Distractores vs Contundencia

Por: Gabriel Contreras Velázquez

Alejandro Tello 02Zacatecas, Zac.-La campaña de Alejandro Tello puede convertirse en una espiral viciosa sino logra transformar en los hechos su condición política. En el discurso él puede jactarse de ser honrado, sencillo, sincero, trabajador, humilde, pero ninguna de esas características tiene hoy un crisol dónde contrastarse.

No le ha tocado ser gobierno. Ha participado de las decisiones gubernamentales, únicamente como un operador, conforme la línea oficial se lo ha señalado (tanto en el Senado como en los primeros años del sexenio de Miguel Alonso).

Su única ventaja, hoy, es conocer de fondo el ritmo y vicisitudes de una campaña política. Sin embargo, todos sus probables candidatos también están familiarizados, desde distintas trincheras, con el trabajo electoral.

Por ello, el senador con licencia no debe recargar más sus activos (humildad, sencillez, trabajo, etc.) como soportes de su campaña. Tal vez pueda ayudarse de ellos unas semanas más, con la única finalidad de ganar tiempo para prepararse a enfrentar su condición de posible gobernante.

Me explico. Tello hasta ahora es únicamente un producto y una mercancía electoral. Puede adornar vistosamente su carcasa con la idea de que no es un político como “los de siempre”. Que “las mismas caras salen caras”. Que no permitirá la corrupción, que aceptará sus errores, que dialogará y que incluirá.

Pero tiene encima decisiones trascendentales que si no resuelve en el tiempo que comprará vendiendo las cualidades por las que se considera “un político distinto” en lo que resta de la precampaña y en el periodo de receso antes de la campaña, difícilmente podrá darle vida, realidad y pertinencia a su postulación. Sí, podrá ganar, pero su legitimidad como gobernador se verá minada por la falta de contundencia ante las decisiones políticas.

Él es el único candidato que se verá más afectado por la desgastada imagen de su compañero de infancia, ante constantes y crecientes rumores del uso indebido de recursos para mejorar las condiciones de vida de sus más cercanos (su familia).

Tello deberá, por ejemplo, justificar o deslindarse -y castigar- la lúcida y envidiable capacidad de Juan Alonso (hermano del gobernador) para convertirse en un distinguido empresario del ramo inmobiliario del vecino estado de Guadalajara –coincidentemente- en este sexenio, apoyado únicamente de las ganancias de su modesto negocio de venta de adornos florales. Aunque suene a sarcasmo, pero no hay otra forma de poner las cosas en todos los negocios en que el tal Juan tiene una mano.

Eso apenas como aperitivo. Si quiere darse un chapuzón en el ramo constructor, encontrará más historias de extraordinarios empresarios zacatecanos que crecieron a ritmo meteórico en el sexenio de Miguel Alonso. Casualidad que sean amigos cercanos, funcionarios de gabinete y esos empresarios que, en las mismas condiciones, potenciaron sus pequeños poderíos en el sexenio de Ricardo Monreal.

De hecho ya ha tentado la temperatura del agua en ese estanque. No olvidemos que de sus charlas con distintos constructores zacatecanos olvidados y marginados en la administración presente, fue donde apreció la epifanía de su primera tarea como posible candidato a gobernador (que este fin de semana ratificó): impedir la corrupción.

Ahora bien, no es lo mismo impedir que atacar un fenómeno como la impunidad. Tello puede decir que él no caerá “en los mismos errores” que otros han caído. Puede asegurar que, de ganar, en su sexenio la honradez será piedra de toque en las decisiones del gabinete. Puede comprometerse y firmar ante notario (al estilo Peña Nieto) que la corrupción es un mal que aqueja y que no crecerá en su estilo de gobierno. Pero nada de ello clarifica si arreglará de fondo o tan sólo parchará la casa que –previene- le entregarán con un importante cúmulo de vicios ocultos.

En lo que sí ha querido ser enfático y repetitivo es en que su familia (¿a comparación de los Alonso, acaso?) no tendrá competencia en los asuntos del gobierno. Si lo dice porque en distintos sectores del gobierno y del partido que lo arropa, la imagen de su esposa, la Doctora Cristina Rodríguez, permanece como una sombra que difícilmente Alejandro pueda sacudirse, entonces cae en un atrapa dedos. Mientras más tira de la trampa, más legitima las dudas y especulaciones.

El juego es patrocinado desde lo más alto del gobierno, por su amigo. Desconozco si Miguel ya le haya dejado en clara su inquietud (¿qué tipo de amistad evitaría esos temas?). Con distintos actores de la clase política zacatecana y a algunos personajes de los medios de comunicación, el joven mandatario ya se confesó.

Para liberarse de ese simple lazo, Alejandro debe de presionar en sentido inverso: legitimar su aspiración con contundencia en los asuntos donde la ciudadanía le exige ser contundente -la corrupción.

El respeto que merece su esposa, tanto en el plano personal como en su militancia como priista, va de por medio.

 

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