí­, registran sus huellas y le piden pase a las sillas azules para esperar su entrevista.

Miles de historias se entretejen en ese lugar. Pasan por ahí­ desde personas mayores en busca de una visa para ir a ver a sus hijos, jóvenes que quieren ir a estudiar al vecino paí­s del norte, aquellos que solicitan una visa humanitaria para visitar a un familiar enfermo, muchos más que van para poder ir de vacaciones… en fin, nunca acabarí­amos de contar.

Llegas a la siguiente ventanilla y lo primero que te piden es el pasaporte… y empiezan las preguntas: que si trabajas, que dónde, cuánto ganas, a qué quieres ir a Estados Unidos, si tienes con qué pagar tu viaje… acto seguido, los documentos probatorios, carta del trabajo, talones de pago, cuentas de banco… a veces, hasta las cosas más inimaginables te piden.

Por supuesto que te den la visa o no depende de tus respuestas, pero para la mayorí­a, depende si tienes recursos con qué viajar, eso marca la diferencia, pero no puedes dejar de lado el estado de ánimo del agente de migración que te entrevista, claro que no, porque si está de buenas y tienes suerte, te la da, si no, olví­date y regresa en seis meses, un año o lo que se le pegue la gana.

LA SALIDA

Ya afuera se acerca un mujer muy emocionada a su familia y expresa: “con sólo verme se cautivaron y me dieron la visa”. “No me preguntaron nada” dice otra mujer, sonriente, al salir. Otra más comenta que a ella le dieron su visa provisional (humanitaria) ya que su madre se encuentra muy enferma en el otro lado.

También está la otra cara de la moneda, una familia sale muy decepcionada ya que se las negaron. Y qué decir de aquella chica que vestí­a de color rojo y abundante cabello chino, que entró con gran emoción y salió con su mirada perdida, ella mencionó que el agente de migración le negó su visa por no tener sus estudios terminados, que le recomendó que los terminara, se consiguiera un trabajo de su profesión y después volviera.

Así­, aquella gran fila de gente con esperanza de obtener una visa se fue desvaneciendo, tanto entre alegrí­as y grandes planes como en tristeza y decepción, historias que se perdí­an mientras aquellas mujeres que ofrecí­an servicios de renta de sillas y trámites se decí­an una a la otra: “hoy el dí­a fue malo, mañana esperemos esté mejor”.

EL REGRESO

Pues nosotros fuimos unos de los “afortunados”. Ya con nuestras visas en mano nos dispusimos a regresar, regresamos al hotel como nos fuimos, en taxi, recogimos nuestro pequeño equipaje y emprendimos el camino de regreso, no sin antes llegar a cargar combustible.

Ahí­ le comento al despachador que es mucho lo que está cobrando ya que no concuerda la cantidad de combustible que puso con lo que me estaba cobrando, 350 pesos para ser exacto, una sorpresa más, me dice que “eso se lo he comentado a mis patrones, que la gente se queja de eso y a veces, hasta a nosotros mismos de repente nos falta dinero para comprobar la venta del dí­a, pero ellos nos contestan que si nos gusta bueno, si no pues que hay mas gente que quiere trabajar”.

Hice una pregunta más al despachador, que qué tal es la comida de los restaurantes que se encuentran en el paradero, su respuesta fue: “joven recuerde que éste lugar es de paso, lo que consuma aquí­ le saldrá muy caro y la comida es mala, mejor espere llegar al próximo, pueblo es mas rico y mas económico.

Mientras, la familia ya ordenaba unas tortas ahogadas que tení­an un costo de 35 pesos, pero para que se acabe de sorprender, si pide factura ¡¡¡Le cobran el IVA!!!

Así­, pago de combustible, pago de casetas, pago de alimentos, pago de mordida de un pseudo policí­a, pago de hotel, pago de taxis, pago de renta de una silla, pago para que me cuiden mis pertenecí­as, pagar de más en la gasolinera y en la comida…

¡¡¡ TENER UNA VISA PARA INGRESAR A ESTADOS UNIDOS NO TIENE PRECIO!!!

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