El PAN y la razón “ad hominem”

Agenda Política

Por: Gabriel Contreras Velázquez

Zacatecas, Zac.- Que si Elba Esther Gordillo fue un producto del PRI; que si el Estado Mayor presidencial erogó los costos (en millones de pesos) de seguridad personal y logística en las giras de proselitismo de la ex primera dama, Margarita Zavala, cuando pretendía postularse como presidenta de Acción Nacional a inicios del 2015; que si “Chabelo” Trejo ganó hasta hace una semana, en promedio, medio millón de pesos por su labor política para beneficiar al grupo de Maderistas en aquél partido; que si (otra vez) Chabelo Trejo, Luis Alberto Villarreal y Ricardo Anaya, ex coordinadores de bancadas albiazules malversaron alrededor de 660 millones de pesos de subvenciones ordinarias y extraordinarias en la actual Legislatura; que si (otra vez) Ricardo Anaya debe explicar a sus pares el destino de 35 millones de pesos por concepto de “bono de fin de Legislatura” que aún no les depositan en San Lázaro; que si en la última elección federal Gustavo Madero llevó al partido a descender en un 5% su intención de voto, cayendo hasta el 21.02% de preferencias nacionales, con un padrón de militantes de dudosos números de afiliación; y que si a todos ellos el gobernador poblano, Rafael Moreno Valle, los mantiene con marcaje personal mediante espionaje político con miras a facilitar su candidatura presidencial en 2018, son apenas algunas muestras (en un par de semanas) de entretenimiento y juego sucio al que ya nos tiene acostumbrados ese (por decirlo de alguna forma) “partido político” en su (por llamarlo de alguna manera) “proceso de renovación” de su (por ponerlo en términos prácticos) “dirigencia nacional”.

Cual hábito (en su connotación religiosa), Acción Nacional acude a “refrescar” sus filas mediante los golpes mediáticos a muerte. Si la “disciplina de partido” resulta letra estatutaria de aquél espectro de, más que grupos políticos, bandadas de políticos sin consideración ni recatamiento católico, moral y/o ético (presumida doctrina interna), claro está que una parte de su ideología y principios se perdieron en estas últimas décadas donde intentaron probarse el saco del poder presidencial mexicano.

Hoy tenemos un Acción Nacional que no se antoja nada distinto, pero sí menos organizado, que el partido al que tienen por obligación (también moral y ética) criticar (no siempre con razonamientos), pues la tradición (principio fundamental de su desarrollo político) gestó esta dicotomía trágica cómica de reclamar el puesto original de “víctimas” del partido único, en el México del siglo 20.

Su militancia, sus funcionarios, sus representantes, líderes y bandadas internas, no parecen siquiera reconocer, además, la ideología del “humanismo político” (muy cercana a la interpretación desde la Doctrina Social de la Iglesia). Manuel Gómez Morín, Luis H. Álvarez, y Manuel Clouthier “Maquío”, son figuras poco (y mal) leídas, para un partido que no carece de una herencia cultural e histórica, en el ámbito político.

No, al PAN de hoy hay que verlo desde los subrepticios (cada día más ensanchados) del pragmatismo político impuesto por los gobiernos tecnócratas de Miguel de la Madrid, hasta el sexenio actual, con Peña Nieto. Sin instituciones nuevas qué ofrecerle a la realidad política, sin nuevas prácticas y símbolos políticos consistentes y trascendentes, el mito de la alternancia, a inicios del siglo 21, los acercó cada vez más a su némesis. Incluso el PRI ha logrado arrebatar al PAN el modelo económico de país, hacia una apertura (de parcial a total) del Estado a la inversión privada.

¿Qué tendría que ofrecer entonces un partido cada día más anacrónico en sus prácticas y muy ajeno sus principios, cuando su programa de gobierno fue bien traducido al ámbito del partido del Estado?

Es pregunta que ni siquiera sus correligionarios quieran o busquen debatir. La autocrítica no ha sido tampoco uno de sus legados. Por el contrario, el escándalo ha sido su mejor canal de comunicación cuando los consensos internos están muy lejos de ser una realidad. Reflejan con ello no sólo la escasez de lectura política, sino la perversión para reclamar a sus iguales algo que por “derecho” (desconózcase cuál) se creen obligados a obtener.

La corriente Calderonista reclama a los Maderistas ser súbditos del poder presidencial, cuando ellos mismos jugaron con las reglas excepcionales que ese poder unipersonal ofrece. No tienen en la mesa un modelo nuevo de país, sólo uno donde se distribuye a otros interesados los ingresos de la apertura comercial.

La del follón, y no otra, es la tradición de lucha interna en el partido de los católicos mexicanos del siglo 21. No resulta raro pues, que los dineros y su repartición tienda a ser el objetivo primordial de sus bandadas políticas.

El país no fue muy distinto en dos sexenios panistas, pero sí es distinto el salto cualitativo que dio el partido en su origen a su lamentable presente, donde la razón “ad hominem” es piedra angular.

 

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