¿PRIISTAS, PEí‘ISTAS O ALONSISTAS?

Análisis Polí­tico

Gabriel Contreras Velázquez

Ni Zacatecas es el estado más priista, ni los resultados electorales definieron a la población como la más peñista del paí­s. Esta percepción que hoy se vende en voz del presidente del partido a nivel estatal, así­ como de su “Delegado operativo” (del cual a la fecha aún desconocemos sus funciones, que, como habí­amos mencionado ya tiempo atrás, en los estatutos del partido a nivel nacional dicha figura ni siquiera es contemplada) es tan endeble que al parecer el mismo PRI o desconoce o prefiere disimular su realidad.

Una simple pregunta puede derribar el discurso agrietado con el que estos zacatecanos abanderaron el triunfo del PRI a nivel nacional en julio pasado: ¿qué hubiera pasado si Amalia Garcí­a hubiera apoyado a Miguel Alonso Reyes y le hubiera otorgado la candidatura en 2010?

Por ende, uno ha de peguntarse ¿qué hubiera pasado si Miguel Alonso hubiera ganado la gubernatura con las siglas perredistas? O incluso, imaginando escenarios, ¿qué hubiera sucedido si en 2010 la elección se hubiera discutido entre el PRD y el PAN, dejando al PRI nuevamente en un tercer lejano lugar? ¿Qué serí­a hoy de Zacatecas? ¿Peñista, priista, amalista, izquierdista, monrealista, alonsista…?

La respuesta vendrí­a un 4 de marzo del presente año, en el diario Imagen de Zacatecas -distinguido a estas alturas por mantener una lí­nea discursiva cercana al gobernador y al partido que éste “representa”- realizó una serie de entrevistas en donde recopilaron los puntos de vista del dirigente priista estatal Juan Carlos Lozano Martinez, el diputado local por el PRI José Olvera Acevedo, y a José Eulogio Bonilla Robles ex candidato priista a gobernador en el proceso electoral 2004.

Era la conmemoración del 83 aniversario del Revolucionario Institucional, y en aquel reportaje estos tres personajes relataron de manera dramática cómo es que aquel partido tradicional perdió el poder en manos de la “izquierda” de Ricardo Monreal en la elección de 1998.

Fue ahí­ donde José Olvera Acevedo definirí­a con todas sus letras lo que sucede hoy en Zacatecas: “Esta alianza sí­ nos salió bien.” Se refiere a la alianza que el PRI realizó con Miguel Alonso Reyes para que éste reprocesara su pasado priista, excomulgara su perredismo reciente, y se incorporara a un proyecto de “pragmatismo polí­tico” –en palabras del mismo diputado- que “beneficiarí­a” a ambas partes.

En esas entrevistas, dichos polí­ticos olvidan mencionar que en 1997, el mismo personaje que se convertirí­a en un sí­mbolo -para bien o para mal dependiendo de a quién se consulte- de la cultura polí­tica zacatecana, y quien fuera mentor de quien hoy gobierna Zacatecas, jugaba posiciones estratégicas en la Secretarí­a de Gobernación de la mano de Emilio Chuayffet y Arturo Núñez (hoy nuevo gobernador de “izquierda” en Tabasco).

El éxodo priista en aquellos años, del cual personajes como Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Camacho Solí­s, Arturo Núñez, López Obrador, Monreal, etc. saltaron a los nuevos partidos de izquierda, a su vez creados de la mano del ingeniero Cárdenas por su candidatura presidencial en 1988 y nutridos por la sociedad inconforme por el autoritarismo priista de buena parte del siglo XX, no logran disipar las sombra de haber crecido en el seno de la revolución institucionalizada.

La gubernatura del estado en 1998, aunque auspiciada por un una “nueva alternativa polí­tica”, fue en realidad un cobro de factura de Monreal al ex presidente Zedillo. La izquierda nunca llegó, porque nunca se lo planteó, y en realidad los nuevos gobiernos “socialdemócratas” gobernaron y gobiernan con el proyecto y la plataforma populista que habí­an aprendido del PRI del Estado de Bienestar. Zacatecas es ejemplar en este rubro, pues se ajusta bien a la definición de Estado de Bienestar como un gobierno grande y costoso, dedicado a brindar seguridad social (salud, empleo, educación, habitación, energí­a, empleo, pensiones, etc.).

En Zacatecas, el organismo que más mueve presupuesto, y al que se encuentran supeditados a su vez otras empresas es: la burocracia. No existe una empresa que deje mayor derrama económica como lo hacen las partidas presupuestales burocráticas. La competencia es mí­nima, y los servicios apenas suficientes. La actividad económica se encuentra limitada, evidentemente, al dinero que fluye del gobierno hacia la sociedad. En especial al pago de nóminas y al rubro de gastos corrientes. Prueba de ello fue la Expo Negocios donde nuevamente los pequeños y medianos empresarios buscaban esperanzadamente ser proveedores de gobierno, que es donde está el dinero.

Con el sexenio de Ricardo Monreal no se inauguró un gobierno de izquierda ni de centro. Al contrario, Monreal utilizó el mismo poder que mantienen los gobiernos estatales, como pequeños feudos, con la menor injerencia del centro del paí­s y con la posibilidad de nombrar y maniobrar a todo su gabinete una vez que han infiltrado sus intereses en los congresos locales.

Es por ello que no se trata de peñismo, ni de priismo, sino una rotación de grupos de poder donde el “alonsismo” va ganando terreno. Al igual que en algún momento el llamado “monrealismo” fue fuente de una gran cantidad de cuadros polí­ticos en Zacatecas, hoy esos mismos cuadros buscan replicar y salvaguardar sus posiciones polí­ticas bajo la figura de Miguel Alonso (empezando por él mismo).

En el Revolucionario Institucional zacatecano se vive esta fragmentación de poder, donde el alonsismo intenta implantar a sus grupos en un partido tradicional. Apuntando a Pedro de León, los reclamos más fuertes de los personajes tradicionales del PRI en Zacatecas se levantan para advertir que el partido corre peligro de perderse en manos de los alonsistas. La tarea, como habí­amos dicho ya hace tiempo en este espacio, es adueñarse de un partido que de hecho nunca se recuperó del golpe de 1998. Los demás son sólo discursos rebosados.

A toda acción… múltiples reacciones.

Clases de japonés: dice el presidente de Yusa Autopartes en Zacatecas, que al estado le hace falta una estrategia completa para cambiar la percepción de seguridad. Lo que no sabe es que con esta estrategia de no tener estrategia en materia de comunicación polí­tica, es suficiente para no enterarnos de los sucesos graves que ocurren en los municipios. Y si nos enteramos, al menos es una versión lacónica del nivel de violencia que en realidad se vive alrededor de la zona conurbada: Zacatecas-Guadalupe.

Tirar dos cadáveres en medio de una ví­a principal no es un móvil cotidiano de la delincuencia común en un estado como Zacatecas. Afortunadamente el procurador ésta vez atinó en no dar versiones alejadas o móviles ajenos a lo que todas luces se dibuja como una acción de la delincuencia organizada y las bandas de narcotraficantes.

El no recibir señales de quienes realizaron la privación de libertad de la ex directora del penal de Cieneguillas nos habla de que no hay extorsión de por medio. Ha pasado ya una semana, y quienes la sacaron de su domicilio la madrugada del 22 de agosto pasado no han contactado a las autoridades. Y si lo hicieron es parte de la historia que no sabemos. A estas alturas ya no parece un simple acto de privación de libertad, sino de un homicidio a punto de esclarecerse.

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