LA TRADICIÓN Y EL PRESENTE

Agenda Política

Por: Gabriel Contreras Velázquez

Según cifras del centro de investigación PEW, a partir del 2005 a la fecha, el número de católicos en el continente africano ha crecido en un 20%. Alrededor de 278 millones de católicos se concentra ahí, y mantiene una tendencia a la alza, entre la población que elige como religión el catolicismo.

En entrevista para Reuters, el arzobispo de Ghana, Matthias Kobena Nketsiah, manifiesta que “al mundo todavía le cuesta trabajo aceptar a África”. Piensa que la iglesia católica aun no está lista para su primer papa negro. “¿Podría la gente aceptar a un Papa negro? No. No todos podrían”.

A ello se suma el diagnóstico agudo del periodista Peter Musambi, corresponsal del Servicio Suajili de la BBC: “[los africanos] necesitan a alguien que entienda qué es vivir en un continente con una prevalencia de VIH tan alta y donde la iglesia proclama una prohibición total en el uso de condones… Es un dilema que enfrentan muchos, incluidas las organizaciones católicas, en África: en el campo pueden ver la realidad de los problemas, pero cualquier estrategia que pongan en práctica debe decidirse en Roma.”

El 13 de Marzo apenas asomaba el sol en la Plaza de San Pedro, cuando la “fumata blanca” apareció frente a la congregación de feligreses que, de manera devota, se sostenían en pie ante la expectativa de conocer al nuevo ministro de la Ecclesia Romana.

 El tradicional anuncio del “Habemus papam”, ésta vez realizado por el obispo francés Jean-Louis Tauran, resonaría en la madrugada de aquél día en que por primera vez el mundo presenciaba a un jesuita latinoamericano tomar las riendas sueltas que habría dejado Joseph Ratzinger unas semanas atrás.

Jorge Bergoglio, argentino de 76 años quien presentó a finales del año pasado su renuncia como arzobispo por razones de edad, se mostró ante el mundo con una sotana blanca y pidió a los feligreses que rezaran por él, en su gestión frente al mundo católico.

A partir de ahí comenzarían una serie de mensajes simbólicos que produjeron en la prensa y la opinión pública, una nube de percepciones encontradas. Las primeras informaciones ligaban su arzobispado en Argentina como “conflictivo” por tres temas cruciales: el papel de la orden de los jesuitas durante la dictadura de Jorge Rafael Videla, la oposición abierta de Bergoglio a los matrimonios entre homosexuales, y la relación ríspida que mantuvo con los Kirschner.

Al mismo tiempo que la Santa Sede desmentía los nexos del papa Francisco con la dictadura en Argentina hace 50 años, Bergoglio saldría del Vaticano junto con los arzobispos del cónclave en el autobús en que llegó unos días antes, para posteriormente dirigirse al hotel donde estuvo hospedado y pagar sus días de estancia.

Nada de exclusividad, ni de utilizar el automóvil de lujo para trasladar al representante de Dios en la tierra, tal como lo acostumbraba hacer en su tierra natal donde se le veía frecuentemente en el metro, los autobuses y taxis para movilizarse por Buenos Aires.

De igual forma renunció al beneficio de vivir en la residencia episcopal en Argentina y optó, en cambio, por ocupar un pequeño departamento junto a la Catedral Metropolitana, donde se encargaba de preparar sus propios alimentos y realizar la limpieza de aquella morada.

Fue en la primera reunión que tendría con 6 mil periodistas de todo el mundo, que explicó el por qué de su nombre, referido a San Francisco de Asís: “Para mí es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación… Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre… ¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!”

Pero el mensaje que inauguraría su gestión como jerarca único vendría en su primera homilía, donde de forma elegante pidió a los representantes de la iglesia en el mundo ayudar a edificar de forma sensata la Ecclesia Universal -símbolo del derrumbe en que se encuentra- a través de la confesión y la honestidad (señal del poder eclesiástico que ha empañado a la institución).

Según una encuesta del mismo centro de investigación PEW, la mayor preocupación de los católicos no es por los matrimonios entre homosexuales y el aborto (apenas 2% en ambas), sino por la pederastia (el 34%). Mientras que la percepción del papel que debería de jugar la iglesia católica hoy en día (frente al reto de los movimientos evangélicos emergentes) es la reivindicación por la ayuda al pobre (27%), y la vigilancia y provisión de los valores morales (11%).

La nueva gestión papal se perfila perspicaz y escrupulosa. La tradición teológica en que se ha formado Bergoglio le permite mantenerse en la línea conservadora (por principios), pero crítica (por convicciones). La simbología franciscana reivindica al creyente. Congruencia ante todo.

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