La institucionalidad en estos tiempos

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Por: Norma Julieta del Río Venegas

Por los tiempos que se viven en la actualidad, decidí retomar este artículo escrito ya hace algunos meses, para volver a reflexionar sobre la institucionalidad del servidor público y su eficacia y eficiencia.

La institucionalidad es el conjunto de valores y creencias de una persona que llevan a entregarse a su trabajo y se aplica en un estado de derecho.

Se da de manera frecuente entre servidores públicos de los tres órdenes de Gobierno de la Administración Pública, el uso común de la palabra “institucional”. A menudo en pláticas, reuniones sociales o de trabajo se menciona esta palabra, palabra corta que encierra un alto grado de responsabilidad.

Al paso de los años, existen servidores públicos que logran permanecer en sus lugares de trabajo en cualquier transición de Gobierno, eso habla de su institucionalidad y de que son elementos valiosos para la Administración Pública.

El ser humano no es un bien mueble para colocarle un código de barras o una marca específica, existen contratos laborales, hasta ahí debe de ser la relación laboral.

La lealtad debe darse con trabajo y resultados, pero la lealtad no solo es del subordinado al Titular, también la lealtad es de arriba hacia abajo.

En algunas ocasiones, la “institucionalidad” sufre ciertas variaciones o desviaciones, en virtud de que el término se empieza a confundir pasando de ser institucional a servil o sumiso.

Cuando esto pasa, el servidor público equivoca o desconoce el concepto como tal, ya que considera que nada ni nadie puede ni debe de estar por encima de su “autoridad”, aun por encima de otros niveles jerárquicos.

Es aquí cuando la formación profesional que se tiene debería de ayudar al servidor público para ubicar su lugar real; sin embargo, existen innumerables ejemplos de gente que demuestra que su educación no va de acuerdo con su profesión, ya que hacen uso de la “institucionalidad” para allegarse un sequito de seguidores que lo alaban sin mediar razón y lo llevan al grado de perder el piso, o de mal aconsejar para lograr objetivos personales y maquiavélicos.

La “institucionalidad” debe ser ejercida responsablemente, delegando funciones a sus subalternos de manera “diligente” para poder llevar a cabo el orden y la cooperación necesaria para el correcto desempeño de las funciones.

Para Mauricio Merino la transición inicia en la década de los ochenta, y se cobija a la luz de una nueva institucionalidad en el país, por el estado de derecho y por el respeto de cada uno de los actores que participan en este proceso.

En la actualidad, impera la lucha por la superación personal, siendo este un proceso de transformación y desarrollo a través del cual las personas tratan de adoptar nuevos estilos de vida y de pensamiento, y adquirir una serie de cualidades para mejorar su calidad de vida. Hay gente muy eficaz y eficiente, pero también se requiere de astucia, imaginación y creatividad para llegar aun más lejos. Una persona que solo trabaja para cumplir alguna jornada diaria y no se esfuerza en buscar su constante capacitación, aprendizaje, y tener la capacidad de trabajar bajo presión y relacionarse con otras esferas, jamás obtendrá lo que aspira o lo que sueña, si es que se atreve a soñar.

La superación de ningún modo nos llegará por sí sola, debes tomar decisiones que por mucho que impliquen cambiar de vida, de proyectos, se deben valorar las ventajas que esta decisión te dará a largo plazo. En ocasiones por temor a perder un trabajo, se toman rumbos equivocados que en la etapa final de la curva de la vida te dejarán sin afectos y relaciones, mismas que siempre son requeridas como base para consolidar lo que desees, he aquí cuando entra la confusión de ser institucional o simplemente estar y hacer todo porque no pierdas tu trabajo, hasta en ocasiones, faltar a la lealtad y a la ética profesional. Se dice que en ocasiones somos nosotros mismos los que conspiramos en contra de nuestra superación personal, dejándonos llenar de temores, presiones, y esto da pauta a que se cree un ambiente de rumorología a nuestro alrededor, teniendo como efecto la desacreditación, convirtiéndose esto en una comunicación extraoficial.

Un comentario extraoficial tiene varias finalidades, ayuda a combatir el aburrimiento y que avancen las horas de trabajo que se deben de cumplir, y desvía la atención de otro tipo de pretensiones. En ocasiones se terminan retirando buenos elementos por propia voluntad o por descarga de malas energías de otras personas que en definitiva, no son los mejores de la empresa o institución.

La prudencia y discrecionalidad hablarán bien de cualquier persona para su contratación, sobre todo para su permanencia, aunado a su capacidad y talento claro, pues la institucionalidad es el accionar del Estado, ya que los servidores públicos brindan un servicio de utilidad social y de responsabilidad para el Gobierno.

Cumplir en el tiempo que estés laborando y demostrar institucionalidad, siempre será la mejor carta de presentación ante la llegada de un nuevo superior o de un nuevo reto, mas allá de lo mediático, pues así como el servidor público actúo en su anterior tarea debe responder ante cualquier régimen y que ante todo promueva permanentemente los principios y valores éticos que les exige el ejercicio de la gestión pública, teniendo la certeza de que seguirá siendo un buen elemento que responderá cabalmente con los planteamientos de la sociedad, de lo contrario, se pensara que actúa conforme intereses y no será confiable en lo subsecuente.

El ser humano no es propiedad de nadie, la propiedad es de sí mismo y debe responsabilizarse de sus actos, buenos o malos, dejando a un lado el pensamiento de que la lealtad es solo de manera ascendente, pues debe de existir reciprocidad, por lo tanto, esta también debe de ser de manera descendente.

Se avecinan tiempos de cambios y de transiciones normales y esperamos prevalezca la gente capaz y eficiente, y desde luego los servidores públicos de niveles técnicos y niveles medios institucionales.

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