Las cuentas de Beltrones y Miguel Alonso

Por: Gabriel Contreras Velázquez

Después de que se han asentado los últimos cómputos de la pasada jornada comicial del 5 de junio, se bifurcan dos explicaciones del crecimiento de Alejandro Tello sobre David Monreal: las variadas encuestas que retrataban un empate técnico entre ambos contendientes estuvieron erradas todo este tiempo, o bien, esas encuestas eran un reflejo fiel de las preferencias electorales pero la operación política el día de la elección modificó en unas cuantas horas la anterior tendencia de equilibrada.

En este segundo escenario cabe destacar un factor determinante que en este espacio retratamos hace unos meses: Miguel Alonso aguantó hasta los últimos días de la campaña para decidirse por uno u otro candidato.

Y no fue precisamente por su amigo Tello por quien definió dejar fluir los recursos que otorgó a David Monreal para “asegurar un triunfo” que sólo pudieron salvar de último momento –con experiencia y un presupuesto importante- operadores priistas del Estado de México e Hidalgo empujados por Miguel Ángel Osorio Chong.

Por qué Alonso declinó a su delfín no es pregunta nueva. En el proceso interno del Revolucionario Institucional entre Diciembre y Enero pasados, Miguel ya se inclinaba por un candidato distinto: Carlos Peña Badillo.

Por qué Tello prefirió una ruptura silenciosa con el gobernador saliente, tolerando incluso en el inter que Miguel sembrara operadores políticos para su campaña de los que Alejandro nunca se sintió del todo confiado, y con una sequía de recursos en distintas campañas de candidatos priistas, es una interrogante que el tiempo podrá acomodar.

Lo que en distintos espacios se especuló con similitud particular es que Miguel Alonso abriría la puerta a aquél candidato que le otorgara mayores seguridades de impunidad en el sexenio que comienza en Septiembre. Fue entonces cuando Ricardo y David pusieron en la mesa del gobernador saliente la protección que recibirían él y sus familiares -para entonces ya expuestos ante la opinión pública por probables delitos de desvío de recursos públicos.

El resultado cuadra a pie calzador con el nerviosismo que mostraron distintos –altos- funcionarios del actual gobierno y personalidades que apuntalaron su apoyo a la campaña de Tello, en semanas previas al día de la votación.

En todas las editoriales de los diarios locales dicha actitud errante de funcionarios salientes, y otros por entrar, fue denunciada. Usted mencione la columna, y no hubo espacio donde la información de probables traiciones al abanderado priista era la comidilla diaria.

La avalancha monrealista tuvo fuerza y altas probabilidades de robar el triunfo a Alejandro. Las encuestas no estaban del todo equivocadas.

Pero el caso ejemplar de traiciones en la elección que próximamente será calificada por el Tribunal Electoral local es sin dudas el de Pedro de León Mojarro. Conocemos bien su viacrucis fuera del PRI, dentro del PRD, luego de manera independiente promocionando su gobierno de coalición, y en fechas recientes su negocia con Morena para llevar sus “miles y miles” de seguidores a las urnas siempre y cuando este partido le asegurara el primer lugar en la lista de diputados de representación proporcional.

La negocia estaba avanzada cuando la información se filtró a oídos de la Secretaría de Gobernación desde donde enviaron un apercibimiento muy particular: respaldar a Tello para que en caso de una eventual derrota Pedro refundara al tricolor zacatecano.

Pareciera entonces como si la historia política reciente de Simón Pedro, llena de desatinos, fuera una simple anécdota a ojos de los funcionarios de aquella dependencia. Confiaron abiertamente en el cuñado del gobernador pese a la cascada de derrotas que tenía cuesta a hombros.

Lo que el futuro le deparé será un asunto que solamente entre Tello, Emilio Gamboa, Osorio Chong y Rosario Robles podrán enderezar. Por ahora, en la Noche Triste de Manlio Fabio Beltrones otro desamparado se suma a la lista de políticos en la congeladora: Miguel Alonso Reyes.

Muy poco probable es aquello de que quien en unos meses dejará de ser el primer priista del estado haya sido un ejemplar operador electoral a ojos del presidente Peña Nieto. La racha de inseguridad que se desató en el partido del gobierno a unos días de asistir a las urnas, como lo hemos insistido desde hace tiempo, fue patrocinada por el aún mandatario estatal.

Distintos movimientos erróneos de funcionarios en el gobierno tuvieron como información privilegiada la que Miguel concluyó de su negociación con los Monreal: el empate inminente de David y la derrota de su amigo de la infancia. Producto de ello es que esos mismos funcionarios y funcionarias se presenten hoy en calidad de siniestrados en términos de agudeza política.

Antes que un espacio reservado en el gabinete de su amigo Enrique Peña, Miguel lo que tiene es un lugar particular en el examen de los resultados electorales del pasado 5 de Junio que ya realizan en Los Pinos.

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