Gobernabilidad estilo FIFA

Agenda Política

Gabriel Contreras Velázquez

Para poder entender una parte del modelo de estado laico y democrático que hoy vivimos, ya sin residuos de nacionalismo (cuya lógica interna es semejante a la de las religiones), mismos que se desprendían conforme las guerras mundiales mostraban el precio de la radicalización de los discursos, los economistas del siglo 20 se internaron en la discusión (grosso modo) acerca de qué tanto el estado como institución de gobierno debía de intervenir en la economía, y qué tanto la economía debía de regirse por sus patrones de oferta y consumo.

De entre sus exponentes John Keynes es quien ofrecía un margen de acción importante al gobierno en cuanto regulador de la actividad económica y financiera entre particulares (y de acuerdo a esta idea el presidente Obama trazó la retórica con la que buscaría asimilar la recesión económica de 2008 en adelante); mientras que Milton Friedman daría argumentos sólidos a los neoliberales del siglo pasado para sustentar la idea del mercado autorregulado, y vigilado en menor medida por las instituciones operantes del presupuesto público, y estructuradas por los recursos de la tributación.

Ninguno de los modelos expuestos por economistas como los antes mencionados, alcanzan hoy en día a dibujar la imagen compleja de las relaciones de producción. El caso de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA por sus siglas en francés) visto a través de este tamiz es por demás interesante, ya que siendo un organismo regulador de esta disciplina atlética a nivel mundial, también es una marca registrada que maneja alrededor de 3 y 4 mil millones de dólares al año, para su operación como rector del deporte como estilo de vida y como actividad comercial; con una mayor visión empresarial que le imprimiría el brasileño Joao Havelange a partir de la década de los 70.

FIFA ha pasado de ser un órgano rector facultado por el conjunto de sus federaciones y confederaciones integrantes para tomar decisiones sobre la disciplina futbolística (los estándares y reglas del juego que deben de seguirse a nivel mundial, la participación ética en el mismo, las condiciones físicas óptimas de los espacios en que se realizan los encuentros, la vigilancia del arbitraje, la conciliación de los conflictos al interior de los organismos locales de fútbol, etc.) a uno donde el activo más importante no es la observación del atleta y las justas deportivas, sino los rendimientos comerciales que ofrecen algunos jugadores cuando los patrocinadores apuestan por sus cualidades frente al espectador, quien funge como el principal consumidor de publicidad una vez que se identifica con los modelos que el marketing vende.

La gran disyuntiva de ser una institución reguladora de una disciplina a nivel internacional, con una estructura propia, y generadora de su propio marco normativo (sin existir mayor interés legal que el que se dirime entre particulares), es depender de la opinión pública y los ratings de las señales de televisión restringidas, como abiertas (espacio que habita el consumidor). Es por ello que esta

suerte de organización público-privada resulta un fenómeno de interés en la economía global (su director, Joseph Blatter, ha tenido oportunidad de reelegirse 4 veces desde 1998), ya que esquiva los dos modelos político-económicos preponderantes en el mundo contemporáneo: el de mayor regulación del estado sobre mercado, y el de regulación mínima para dar paso a la autogestión del ciclo económico.

En una sola pregunta se cristaliza la capacidad de maniobra e influencia de esta institución multinacional: ¿quién vigila, arbitra, juzga y regula al vigilante, árbitro, juez y regulador?

¿Qué nivel de credibilidad le otorgaríamos a un organismo que se encarga de investigar los problemas de corrupción en su interior, sin necesidad de participar de una fiscalización ajena a su propia organización? Ahora bien, si un ente ajeno llegara a regularlo ¿qué nivel de politización se establecería entre estos dos, cuando la influencia (presión) económica y política que ejercen los patrocinadores de la disciplina es mayor que la que ofrece el juez independiente?

Las investigaciones periodísticas sobre corrupción al interior de la FIFA, que realizaron distintos medios de comunicación ingleses, entre los que destacan The Telegraph y The Sunday Times (debido en parte a que su país no fue tomado en cuenta para participar como organizador de próximos mundiales), apuntan desde 2011 a la compra de votos para la selección de sedes.

La mayor evidencia hasta ahora encontrada, fue dada a conocer por el diario francés France Football como “El Qatargate”. Dos elementos son clave: la compra de representantes caribeños (40 mil dólares por cabeza) por el asesor catarí Mohamed Bin Hamam, para influenciar el voto por el país del medio oriente. Y el más reciente, con el supuesto acuerdo exclusivo de importación de gas licuado de Catar a Filipinas, como incentivo para los delegados de este otro país… Y Blatter busca reelegirse.

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