DESPUí‰S DE LA ELECCIӓN DEL PRIMERO DE JULIO

Por: Lic. Catarino Martí­nez Diaz

(Primera parte)

Vale la pena analizar algunas caracterí­sticas de la pasada elección, en la que se renovaron poderes federales, estatales y municipales, la consolidación de nuestro sistema democrático es un proceso que avanza contra viento y marea. Desde la revolución de 1910 los mexicanos decidimos ser un paí­s democrático con todos sus riesgos y tropiezos, pero no hay duda, ES EL MEJOR CAMINO.

La ciudadaní­a ejerce su derecho a premiar los buenos gobiernos, a despedir a los que considera no le cumplen y a desaparecer a los que de plano no le son de utilidad. Sí“LO EN LAS DICTADURAS NUNCA PIERDE EL GOBERNANTE, hasta que el pueblo decide morir en aras de recuperar su libertad. Por eso a raí­z de los resultados electorales quiero hacer las siguientes reflexiones:

1.- Nada o muy poco observamos de trabajo ideológico en las recientes campañas polí­ticas, no escuché un solo comentario respecto de las ideologí­as partidarias en voces de sus candidatos. Cada vez más se va perdiendo el elemento sustantivo, dogmático y filosófico que se veí­a en los documentos básicos de los partidos.

La carga ideológica que al seno de los partidos genera sentido de pertenecí­a, LEALTAD y hasta lo que tradicionalmente conocemos como voto duro, se ha vuelto aleatorio y en el peor de los casos hasta moneda de cambio. Si tuviera que decirlo de otra manera, dirí­a que el voto duro sale de la conciencia, el voto aleatorio corre el riesgo de dejarse influenciar por la dádiva.

El pragmatismo en las actuales circunstancias  ha ganado la carrera a la ideologí­a, el “saltadero” de individuos de un partido a otro es impresionante. Sin rubor alguno aparecen candidatos postulados por un instituto polí­tico que apenas una elección anterior, habí­an defendido al partido contrario, organizado elecciones o jurado amor eterno hacia los partidos de procedencia ¿Hasta dónde es válido eso? No lo sé, pero al menos el individuo queda impedido sin lugar a dudas, para solicitar que le tengan confianza, porque garantí­a de ética y moral polí­tica, seguro estoy que no existe.

El interés personal se sobrepone al interés colectivo y desde luego a la ideologí­a partidista, quiérase o no, ahora es más que evidente. Lo de Don Manuel Bartlett Dí­az por ejemplo en Puebla, es demoledor para la historia personal de un polí­tico de su estatura y capacidad.

2.- El ejercicio del poder desgasta, el PRI se sostuvo 70 años pero no se sobrepuso al desgaste principalmente mediático, que es una herramienta efectiví­sima y hábilmente aprovechado por sus adversarios. Tuvo que dejar el poder en el año 2000 pero cuando aceptó la derrota, como buen competidor dentro de la democracia aprendió además, que la decisión de entregar o negar el poder, es la ciudadaní­a.

El PAN con doce años fue suficiente para sufrir la derrota en el más reciente recuento de daños, fue el más perjudicado en el escrutinio ciudadano. Sin embargo no debemos escatimar nada y debemos reconocer que el Presidente Felipe Calderón, gobernó apoyado en sus convicciones, asumiendo los costos que conlleva precisamente el ejercicio del poder, como es la seguridad y los incrementos en los combustibles, por mencionar dos aspectos.

Efectivamente las derrotas en la democracia no son para siempre, el reconocimiento ante la historia habrá de reivindicar su esfuerzo y su indiscutible convicción democrática. Tuvo un equipo de colaboradores de bají­simo perfil, la mayorí­a de sus Secretarios carecí­an de capacidad para conciliar y negociar frente al poder legislativo. Sólo de recordar las comparecencias del entonces Secretario del Trabajo Javier Lozano, se comprende por qué no salieron muchas iniciativas, entre ellas la laboral.

3.- Los candidatos hicieron su trabajo, Enrique Peña sorteó todo tipo de misiles, estrategias y movimientos para desestabilizarlo, para bajarlo de la delantera, producto de su paso como Gobernador del Estado más grande electoralmente hablando, más rico en producción y participaciones presupuestales. Su candidato Erubiel ívila habí­a ganado con amplí­sima ventaja las elecciones del Edomex, asegurando desde entonces un importante bastión electoral para competir frente al DF.

Resistir la guerra sucia, asumir una posición mesurada frente a los ataques y movimientos en su contra, fue la mejor estrategia. Aprendió sobre la marcha rápidamente, los tropiezos en Guadalajara lo hicieron sacar la casta guerrera, caracterí­stica de un Estado como el de México, hacedor de polí­ticos de profunda huella en la vida nacional: Gustavo Baz, Carlos Rivapalacio, Isidro Fabela, Adolfo López Mateos, Carlos Hank González, Fidel Velázquez, Alfredo del Mazo, etc. Atlacomulco y su famoso grupo de polí­ticos, volvió a figurar en las grandes decisiones nacionales.

4.- Josefina Vázquez Mota, la del dí­a del mensaje reconociendo su derrota, es la que muchos esperábamos durante toda la campaña. Emitiendo un discurso propositivo, ordenado y coherente. Josefina la de mente ágil y educada, en eso sí­ diferente. La que abriera caminos de poder y alternativas polí­ticas para las mujeres, la que honrara la ideologí­a de un partido ordenado y generoso, democrático y con una enorme trayectoria en el equilibrio polí­tico de nuestro paí­s.

La candidata metida en la guerra sucia no gustaba a la gente, mucho menos a las Esa Josefina nunca se vio, sus estrategas fallaron. No pocas mujeres llegaron a decir que preferí­an a una Josefina llena de inteligencia y no con pantalones como se autodenominó. Sin embargo no se puede dejar de lado todo su esfuerzo, casi sobrehumano.

Aún con los errores cometidos, fue ella sola la que evitó que su partido tuviera un descalabro mayor, Josefina evitó que el PAN resultara muchí­simo más dañado, que entregara todos los estados y ayuntamientos en los cuales gobernaba.

Los panistas están en deuda con ella en todos los sentidos, empezando por la propia dirigencia panista y desde luego también por el primer panista en el paí­s. En contra parte la solidaridad que le mostró Margarita Zavala de Calderón no tiene precedente. Felicidades Doña Josefina, lo que usted hizo caminando siempre cuesta arriba, ahí­ queda como parte de la lucha democrática de México.

 

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