No rendirse: lección número uno

Por: Sara Lovera

Sara-LoveraSemMéxico.- El 13 de enero comenzaron en Mérida las jornadas para recordar el Primer Congreso Feminista en México sucedido en 1916. Un siglo después las mexicanas harán, todo el año, un balance, porque en aquella ocasión fue la primera en que en un papel se pusieron demandas modernas para el bienestar de las mexicanas.

La conmemoración incluirá ir a los pueblos antiguos henequeneros o traer a Mérida a figuras internacionales para discutir el valor del conocimiento entre las mujeres.

Ahora toca darse cuenta lo que significa un siglo de cambios y donde no hay cambio. Estoy segura que puede haber personas que ahora están leyendo pensando que parecemos disco rayado porque seguimos hablando de los derechos de las mujeres en el siglo XXI, cuando ya tenemos muchas cosas, como la igualdad en la Constitución y también la paridad electoral y otras y leyes.

Lo que no tenemos es conciencia. Lo que no tenemos es suficiente conocimiento de cómo lacera la vida mantener la desigualdad entre hombres y mujeres; qué efectos espirituales y físicos tiene esta desigualdad en la vida de millones de mujeres y también de hombres; de qué tamaño es la desgracia, por ello se banaliza el asunto de la desigualdad y hay quienes suponen que exageramos.

Las mujeres de 1916 fueron muy valientes. Más que un recuerdo romántico me gusta pensar en ellas como adelantadas a su tiempo. A Mérida ese 13 de enero, Hermila Galindo mandó un discurso que tuvo que leer un funcionario de la secretaria de educación del gobierno de Venustiano Carranza, porque era absolutamente transgresor.

¿Saben por qué? Era 1916 y porque las buenas conciencias no querían escuchar que las mujeres somos libres y que podemos decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra maternidad. Las buenas conciencias en Mérida en ese año no querían hablar de educación racionalista ni de libertad a secas, la que permite tomar decisiones sin preguntar. Hermila Galindo representaba eso. Era una mujer moderna que sabía que una revolución tenía que traer cosas nuevas y cambios para las mujeres.

Ahora a quienes como robots festejan, bueno celebran con aplausos, sin saber el dolor que pudo sentir Elvia Carrillo Puerto por las esclavas de las haciendas henequeneras, ni entender el dolor de estómago de maestras por la ausencia de las niñas en la escuela ya que sus padres no las dejaban ir; tampoco importa, porque no hay costumbre del valor histórico, el hecho de que antes del Congreso, se había inaugurado en 1870 una escuela para niñas por la poeta Rita Cetina Gutiérrez.

¿Quién puede imaginar el tiempo que les llevó a las congresistas llegar ahí? Para hablar de la necesidad de que hubiera educación para las niñas, para todas las niñas, un valor que todavía hoy no se entiende en su profundidad.

Hoy estoy convencida de que el conocimiento abre puertas, señala caminos, hace posible razonar, decidir, amar, comprometerse, sentir, disfrutar la vida, el paisaje, una pintura, una partitura. Conocer se vuelve un asunto como la comida, es vital. Si a conocimiento se suma sensibilidad entonces hay deseos y esperanzas,   horizonte y a veces también puede ser el principio de la sabiduría.

¿Quién en su sano juicio? Podría decir que no fue ese un tema fundamental en el Congreso Feminista de 1916, aunque no hayan llegado a un acuerdo sobre el voto ciudadano; aunque mucho después, unos ocho años, las mujeres de Yucatán enarbolarían el derecho no sólo a votar y ser votadas, sino a decidir cuándo y cómo tener hijos. Y fue en Yucatán donde se aprobó el Código Civil de la modernidad.

Examinar hasta donde esta semilla llegó a fructificar o quedó segada por el pensamiento conservador, es muy importante. Y es eso lo que se hará.

Por otro lado no podemos pedir peras al olmo, como dice el dicho, tenemos que saber que el deseo de poder, deseo por lo demás legítimo, es primo hermano de la ignorancia y la superficialidad. Quién sólo piensa en el poder, no puede acceder a la erudición.

Y es que el conocimiento y la erudición llevan a cualquier persona a cuestionarse sistemáticamente sobre el ser y la nada. A formular preguntas todo el tiempo, a aprender y aprender, lo que llena de dudas el cerebro y la conducta. El deseo de poder no, nada, sólo necesita pragmatismo, una porción de habilidad y una cierta cantidad de ética. Con ello sería suficiente para tener algunas buenas funcionarias, algunas inteligentes diputadas y senadoras. También algunas dirigentes exitosas. Pero no podemos pedirles más.

Me dijo una mujer que tiene receso en la política, y se ha dedicado a la erudición, que las cosas de historia, el corazón y la mente que vibran con los descubrimientos históricos o las mentes que sueñan en esas mujeres como Hermila Galindo, no pueden perder el tiempo en la cosa pública o en la publicidad. Están metidas en los libros.

También son mentes necias, que amanecen pensando cómo Hermila Galindo iba de un lado a otro con el silabario de la Constitución y el manual de la libertad y los derechos de las mujeres, en ferrocarril y luego en carreta, mula o cualquier otro transporte, durante horas hasta llegar con esas mujeres que esperaba que la escucharan y que luego leerían colectivamente su revista.

De eso se trata este 1916 de ir hilvanando lentamente qué nos pasó en un siglo. Como fue que nos convertimos en mujeres modernas y como aún no nos hemos desecho de algunos prejuicios. Por eso Hermila Galindo es tan vigente y fue tan adelantada.

Hermila Galindo era de Durango, estudio en la Escuela para señoritas de Artes y Oficios, donde se aprendía entre otras cosas contabilidad, historia y geografía. Fue secretaria de Venustiano Carranza y creó una revista “La Mujer Moderna”, fue a muchas ciudades, pueblos y rancherías a defender el Constitucionalismo y los derechos de las mujeres.

Se presentó al V Distrito del D.F., en 1918. Alegó con el Congreso sobre los derechos de las mujeres. Dejó la vida pública poco después de que en 1920 asesinaran a Carranza. Empezaba esa lamentable costumbre de calificar a las personas por sus adhesiones políticas, afectivas o familiares. Era carrancista, la eliminaron las otras.

Ojalá muchas mujeres y también hombres leyeran a Hermila Galindo.

En Mérida continuarán las actividades. Dentro de unos días habrá un encuentro internacional sobre la Economía del Conocimiento y la Innovación, un gran tema ligado a la Siempreviva de Rita Cetina, como lo sería si hubiera un encuentro de seguridad o de filosofía. Las maestras de la Siempreviva fueron unas sabias que así como enseñaban geografía física, enseñaban literatura y teneduría de libros. Asuntos desconocidos aún.

Pero al mismo tiempo ahora hay millones de personas que esta semana se enteraron que hubo un Congreso Feminista en 1916, gracias a algunas cadenas de televisión y a pesar de todas las noticias tradicionales de malvados, guerras, apresamientos y otras tan comunes y vulgares.

Igual se enteraron que se puso en letras de oro el nombre de una combatiente sin igual, fantástica, que a los 13 años se casó y a los 14 tuvo su primer hijo, digno ícono de la campaña para eliminar el embarazo en adolescentes que frustra a miles de niñas.

La niña Elvia Carrillo Puerto, también yucateca. Ella además enviudó antes de los 30 años, se desarrolló hasta más allá de sus 80 primaveras, plena, vigorosa, necia, inteligente, como varias feministas de los años 70 que ya brincaron la séptima década de su vida y que no se rinden. Quieren a las mujeres, ahora no sus hijas, sino sus nietas: libres, alegres, felices, sanas, inteligentes y con éxito. Por ello no se rinden, ni se llenan de odio, sino de amor.

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