Buscar por dentro, un poco de felicidad

Palabra de Antígona

Sara Lovera

Sara-LoveraSemMéxico.- ¿Qué hacer? ¿Qué decir? En estos espacios de libertad de expresión nacidos  para ofrecer puntos de vista, palabras sesudas sobre el devenir del mundo, del país, de nuestra comunidad o “analizar” una política, una acción y tratar de hacer recomendaciones  para la solución de uno o de varios problemas.

¿Qué se pude hacer desde aquí? Finalmente un espacio prepotente y audaz. Yo opino, tú opinas, nosotros opinamos y así hasta el infinito. Devanarnos los sesos para aullar con otras miles de personas tras acontecimientos terribles y dolorosos como lo sucedido en Bruselas la mañana del 22 de marzo.

Cómo enfocar acontecimientos cotidianos en México, asesinatos de hombres y mujeres; pobreza que no disminuye; niñas hechas madres sin inmutar a las buenas conciencias; violaciones sexuales que están invisibles, condición de las mujeres que a poca gente importan.

Por eso y con la llegada de la primavera he preferido mirar hacia dentro, arrancarle a la memoria un poco de hechos positivos. Desnudar el alma para rascarle momentos de felicidad, disfrutar esos instantes que en algunas vidas se multiplican, buscar en la tremenda cortina de humo de mi ciudad un poco de claridad que me permita reconocer en el verde algunas flores; admirar como se han poblado de lilas las jacarandas de mi avenida que veo desde mi ventana. Respirar profundo tras la rutina de la caminadora.

Dejar que mi cuerpo respire las mañanas que inopinadamente pasaron del gris invierno a tendidos de luz cálida y refrescarme bajo la regadera como si fuera el último baño de mi vida con agua suficiente y, espero, potable y cristalina.

Olvidarme de pensar en lo que sucede. Olvidarme de los apuros económicos, las deudas y los compromisos; dejar atrás los encabezados de los diarios; las bravuconadas de los dirigentes partidarios que presumen hacer listas electorales paritarias, como si fuera gracia cumplir simplemente con la Constitución y hacer a un lado los informes cotidianos que si no encuentran noticias vuelven sobre hechos analizados y probados hasta la saciedad.

¿Cómo hacerle? Para privilegiar sin culpa el deleite de la comida y su exquisitez para el goce del paladar y la embriaguez del vino, sin que se vuelva ácido luego de escuchar las últimas noticias que siempre son pésimas y desconsoladoras.

En un libre espacio como este hoy me decidí. Me puse a buscar el significado de la primavera y encontré algo espectacular. Encontré un artículo publicado en Buenos Aires por el diario el Clarín.

Y dice: “es cierto que la llegada de la primavera modifica el comportamiento amoroso de la gente. Tras los días cortos y oscuros del invierno, el 21 de marzo (septiembre para Argentina) parecería ser un punto de inflexión en la relación entre las personas. Pero ¿se trata de un mito o de una realidad? En todo caso, ¿tiene algún anclaje científico la vocación de los poetas por celebrar en sus versos al amor junto con la estación más florida del año?”

Especialistas consultados por Clarín opinan que los factores ambientales influyen en el erotismo. No tienen duda acerca de la retracción que produce el frío en el terreno de la seducción. Además, explican que “con las temperaturas más cálidas y la liviandad en la ropa, la predisposición emocional y sensitiva de los humanos para amarse es mayor”.

Coinciden en que, con el aumento de la temperatura, hay una mayor cantidad de estímulos, sobre todo visuales (pensé en mis ventanas lilas, verdes, rosadas) y dice: “Los expertos afirman que la percepción por la mirada —y la creación de imágenes fantasiosas— desencadenan la actividad erótica. El deseo se intensifica.

Con esa puesta en escena que conjuga primavera y seducción, y que va desde las instancias más sublimes hasta la congestión de las mucosas, ¿se modifica la química de las pasiones? ¿Qué ocurre en la cadena de mensajes que va del cerebro al encuentro epidérmico entre los amantes?

“Años de tabúes religiosos y culturales alejaron a la medicina de la investigación en el placer y el deseo”, advierte la doctora Silvina Wittis, jefa de Ginecología. “Pero no es casual que se relacione a las poblaciones de las zonas tropicales con una mayor actividad sexual. Los climas cálidos favorecen la aparición de la primera menstruación, un proceso en el que intervienen estrógenos, andrógenos y progesterona”, que son las hormonas que participan en la reproducción y en la libido, es decir, en el erotismo.

Para la doctora Nélida Sakalik, psiquiatra especializada en relaciones de pareja y titular del Centro Argentino de Psicodrama Psicoanalítico, “es cierto que en primavera hay más enamoramientos, pero eso no significa que haya más amor”. Y lo explica así: “Enamoramiento es el episodio narcisista en el que el sujeto busca y cree encontrar al objeto del deseo amoroso que construyó en su mente. A eso contribuyen el estallido de colores y olores, la mayor desnudez y la disminución de corazas provocadas por el buen humor que trae el buen tiempo”.

“Amor, en cambio, es una situación no episódica, que se mantiene a través del tiempo más allá de las variaciones estacionales, donde se juegan el compromiso, la tolerancia y la participación. En general —arriesga— los enamoramientos de primavera son fugaces e implican una cierta negación del otro porque el hombre y la mujer sólo se enganchan con la apariencia, con lo externo”.

¡Vaya qué emocionante! La vida es mucho más que los titulares, los espejismos de un futuro democrático, la exigibilidad de los derechos, la denuncia de los horrores como la rueca del tiempo. Rueca que se define como el instrumento para hilar fibras textiles. O la rueca que da vuelta y vuelta para el torcimiento de una cosa. La rueca de los acontecimientos que nos atosiga y exprime y nos hace olvidar humanidad, felicidad, deseo y enamoramiento.

En la próxima volveré a la pretensión de explicarme la realidad.

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