DE PADRES A PADRES

Mujeres y Política

Soledad JARQUÍN EDGAR

A propósito del próximo día del padre…

Manuel González Flores presidente de México entre 1880 y 1884, militar conservador y compadre de Porfirio Díaz, literalmente le hizo la vida de cuadritos a su primera esposa, la oaxaqueña Laura Fernández de Arteaga Mantecón. Ella, una mujer educada que llegaría a estudiar medicina homeopática en la ciudad de Nueva York, escribió –como se dice, de puño y letra- su demanda de divorcio, argumentando adultero, malos tratos (que ahora se conocen como violencia psicológica, física, sexual y/o económica), por supuesto, para Laura Fernández de Arteaga Mantecón no hubo juez ni autoridad que se atreviera a emitir una sentencia a su favor.

Eran las últimas décadas del convulsionado siglo XIX, donde se sentaban las bases de un México que avanzaba con reformas hacia el “futuro” y donde, como pasó con las mujeres en la revolución francesa, las mexicanas y sus demandas eran simplemente desoídas o ignoradas, menos aún si se trataba de divorciarse de un presidente y pedir pensión para los hijos procreados dentro del matrimonio, como debía ser.

Hoy, más de 130 años después los escenarios no son iguales, pero esas historias del poder hegemónico patriarcal se repiten. El caso del ex presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, “don” Genaro Góngora Pimentel, calificado como “progresista” es una de las mayores vergüenzas que podemos contar, pero no es la única, lamentablemente.

Ana María Orozco, quien recuperó su libertad la noche de este viernes, es la madre de dos hijos que tuvo con el ex ministro Góngora, y fue acusada del delito de fraude genérico, luego de que ella habría cometido el delito de poner una casa (una casita) a su nombre y no al de los niños Góngora Orozco. Casa (casita) que compró con dos millones de pesos que le dio el ex ministro.

Así como Góngora Pimentel no se tentó el corazón, como decía mi querida abuela Lucha, para utilizar el peso de sus influencias y dejar sin madre a sus hijos enfermos durante largos meses, hay miles y miles de casos atravesando los juzgados de este país donde las madres peregrinan en busca de pensiones alimenticias para sus hijos. El de Ana María Orozco ya tuvo buen fin, está libre, a Góngora por lo pronto se le cayó la doble o triple moral, sin duda el reyecito del patriarcado, aunque suene a pleonasmo.

Cuando una mujer abandona un hijo, por las razones que sean y que pueden ser tan parecidas a la insoportable violencia familiar, la pobreza o porque ha decido otra cosa para su vida, es común que las notas amarillistas de los medios la llamen “¡Hiena!”, pero como me decía una amiga feminista, nadie pregunta por el padre, que finalmente es el primero en abandonar a la criatura. Y ese tipo de calificaciones pasan porque esa mujer simple y sencillamente no responde al “dictado de su naturaleza”, como si la maternidad fuera instintiva, hoy sabemos que hasta en los animales se aprende. Muestra del desequilibrio para juzgar a mujeres y hombres, es el hecho de que hoy no tenemos una palabra equivalente a ¡HIENA! (con signos de admiración y todo) para nombrar a los hombres que abandonan a sus hijos e hijas, tal vez porque les llaman ex ministros, héroes de la patria o presidentes de un país.

Y me lo preguntaba, porque estaba pensando en cómo nombrar a Enrique Peña Nieto, padre de un menor de 10 años, a quien no sólo dejó de ver hace 17 meses y por ello el niño lo extraña, como reclamaba su madre Maritza Díaz en un video presentado en YouTube el pasado lunes, sino que además, el hoy presidente de México, como Manuel González, no da ni un peso para los alimentos de su hijo menor de edad. ¿Doble moral o cinismo?

Tal parece que el caso Orozco versus Góngora da fuerza a muchas mujeres que ahora empezarán a exigir el cumplimiento de las obligaciones de los padres de sus hijos e hijas y seguramente habrá más casos de reconocidos personajes de todos los ámbitos del quehacer humano. Lo mejor sería que la ley se aplicara y bien en materia de responsabilidades del padre y dejara de haber tanta simulación y tantos dobles discursos.

Oaxaca no está exenta de estos simuladores, el hoy presidente de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca (DDHPO), Arturo Peimbert Calvo, es uno de estos modelos clásicos del patriarcado, sólo que en versión moderna. En 2002, pasó por un proceso civil que lo exhibió de pies a cabeza, cuando su primera esposa solicitó el divorcio. Peimbert Calvo se casó en diciembre de 2012, por segunda vez, en la ceremonia como sucede en las películas, nadie pregunto si había algún impedimento para celebrar el enlace matrimonial. Ese pedazo se lo saltaron, tanto el comunicador-empresario-sacerdote Padre Uvi como el mismo arzobispo José Luis Chávez Botello, quienes oficiaron la misa en el templo de Jalatlaco. Bueno, pienso que alguien debió advertirle a la feliz novia sobre el pasado bochornoso del defensor de los derechos humanos del pueblo oaxaqueño.

La que fuera su primera esposa solicitó la separación conyugal, además de la pérdida de la patria potestad de su hijo y pensión alimenticia, las causas fueron violencia familiar en sus modalidades de psicológica, verbal, física y económica (en específico por no hacerse cargo de su hijo) y adulterio comprobado. En la pericial psicológica, que está contenida en su expediente, se acredita que Arturo Peimbert Calvo tiene una personalidad conflictiva, trastornos neuróticos y de tendencias psicóticas: autoritario, manipulador, tendiente a la agresividad, pudiendo agredir física, emocional y verbalmente, falta de control de sus impulsos y hostilidad dirigida hacia el exterior…Las testigos que declararon en contra de Peimbert, ambas actualmente son funcionarias del Gabinetazo, aseveraron que maltrataba a su hijo con denostaciones públicas como “chamaco latoso”, “marica”, “putito”, “tarado”, “pareces vieja”…

Y este señor que insultaba a su propio hijo de esa manera, es el que tanto se defendió –desde la misma iglesia a través del Padre Uvi- para que ocupara la titularidad de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca. Para ello, solo hizo falta quitarlo del “piano-sofá” y ponerle un traje para que cambiara su imagen, incluso todavía se cuestiona el origen de su título universitario investigación que nos debe el hoy rector de la UABJO.

Lo cierto es que su conducta revela a un hombre macho capaz de denostar a su propio hijo utilizando un lenguaje sexista y por tanto discriminatorio. ¿Lo habrán mandado a una terapia para regenerarse y se regeneró tanto que hoy puede estar al frente de la DDHPO? Quienes atestiguaron en contra de Peimbert Calvo en 2002, también lo califican de “violento, agresivo e irresponsable”, un misógino pues.

En aquel entonces, la jueza Bertha Ruiz López dictó la sentencia: declarando el divorcio, además de perder la patria potestad y condenándolo al pago de la pensión. La jueza por supuesto basa su sentencia por violencia reitera y señala que cobra vigencia la aplicación de la Convención interamericana para prevenir,  sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, también conocida como Convención Belém Do Pará, misma que ha sido signada por el Estado mexicano, señaló la jueza.

Por supuesto, el entonces casi desocupado joven Peimbert apela la sentencia ante la Sala Superior de Justicia del Estado, pero ésta solo la confirma en diciembre de 2003, con la ponencia de la magistrada María Eugenia Villanueva Abraján.

Por cierto, llama la atención lo que señalaron al respecto el magistrado presidente de la Sala Familiar, Octavio Zárate Mijangos, y el juez Josué Luciano Amador Hernández, quienes disienten en cuanto al razonamiento de la jueza Bertha Ruiz López que invoca en su sentencia la Convención Belém Do Pará como norma aplicable al caso de violencia intrafamiliar responsabilizando al demandado Peimbert Calvo.

Según ellos, esta aplicación violenta el principio de legalidad y seguridad jurídica invocada por el artículo 14 de la Constitución mexicana. Ni duda hay, lo que exhiben el magistrado y el juez es una enorme ignorancia y su desprecio a la Convención por las razones que usted imagine y lo peor para las oaxaqueñas es que Zárate Mijangos sigue ahí, presidiendo la sala familiar del Tribunal Superior de justicia.

Con esta resolución Peimberg Calvo nuevamente promueve un amparo ante la justicia federal que es resuelta en mayo de 2004 por el Tribunal Colegiado de Circuito y de nueva cuenta se confirma la resolución de la jueza Ruiz López que otorga el divorcio, la pérdida de la patria potestad y determina la procedencia de la pensión alimenticia.

En suma, lo que vemos es que Manuel González, como héroe, sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres; Enrique Peña Nieto en medio de tanta felicidad que ahora posee se olvidó de pasar una pensión y de ver a su hijo, aún cuando residen en el mismo lugar, a pesar de todo es hoy el presidente de México y Arturo Peimbert Calvo, a pesar de su conducta machista, misógina, patriarcal y bastante androcéntrica es hoy el titular de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca.

Su elección no fue sino resultado de otra simulación, donde quienes intervinieron se reflejan en el “ombudsman” de Oaxaca: diputados locales con una cola enorme que les pisen, el poder patriarcal del doblemente “padre” (padre de familia y padre de la iglesia católica) Wilfrido Mayrén y por supuesto del muy convencido gobernador de Oaxaca. Eso explica ampliamente por qué estamos como estamos en materia de Derechos Humanos. Es como pretender que un burro toque la flauta.

Para no dejar pasar…

Y ya que hablamos de misoginia, ¡qué tal! con los perredistas que no se midieron y de nueva cuenta excluyeron a las mujeres en las planillas para concejales que integraron junto con el PAN y el PT. De nueva cuenta la discriminación se notó. En los otros partidos llama la atención tanta disciplina partidista de las mujeres, porque a diferencia de algunas perredistas –no todas- ellas no dijeron nada. Simplemente aceptaron ser excluidas. No cabe duda, hay mucho por hacer en materia de los derechos políticos de las mujeres a casi 60 años del voto.

Ayer, convocados por organizaciones no gubernamentales muchas personas demandaron justicia en el caso Dafne Denis asesinada hace ya dos meses y cuyo presunto asesino es la hora que no rinde su declaración, pues bien sólo hay que decirlo, en este 2013 un total de 31 mujeres han sido asesinadas en cinco meses, lo que equivale a más de seis mujeres por mes y la suma acumulada durante el actual gobierno estatal ya alcanzó la indignante cantidad de 204.

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