“Ciencia de la implementación”, la más necesaria

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México, D.F.-Cuando la premio Nobel de 2008 Francoise Barré-Sinoussi dijo que el desarrollo más importante en beneficio de la humanidad que se puede (y debe) hacer es el de “avanzar en la ciencia de la implementación” no todos entendieron a que se refería, o no lo suficiente como para dimensionar lo que la científica estaba diciendo.

Barré-Sinoussi formó parte del panel de discusión con que terminó la 64 Reunión de Premios Nobel en Lindau, y fue presentada por el moderador del panel de discusión, Geoffrey Carr (editor de ciencia de la revista The Economist) como “la persona entre nosotros (los presentes en el panel) que más ha hecho en beneficio de la Humanidad”, ya que el premio Nobel de Medicina se le concedió a la francesa por participar en el descubrimiento del Virus de Inmunodeficiencia Humana, o VIH por su sigla en inglés. A la sesión asistieron jóvenes científicos de distintos países del orbe, entre ellos varios de México, enviados por la Academia Mexicana de Ciencias.

La científica francesa, además, ha seguido muy activa en el desarrollo de tratamientos que a la fecha permiten si no curar al menos sí controlar el desarrollo del SIDA, “el número de vidas que ha colaborado en salvar de esta manera es verdaderamente maravilloso. Si tuviera un sombrero me lo quitaría ante usted”, le dijo Carr.

El resto del panel estaba formado por Georg Schütte, Ministro Federal de Educación e Investigación de Alemania; Brian P. Schmidt, premio Nobel de Física; Ghada Bassioni, quien encabeza el departamento de Química en la universidad Ain Shams de El Cairo, y Charles Mgone, director de la Asociación de Pruebas Clínicas de Países Europeos y en Desarrollo.

Actualmente, Barré-Sinoussi trabaja tanto en el desarrollo de una cura que erradique por competo el VIH, como en la “ciencia de la implementación” del tratamiento de este mal. Y a la pregunta, que se le hizo a todos los panelistas de “Cuál sería el desarrollo científico que más podría beneficiar a la humanidad” se refirió a la ciencia de la implementación en general, para poder aplicarla a cualquier cura o tratamiento en cualquier población.

Con ello, aportó una conclusión general a la reunión que durante una semana reunió a 36 premios Nobel en la ciudad de Lindau para discutir con jóvenes investigadores de todo el mundo sobre el futuro de la Medicina, entre otros temas.

Implementar, el paso decisivo

Para explicar qué es esa ciencia de la implementación se pueden tomar diversos ejemplos del debate, tanto de países desarrollados y ricos como de los llamados en desarrollo, que permitieron a los alrededor de 600 jóvenes de cerca de 80 países comprender el concepto y su importancia.

Una joven investigadora de la universidad de Heidelberg hizo la pregunta: “¿No necesitamos dos tipos de ciencia médica? Se pone demasiado dinero en la investigación biomédica básica, para proyectos como para encontrar los genes de la obesidad, pero ¿(la obesidad) no tiene más que ver con la disponibilidad de comida nutritiva que con los genes? Puedes tener la vacuna contra la malaria o los antibióticos, pero si no le llega a los niños se van seguir muriendo de enfermedades curables. Y esa ciencia no tiene tanto dinero, está siendo relegada.

“Estoy totalmente de acuerdo, esa es la razón por la que mencioné la ciencia de la implementación como la más importante”, dijo Barré-Sinoussi. En esa ciencia los biomédicos, antropólogos, economistas, sociólogos deben tratar de encontrar la mejor forma de llevar los beneficios de los desarrollos científicos, no sólo los médicos, a las poblaciones.

Charles Mgone comentó que hay dinero para la implementación en fondos globales, “pero está subutilizado porque hay muy poca gente que sea experta en este campo. Pero lo hemos reconocido y estamos poniendo dinero y estímulos […]así que sí espero que pronto podamos presentara avances en el tema”.

Un par de entre muchos casos concretos

Ejemplos de dónde se podría aplicar la ciencia de la implementación abundan. Como en Botswana, donde el 30% de la población está infectada con VIH, y muchos de ellos, que podrían aplicarse el tratamiento y no padecer SIDA, no lo saben porque no se hacen el diagnóstico.

Una joven de la Academia China de Ciencias comentó que han desarrollado un arroz transgénico que tiene tres veces la productividad del arroz normal, pero no se puede usar, “¿cómo podemos convencer al gobierno?”, preguntó al panel.

Mgone comparó el problema del temor a los transgénicos con el miedo que se desató en Inglaterra por una vacuna por un estudio que estaba mal hecho.

No es sólo la cuestión de la seguridad, dijo Schmidt, es también que hay quienes dicen “cómo vas a liberar cosas que no fueron hechas por la naturaleza; en realidad no puedes controlarlas”. Pero lo que creemos que es aceptable cambia dramáticamente con el tiempo… Cuando tienes gente que se muere de hambre la ética del tema cambia dramáticamente”.

Georg Schütte comentó que ha participado y dirigido una multitud de discusiones sobre organismos genéticamente modificados (OGMs) en Alemania. En una reunión, recuerda, sobre seguridad alimentaria, “la pregunta era cómo vamos a alimentar a los 9 mil millones de personas que habrá en el mundo en 2050, y hubo un consenso de que se deberían usar todos los métodos posibles de crecer plantas.

“La siguiente sesión fue sobre seguridad de las pruebas con OGMs a campo abierto. Gran debate, pese a que hay estudios por 10 años que muestran que no hay evidencia de que estas pruebas sean peligrosas, pero los oponentes dicen que no ha sido el enfoque adecuado, que hay que tomar un enfoque más sistémico, que es más difícil de medir y (la discusión) terminó en el limbo.

“No son sólo los políticos los que están en contra de los GMOs, al menos en Alemania y Europa, es en mucho una reflexión de la opinión pública y en Alemania decidimos que no podemos seguir combatiendo esta percepción del público, sin importar cuán racional o irracional sea, de alguna manera nos rendimos y la investigación sobre tansgénicos salió o está saliendo de Alemania para ir a otros países”.

Pero, agrega Schütte, “la pregunta permanece: ¿Cómo vamos a alimentar a 9 mil millones de personas para la mitad de este siglo? Y necesitamos todas las respuestas. Hay quienes las buscan la agricultura orgánica, en disminuir la pérdida de cosechas, en la cadena de distribución global y otros que hacen investigación básica sobre transgénicos”, concluyó el ministro.

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