EDUCACIÓN Y DEMOCRACIA

Que hacer electoral

Por:Lic. Jaime Rivera Aguilar

Uno de los propósitos de la educación es proporcionar a las niñas, niños y jóvenes una formación integral que aporte herramientas para ejercer derechos, para participar en los asuntos de interés común, para fortalecer su desarrollo moral y para asumir de manera responsable su papel en la construcción de la sociedad, por lo que se deberá preparar para la vida democrática, para la convivencia pacífica y su conducta basada en valores, pero sobre todo en la participación política basada en actividades y percepciones de la vida social.

El artículo 3° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos otorga todo un andamiaje de derechos relacionados a la educación y destaca sus características fundamentalmente el ser democrática y nacional.

Gilberto Guevara Niebla, en su texto titulado Democracia y Educación, publicado por el Instituto Federal Electoral en octubre de 1998 en la serie Cuadernillos de Divulgación de la Cultura Democrática establece que “en la construcción de la democracia, la educación es elemento indispensable para la formación de una ciudadanía que participe en forma libre, racional y responsable en el desarrollo de los procesos democráticos … es una tarea esencial la educación ya sea formal o informal, proveer a la población tanto del conocimiento de los principios que dan forma a la democracia, sus valores su evolución histórica, como debilidades y destrezas que estimulen su disposición a participar y a involucrarse en los asuntos públicos”.

Es evidente que lo que el autor quiere resaltar es que la educación para la democracia comienza desde la niñez, y es en este sector de la sociedad donde debemos poner todo nuestro empeño como formadores y educadores formales y no formales. Hay que hacer ver a la niñez cuáles son las razones para que actúe en determinada forma, que debe proceder por convicción y no por medio del castigo o el halago de la recompensa, por lo que la educación debe estar basada en valores, y su formación debe apegarse al principio democrático de colectividad y no del individualismo. Este principio hoy día resulta complejo por el bombardeo constante de programas y hábitos de consumo y juegos de televisión que no permitan su práctica cotidiana, pero poco a poco, con mucha persistencia, puede fomentarse el hábito de la solidaridad y ayuda mutua y la satisfacción de hacer algo bueno para los demás, para el otro, para la comunidad.

Es a través de la educación como  se hará posible la conquista y apropiación de la democracia; sin embargo es aún más importante, que sea un hábito de convertir las actitudes en virtudes democráticas, de comportamiento y de valores y una ética basada en ejercitar madura y responsablemente nuestros derechos cívicos y políticos, únicas armas posibles contra la apatía en los asuntos de la vida política y social de nuestro país.

Es así como señala Guevara Niebla… “las relaciones entre la democracia y la educación son indisolubles una no puede separarse de la otra, la fuerza de toda democracia depende de las virtudes de sus ciudadanos.

El hombre como tal debe apropiarse de los elementos conceptuales que involucren la participación y la ciudadanía, así como la democracia participativa, que se entienda la importancia de la educación y, como reafirma el autor citado, “Todo esto existe y podrá seguir existiendo en la medida en que sea enseñado, aprendido y practicado, de no hacerse, la democracia estará en peligro de decaer o desaparecer”.

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