EL SISTEMA DE PARTIDOS POLÍTICOS EN MÉXICO, REFORMAS ELECTORALES

Por: Brenda Castrejón Hernández

Zacatecas, Zac.-La organización de elecciones, el desarrollo de monitoreos profesionales, neutros y apartidistas, la capacidad de generar información rápida y objetiva, y el manejo de los recursos de manera flexible y oportuna para el desarrollo de estrategias y tácticas políticas, son cuestiones clave para los partidos políticos contemporáneos[1].

La idea de constituir partidos políticos en México se remonta a los primeros años de la vida independiente, primero en el marco de las confrontaciones entre centralistas y federalistas, posteriormente, entre liberales y conservadores y, más adelante, entre las diversas corrientes liberales. El término partido político fue utilizado extensamente en las luchas políticas decimonónicas para referirse a los bandos y corrientes confrontados, pero desde un criterio estricto no se trataba de partidos, sino de grupos más o menos organizados, frecuentemente en torno a caudillos, que desplegaban su actividad en el contexto de las convulsiones violentas que caracterizaron a la política mexicana desde la Independencia hasta la consolidación del Porfiriato. En el periodo gobernado por el general Porfirio Díaz hubo intentos serios de creación de partidos, como el Partido Liberal y el Partido Nacional Antirreleccionista, pero tales intentos no lograron su objetivo por la persecución y represión del régimen porfirista y porque no pudieron actuar en un ambiente de política institucional, sino que se vieron arrastrados a las conflagraciones que devinieron en la Revolución Mexicana.

Así, la creación, el desarrollo y la consolidación de partidos políticos que cumplieran los requisitos mínimos para considerarlos como tales, tendría que esperar todavía largos años. Aún más, el surgimiento de un sistema de partidos plural y competitivo es sólo un resultado reciente en México. A partir de 1977 se inició un largo e intrincado ciclo de reformas electorales, que transformaron el panorama electoral y partidista de México. Estas reformas iniciaron por la de 1977, que declaró a los partidos “entidades de interés público”, abrió el acceso del régimen de partidos a organizaciones hasta entonces marginadas o bien de nueva creación, fortaleció a los partidos políticos nacionales en cuanto a su derecho de participación en las elecciones locales y municipales e introdujo la representación proporcional para la integración de la Cámara de Diputados.

Con la reforma de 1986, se logró el inicio de la democratización del régimen jurídico político del Distrito Federal, se precisaron las prerrogativas de los partidos políticos y se creó un órgano encargado de lo contencioso electoral. Entre 1989 y 1990 se aprobó la creación de un organismo público autónomo encargado de la función estatal de organizar las elecciones, el Instituto Federal Electoral (IFE), que más adelante consolidaría su autonomía plena y su presencia ciudadana. Con el surgimiento del Instituto Federal Electoral se avanzó sustancialmente en la profesionalización, la imparcialidad y la transparencia de la organización de procesos electorales y se impulsaron programas de creación de nuevos instrumentos electorales como el padrón electoral, la credencial para votar con fotografía o el relativo a los resultados electorales preliminares. También se introdujo tecnología avanzada que fortalece la transparencia y la eficiencia de los procedimientos electorales, todo ello con la estrecha participación de los partidos políticos. Asimismo, se precisó y fortaleció el sistema de financiamiento de los partidos y su acceso a los medios de comunicación, y se redefinió al Tribunal Electoral, ahora con facultades jurisdiccionales, y se desarrolló el sistema de impugnación electoral.

En 1993 se introdujo el principio de primera minoría para la integración del Senado, se terminó con la modalidad de autocalificación electoral, se fijaron las bases para la fiscalización de los recursos financieros de los partidos, se optó por la insaculación para la integración de las mesas directivas de casilla y se reglamentó la actividad de observación electoral. Con la reforma de 1994, se logró la llamada ciudadanización del Instituto Federal Electoral y se aceptó la figura de visitantes extranjeros. La reforma de 1996 fue muy amplia, se consolidó la autonomía del Instituto Federal Electoral, se incrementaron las facultades del Tribunal Electoral que fue incorporado al Poder Judicial de la Federación, se aprobó el registro de agrupaciones políticas nacionales, se precisó en términos de mayor equidad el financiamiento a los partidos, se fijó un tope a la sobrerrepresentación, se introdujo la representación proporcional para la integración de una parte del Senado y se acordó la elección directa del Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

La reforma de 2008 fue relevante por el conjunto de modificaciones para resolver aspectos que brindaran claridad a situaciones presentadas en las elecciones federales previas, tales como: el financiamiento, la equidad en la contienda, el acceso a radio y televisión, regulación de precampañas, etc. También se incorporaron criterios normativos señalados por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. En resumen, esta Reforma se centró en 3 ejes: disminuir el gasto de las campañas electoral, fortalecer las atribuciones y facultades de las autoridades electorales federales y, diseñar una nueva forma de acceso de los partidos políticos a los medios masivos de comunicación, esencialmente para radio y televisión.

El ciclo de reformas cubre una gran cantidad de temas, todos ellos relevantes para la transformación electoral del país. La aprobación de estas reformas, algunas de ellas signadas por retrocesos, en términos generales dio por resultado la consolidación de parámetros de equidad en la competencia electoral y la transformación del sistema de partidos, de un sistema de partido hegemónico a otro pluralista y competitivo. Los partidos han registrado espectaculares transformaciones en su influencia electoral, lo que ha repercutido en que la alternancia ya no sea un fenómeno desconocido para el electorado mexicano. Algunos partidos han desaparecido del panorama electoral debido a que no pudieron conservar el registro. También han surgido nuevas organizaciones partidistas. Es tal el grado de movilidad en el formato del sistema de partidos, que prácticamente en cada elección federal cambia el universo de opciones para los electores.

En términos históricos, es relativamente reciente la conformación del nuevo sistema de partidos. Existen diversos indicadores que ponen en duda su plena consolidación estructural, más ahora con la figura de las candidaturas independientes. Este año, varias organizaciones políticas presentaron su escrito de intención al IFE para constituirse como partido político. Aún falta que cumplan con requisitos, entre ellos e número de afiliados, la declaración de principios, estatuto y programa de acción. Como sociedad, debemos informarnos de las diferentes opciones que se nos presentan y en su caso, participar para incrementar o no el formato de partidos en México.

Estudiante de la Maestría en Derecho Electoral

Universidad Autónoma de Durango, Campus Zacatecas.


[1] Panebianco, Angelo. Gestión y Política Pública, vol. VII, núm. 2. Segundo semestre de 1998, pág. 433.

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