La medicina nuclear, un aporte de la relación entre la medicina y la física‏

cyd-250516-portada-gUno de los beneficios de la energía nuclear es su relación con la medicina. La imagen médica es una de las áreas de la medicina que avanza a pasos agigantados gracias a la utilización de los desarrollos y avances en la física nuclear.

La tomografía por emisión de positrones o PET permite la obtención de imágenes a través de la detección de la radiación emitida por fármacos marcados con emisores radioactivos (llamados radiofármacos) desde el interior del paciente, lo que a su vez facilita la observación de las estructuras anatómicas y del funcionamiento de los órganos como el corazón y el cerebro.

La medicina nuclear, que sirve para realizar diagnósticos sobre algunos padecimientos, así como para tratamiento, es una especialidad que en México llevan a cabo alrededor de 220 médicos nucleares, cifra que resulta insuficiente pero que se entiende, aseguró Alicia Graef Sánchez, ya que la formación de un recurso humano en este campo resulta costoso.

Graef Sánchez es la titular de la Jefatura de la Unidad de Medicina Nuclear en el hospital Médica Sur y participó como ponente en el Simposio “La física en la medicina moderna”, realizado ayer martes y organizado por la Academia Nacional de Medicina y la Academia Mexicana de Ciencias en la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Durante su plática “La medicina nuclear y la física” resaltó la aportación que hace la física a esta subespecialidad de la medicina que utiliza isótopos radioactivos o positrones como trazadores que permiten conocer el funcionamiento tanto de órganos como de tejidos, y esto es posible porque el núcleo atómico del radionúclido (como también se le llama al isótopo radioactivo), emite energía ionizante para estabilizarse. Un radiofármaco entonces tiene su origen en la unión de un isótopo radioactivo y un compuesto químico.

La radiación gamma que producen los positrones es detectada por PET y procesada por un equipo híbrido que está integrado por una tomografía y una gammagrafía, “la radiación que

emite el paciente a través del radiofármaco se convierte en fotones de luz y eso es lo que observamos cuando analizamos el funcionamiento de un órgano”.

El procedimiento ofrece información que permite diagnosticar algunas enfermedades y otros aspectos médicos antes de que se presenten condiciones específicas estructurales, entre ellas, tumores y cicatrices. El proceso no es invasivo, las dosis de radiación son menores a una placa de rayos X y todos los radioisótopos (yodo para hipertiroidismo y cáncer de tiroides, talio para corazón, ytrio 90 para articulaciones, samario como paliativo para el dolor, radio 223, el último hito, que se utiliza para lesiones en los huesos, entre otros) se eliminan por vía urinaria.

Alicia Graef mencionó que a la imagen nuclear siempre se le compara con los rayos X y/o la resonancia magnética, lo cual no es preciso porque además de que tienen orígenes físicos distintos, los rayos X permiten ver la morfología y la imagen nuclear el metabolismo, es decir, el funcionamiento de los órganos, como ya se indicó. “En el corazón, por ejemplo, se puede ver si a nivel de fibra miocárdica está funcionando bien, si está recibiendo el aporte de sangre que necesita o está isquémico o tiene infarto; y lo mismo con el cerebro y los pulmones. Dependerá del fármaco que estemos empleando poder ver regiones específicas de nuestro interés”.

En su exposición, la médico nuclear destacó que los avances que se han tenido en el campo de su especialidad han sido mayormente aportación de físicos e ingenieros para la creación de equipos y tecnologías cada vez más sofisticados para el uso clínico. “Es ahí en donde los médicos nos unimos a los físicos, ingenieros, biomédicos”.

Por otro lado, reconoció que aun cuando nuestro país no produce o produce poca instrumentación para la medicina nuclear, sí cuenta con el mejor equipo y material radioactivo debido a que lo adquiere de las primeras potencias que lo generan, lo que hace que México esté a la vanguardia porque “usamos lo que ellos usan, compramos lo que ellos producen, lo más moderno que hay en el mundo”.

En ese sentido, lamentó que el arranque que tuvo México en imagen nuclear en los años cincuenta con el médico endocrinólogo Roberto Maas Escoto, uno de los pioneros de la energía nuclear en México y que incluso llegó a crear con sus conocimientos básicos en electrónica e ingeniería el primer gammagráfo en América Latina – como se llamaron a los primeros equipos-, nadie continuara en esa línea.

En contraste, señaló que en México sí se generan recursos humanos para ejercer la medicina nuclear, por lo que es necesario que físicos y químicos estén donde esta especialidad se produce, en los cincrotrones, como el que se encuentra en la Facultad de Medicina de la UNAM -además de uno privado- donde se producen y venden positrones a instituciones de salud públicas y privadas.

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