EL VOTO FEMENINO EN MÉXICO

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*Dra. Ma. Rosario Arellano Valadez

En el marco de la celebración del 60 aniversario del voto de las mujeres en México el Instituto Federal Electoral invita a reflexionar desde la dimensión contemporánea sobre aspectos que refresquen y mantengan viva la memoria colectiva para seguir construyendo; Alejandro Moreno plantea, de entrada que de todos los actores en la incipiente democracia mexicana, el votante es el más importante, la lucha de las mujeres por hacerse visibles y obtener el voto ha sido una lucha ardua y muy larga, pero la obtención del derecho al voto ha sido en sí misma una de las reivindicaciones más importantes y emblemáticas de la lucha de las mujeres.

México vivió momentos históricos al hacer realidad el voto femenino el 6 de julio de 1958, así quedaría evidenciado en las urnas como una etapa trascendental de la vida democrática y la historia de nuestro país que tradicionalmente católico, abriría sin embargo, nuevos horizontes a los espacios de realización de las mujeres. En ello, se cristalizó el ideal universal de la democracia que para el caso de las mujeres se había pospuesto al decir de los ideales de la revolución francesa de 1789, aunque estos ideales revolucionarios de Francia estaban referidos solamente a los hombres y así lo expresa el propio título de la declaración emanada de la asamblea nacional revolucionaria Francesa “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” (Sosa. T 2013).

Esta declaración tuvo respuesta por parte de Olimpe de Gouges, quien expresó que no se consideraba a las mujeres, que no estaban contempladas, el propio nombre así lo evidenciaba y en 1791 redactó en complemento “La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” que como lo dice Teresa Sosa, no tuvo éxito pero si la llevó a la muerte en la guillotina en 1793 (Sosa T 2013).

Para nuestro país y como consecuencia de la revolución mexicana (1910-1917) fue la formación de una arena política renovada, en la cual el feminismo de corte liberal adquirió una dimensión política; hombres y mujeres y algunos dirigentes estaban convencidos de que el espíritu de regeneración social de la Revolución tendría que abarcar también, la condición de las mujeres (Cano, G p. 301, 1993). Dentro de las expresiones constitucionalistas destaca Hermila Galindo allegada a las altas esferas del poder revolucionario quien en 1916 presentó la demanda del sufragio femenino ante el congreso constituyente (Cano G 1993). Sin embargo ese privilegio estaba destinado solo al sexo masculino, pues a la mujer solo se reconocía su derecho ciudadano de ocupar cargos o comisiones públicas, el de asociarse con fines políticos, derecho de petición aun el de tomar las armas en defensa de la República, (Cano G 1993), pero el de el voto no; no se reconocía la capacidad de las mujeres para expresar de manera libre su voluntad, sus aspiraciones de ser reconocidas como mujeres con derechos y con capacidad para elegir a sus gobernantes, se les veía como una extensión del marido para el

caso de las mujeres casadas, de dependencia y sometimiento a las decisiones del padre para aquéllas que no lo estaban.

En ese peregrinar de las mujeres por la obtención y el reconocimiento de su derecho a votar, en el año de 1937 Lázaro Cárdenas envió una iniciativa de reformas al artículo 34 de la constitución que permitiera al amplio sector femenino ejercer el sufragio, la iniciativa fue aprobada por ambas cámaras y por las legislaturas de los estados, faltando solo el computo y la declaratoria prevista en el procedimiento constitucional. Pero la propia familia revolucionaria decidió no concluir el trámite legislativo, argumentando que el voto femenino podría verse influenciado por los curas. (Rosas.A, 2013).

Con este acto, se obstaculizó la participación plena de las mujeres en la vida democrática de México como Nación. No fue sino hasta que Miguel Alemán fue ungido para ocupar la silla presidencial, y no solo no retomo la iniciativa anterior, sino que presentó la suya, sin embargo esta iniciativa no fue suficiente para impulsar el voto femenino en todo el territorio Nacional y en diciembre de 1946 mostró su generosidad al presentar una iniciativa para que las mujeres votaran en elecciones municipales. En una de las primeras jornadas electorales realizadas en Chiapas a finales del año , la mujer mexicana finalmente ejerció un derecho injustamente negado por décadas (Rosas A 2013); este avance en el ejercicio del voto de las mujeres, fue violentamente reprimido y María Herrán activista y defensora del “sufragio efectivo” murió (Rosas A 2013).

Tras una serie de adversidades históricas y obstáculos políticos/sociales, mediante decreto publicado un 17 de octubre pero de 1953 queda establecido y se reconoce el derecho de las mujeres a votar y a elegir a sus autoridades en todo el territorio nacional, las mujeres votaron por primera vez en julio de 1955 en elecciones federales a fin de integrar la LIII Legislatura del Congreso de la Unión (Rosas A 2013). Finalmente el Siglo XXI será lo que las mujeres y los hombres de hoy en día y las generaciones futuras hagan de él, en una alquimia que no puede aislar las relaciones de sexo de las otras relaciones humanas (Duby 1993).

*Consejera Ciudadana

Instituto Federal Electoral

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