¡QUí‰ BONITA ES LA CíRCEL!

Por: Jorge Gustavo Castañón Cisneros /MIRADOR

 ¿Habrase visto?, y lo peor es que existen muchas personas que así­ lo creen. Desconozco si es por descaro, por resignación disfrazada, por molestia reprimida o por el simple humor que tanto nos caracteriza como mexicanos, pero así­ lo expresan al hablar de su paso por alguna prisión o centro de detención para inmigrantes indocumentados dentro de los Estados Unidos. El humor mismo que nos identifica, marca registrada.

Y en caso especí­fico hablaremos de la versión, casi cómica, de la Sra. Otilia Nuñez (nombre levemente modificado por obvias razones) de la comunidad de Cieneguillas, municipio de Zacatecas. En una festividad realizada en la comunidad en honor al Señor San José.

La familia Nuñez se reunió como cada año a compartir los alimentos y disfrutar de dicho evento. Al calor de un par de cervezas de calidad dudosa, Otilia comenzó la plática y remembranza de “todos” sus parientes y peripecias sufridas por éstos en su trayecto o estadí­a en la Unión Americana. Habló de Pedro el sobrino, Luis el primo, Marí­a la comadre, Antonia la casada con el gringo James, de Jesús arrejuntado con Darlina la hondureña, del que está en Juarez esperando su cita para residencia, de Rodolfo que está en corte para perder la residencia, etc.

Y así­, llegó hasta ella. Rí­e y dice: pos yo me he ido dos veces por la lí­nea. Je je. ¡Imaginate tí­a¡ con mis 500 kilos (haciendo alusión a su peso un tanto desproporcionado). Hay voy a camine y camine. Deje a varios “quezque” hombres “bragaos” detrás. Y luego luego cruzando que me apañan. La border nos metió a una camioneta y nos llevo sabe a donde fregaos. Que huellas y que fotos y hasta autógrafos. Je je. Y nada, que nos avientan pa’ca. Y daba tremendos tragos a la cervecita, que insisto sabí­a medio quemada. Usted cree que me iba a dejar, no pos no. Que al mes me aviento de nuevo y que cruzo. Y de nuevo cuas! Que nos cae la border y ahora sabe que tanto alegaban en ingles. Y que me llevan a otro lado. Que uno me dice que no debí­a estar y que un Juez y que sabe que. Así­ me llevaron a una prisión. Me dieron mi trajecito naranja y pura vida!!!!. Je je ja ja. Me la pase rebien. Tres alimentos diarios seguros, conocí­ gente de otros paí­ses, veí­a tele, jugaba basket, hacia manualidades ja ja. Me la pase rebien. Ya estoy pensando en ir a pasar otras vacaciones ja ja ja porque aquí­ no es seguro el alimento y allá me mantienen gratis y hasta era  bonita la cárcel.

Es así­ como se fue dando aquella plática, entre risas y sonrisas. No se asomó de manera visible la nostalgia por las sillas que permanecí­an solas en honor a los tantos que se fueron y que no podí­an regresar. A aquella fiesta le faltaba Jesús, Marí­a, Antonia, Pedro, Luis, Rodolfo, pero no querí­an llorar. La casa llena de fotos de éstos, de recuerdos. Pero la risa emergí­a evocando momentos chuscos de situaciones poco chuscas.

La matriarca, señora de 95 años, enferma y casi ciega, parecí­a observar aun mejor con esos cansados ojos aquel escenario superior de su familia disgregada. Ella callada, acurrucada en su silla de ruedas presidiendo la mesa. Esbozaba de vez en vez una mueca de sonrisa como tolerando y permitiendo aquellas carcajadas que brotaban bruscamente de las bocas de aquella parentela. Parecí­a entender que es ese humor a veces nuestra única forma de asimilar la realidad.

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