No es inocencia, es desesperación

Agenda Política

Por: Gabriel Contreras Velázquez

Pedro de LEONZacatecas, Zac.-Pedro de León Mojarro se ha mostrado incómodo, arrinconado, estremecido, desesperado. Apenas había circulado la foto del senador Alejandro Tello con el dirigente nacional de su partido (PRI), Manlio Fabio Beltrones, el pasado viernes por la tarde, cuando entre sus colaboradores la confusión -no por ingenuidad- abundó.

Dejaban más en claro -inmersos en su desconcierto- que Pedro nunca tuvo futuro real en la ruta a la elección de la candidatura del Revolucionario Institucional; que la relación con el gobernador sufría de pasadas rupturas acumuladas y acentuadas una vez entrados en ese tramo político electoral; y que apostaban a que el Comité Ejecutivo Nacional valoraría sus múltiples apariciones y eventos –emulados- para “promocionar su imagen” y “posicionamiento” a la hora de las definiciones.

El ex funcionario federal, en entrevista con un medio local en la que desahogó el aturdimiento, acusaría a funcionarios locales (por comisión) y a Miguel Alonso (por omisión) de no generar las condiciones de equidad (“cancha pareja”) en el proceso de designación de candidaturas hacia la elección del 2016 en Zacatecas.

Y fue más transparente aún al desmarcar de la operación, por ahora, a su partido (sólo “un grupo”, dijo), apuntando las culpas únicamente hacia el gabinete estatal y quien lo conduce.

No es la primera vez que ese tipo de incriminaciones van en la misma dirección. Lo fueron en su momento en voz de Arturo Nahle y de Adolfo Bonilla, recién “destapado” Tello.

Sobre la falacia de la “imposición”, concepto meramente retórico que se ajusta al escenario que más conviene en su campaña, de León Mojarro sabe antes que nadie que los consensos son los que concretan las candidaturas, y que incluso buscando dichos consensos al interior de su partido debería primero de generar estrategias -no conferencias- para convencer de su “gran coalición” al elector priista que no se identifica con ninguna otra fuerza política.

Anticipa el ex dirigente estatal del PRD, que la centralidad de su razonamiento es que quien no se incluye “se excluye”. Sin mucha profundidad ni contexto. Pues bien, esa militancia a la que (él dice) se debe de privilegiar para elegir a “su candidato”, y porque así lo acordó él con el líder máximo nacional, es a la que debería persuadir de invitar a su propia casa a otras propuestas menos acordes a su pensamiento, práctica, programa, principios, etc.

Ahora que, en caso remoto de tener esa oportunidad para inducir al votante priista hacia la “gran coalición”, y el votante no mostrase sensibilidad por su visión de “poder más”, pues siempre hay un segundo escenario: la repartición de compromisos en espacios tanto en gobierno, como en cargos de elección popular, rompiendo con la estructura priista, pero guardando puntos de unión en donde los intereses no generen un distanciamiento total.

O séase que en el peor de los futuros -muy cercano- de León se prepara para una candidatura –hipotética- con una estructura de remanentes de partidos, y con el incentivo central de repartir espacios -aunque a nadie ha asegurado nada-; pese a que el ilustre Pedro se empecine en negar esa versión de su proyecto.

El escenario ahí dispuesto se ve muy complicado, y aún hay que agregar otros elementos: no existe distanciamiento ni ruptura con los Monreal (“sólo nos faltaba eso” espetaba de León en alguna reunión), y su activismo en la Ciudad de México, para tratar de convencer a los Comités Ejecutivos Nacionales del PAN y del PRD de tomarlo en cuenta para 2016 son noticias que sus propios cercanos han dejado caer en diversas columnas políticas locales.

¿Dónde queda pues la unidad y la concordia que Manlio Fabio pediría toda a la militancia priista –del tipo que sean- en su última visita al Esado, esa misma que pide se respete? ¿Dónde queda la disciplina de Pedro de León dentro de ese partido? ¿Dónde su lealtad? ¿Dónde sus principios? ¿En su libro? ¿En sus proyectos? ¿En sus entrevistas? Porque lo más claro, hoy, en los momentos que escribo esta columna, es que Pedro al no querer “ser inocente” (una más de aquella entrevista) muestra total desesperación cuando ve que su hipotética candidatura se hace aún más pequeña y más lejana.

Tenemos entonces al primer perfil, con “acuerdos”, grupos, lazos de interés, seguidores, dibujando todas las características de un contendiente que busca la ruptura interna. Más vale que tenga gestiones avanzadas para acomodarse en algún partido, como Miguel (con buenos activos y suficiente apoyo) haría lo propio en 2010.

Al final, si decide romper con el PRI, será culpa –según él- de Miguel y nadie más.

De paso que nos aclare un poco sobre los rumores de corrupción en el sexenio. Ya nos adelantó el inocultable favoritismo del gabinete y el gobernador por la candidatura de Tello. Algo debe haber de inocultable en los rumores sobre corrupción.

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