FUERZAS FEDERALES IMPLICADAS EN PLAGIOS, ACUSAN MUJERES

Padecen violencia de quienes debieran protegerlas 

Por Patricia Mayorga
 México, DF. (CIMAC).-La ola de violencia en el paí­s ha dejado su estela de desapariciones, asesinatos y familias desplazadas; madres y esposas padecen en mayor medida ese trance.
Mujeres que participaron en la “Marcha de la Dignidad Nacional: Madres buscando a sus hijas e hijos y demandando justicia” –proveniente de varios estados del paí­s y que llegó esta semana a la Ciudad de México–, relataron diversos episodios violentos de los que han sido ví­ctimas ellas y sus familias.
Doña Emma Muñoz contó que el 19 de junio de 2011, al estar toda la familia reunida en la casa de los abuelos, en el municipio de Cuauhtémoc, Chihuahua, policí­as municipales y federales irrumpieron el domicilio para llevarse a su esposo, a cuatro de sus hijos, un nieto, un sobrino y a su yerno.
Hasta ahora no se sabe nada de ellos. Las y los familiares han identificado a tres de los policí­as municipales que se llevaron a las ocho personas. Sin embargo, los agentes continúan en funciones.
Entre los desaparecidos están: Toribio Jaime Muñoz –de 61 años y esposo de doña Emma–, y sus hijos í“scar, de 38 años; Jaime (33); Guadalupe (37), y Hugo (31), los cuatro de apellidos Muñoz Veleta.
También fueron secuestrados Luis Romo Muñoz, de 21 años y sobrino de doña Emma, y su yerno Nemesio Solí­s González, de 41 años y empleado de ferrocarril.
Don Toribio es ferrocarrilero jubilado. í“scar y Guadalupe trabajaban en Concretos de Chihuahua; Jaime, en una maquiladora, y Hugo, el hijo soltero, viví­a con sus padres.
La situación económica de la familia completa se vio mermada. La pensión de don Toribio está paralizada porque no está presente para cobrarla y tampoco se puede presentar un acta de defunción.
í“scar Muñoz Veleta tiene dos hijos; Guadalupe otros dos; Jaime también dos, y Nemesio, tres. Sus respectivas esposas ahora tienen que trabajar para sacar a sus hijos adelante.
Las autoridades judiciales de Chihuahua siempre dicen lo mismo: “De sus parientes, no hay nada”, una versión que se repite a todas  las familias del estado que padecen el trance de que sus seres queridos estén desaparecidos.
 FAMILIAS DESPLAZADAS
Marí­a de Jesús Alvarado Espinoza narró el infierno que padece por la violencia en el municipio chihuahuense de Buenaventura. Al menos 37 integrantes de su familia se han tenido que ir a vivir a otra región por temor a sufrir más agresiones.
La mujer relató que el 29 de diciembre de 2009 la familia Alvarado se reunió en la casa de sus padres en el ejido Benito Juárez. Una de las integrantes de la familia habí­a perdido a otro familiar y se integró a las investigaciones del caso. Denunció irregularidades.
La noche de ese dí­a llegó José íngel Alvarado para decirle a su hija que la suegra de él estaba muy enferma. Fueron a casa de la suegra. También iban Nitzia Paola Alvarado Espino y Rocí­o Irene Alvarado.
Cuando llegaron al domicilio, los abordaron 10 militares y los bajaron de la camioneta. A Nitzia la jalaron del cabello. José íngel la defendió, por lo que también se lo llevaron. Desde aquel dí­a la familia Alvarado comenzó a sufrir hostigamiento y amenazas. Todos los dí­as viven con temor.
Marí­a de Jesús se hizo cargo de las tres hijas de Nitzia: dos gemelas que ahora tienen 16 años y una adolescente de 13. Marí­a tiene cuatro hijos y también se hace cargo de sus papás, que son personas mayores y padecen enfermedades crónico-degenerativas.
Son 11 integrantes de la familia que viven en una pequeña casa que no es la suya. Son las tres hijas de Nitzia, cuatro hijos de Marí­a de Jesús, los papás de ambas, y el esposo de esta última, quien es mecánico y se hace cargo de la manutención de toda la familia. “Vivimos en pobreza extrema”, dijo Marí­a de Jesús.
La mujer explicó que la Secretarí­a de la Defensa Nacional reconoció en su momento que sus integrantes se llevaron a los tres miembros de la familia Alvarado. No obstante, no se sabe nada de ellos y las indagaciones no arrojan resultados a pesar de una recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
14 Aí‘OS DE BíšSQUEDA
Silvia Arce desapareció en 1998 cuando fue a cobrar unas joyas a unas bailarinas de un antro de Ciudad Juárez. Dejó tres hijos que tení­an 11, nueve y cuatro años de edad.
La madre de Silvia, Evangelina Arce, se hizo cargo de ellos. Durante 14 años Evangelina ha buscado a su hija sin encontrar respuesta. Ahora ella es uno de los pilares de la organización Justicia para Nuestras Hijas, con la que ha acompañado a cientos de familias que han sufrido su mismo dolor.
Evangelina también estuvo en la “Marcha de la Dignidad Nacional”. Ella ha recibido amenazas y tuvo que irse a vivir a otro lugar. Aseguró que a su hija se la llevaron agentes de la PGR.
Doña Evangelina tuvo 11 hijos y desde 1972 ha sido luchadora social, toda vez que apoyó la causa de los desaparecidos polí­ticos. Ahora busca –sin claudicar– a su hija.

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