Tello, un poder prestado

TelloGabriel Contreras Velázquez

La invitación para formar un gobierno incluyente por parte del gobernador electo, Alejandro Tello, ha sido escuchada por distintos sectores partidistas. Desde los grupos afines hasta los de la indefectible oposición, han permitido acercamientos hacia la construcción de nuevas relaciones de poder en el gobierno de Zacatecas.

No se puede negar el trabajo realizado para la apertura hacia la pluralidad de expresiones, y la legitimación que esto ofrece. Pudo pasar de la propuesta de campaña al concreto y complejo escenario de ser el fiel de la balanza de distintas expresiones políticas.

Sin embargo, los oídos sordos y los celos partidistas que interrumpieron la propuesta de generar consenso para iniciar su administración son auspiciadas desde casa. Personajes más cercanos al estilo de gobierno de Miguel Alonso (Fito Bonilla, Pancho Escobedo, los Roberto Luévano, etc.) prefieren mantener la estrechez de miras.

Había advertido en este espacio de opinión y análisis, (“Postergar la Política”, La Jornada Zacatecas, 8 de septiembre de 2015) que durante la mayor parte del sexenio de Miguel Alonso las decisiones pasaban por distintos filtros. No necesariamente esos filtros le permitieron el consenso para ejercer un poder mejor articulado, sino que únicamente advirtieron lo que sus amigos cercanos opinaban al respecto de diversos temas que no eran de su incumbencia o de los que no estaban adecuadamente empapados.

Tello conoce bien esos episodios y sabe lo difícil que era lograr convencer a Miguel con respecto a una u otra determinación que estaba obligado a tomar. Así se postergaron tanto la toma de decisiones como la búsqueda adecuada del consenso entre fuerzas políticas.

Incluso a aquellos a quienes escuchaba vivieron en carne propia las exasperantes dilaciones e indecisiones del aún gobernador. El resultado: tanto los filtros inadecuados para conducir cada proceso político y administrativo, así como la ausencia de determinación en momentos donde más se requería, dejaron en segundo o tercer plano el funcionamiento político del estado.

¿Qué sucedió entonces? Que la oposición fue presupuestalmente cooptada. Los recursos fueron el mejor estímulo para desahogar las emergencias. El caso más simbólico fue la conversión del ex diputado petista Benjamín Medrano al priismo. El responsable: Pancho Escobedo, durante su estancia en la Secretaría General de Gobierno.

Tanto fue el cántaro a la fuente que luego de que Miguel Alonso había depreciado su valor político, los diputados de la actual Legislatura lograron incluso impedir la contratación de un nuevo préstamo financiero para cubrir los déficits fiscales nunca resueltos en la federación. Pero no era un escenario ajeno, tanto los acuerdos como el dinero estaban devaluados al final de la administración.

Sus operadores se especializaron en convencer a algunos oportunistas locales de que las ideologías también tienen su precio. A base del recurso y la prebenda de proveedurías y constructoras la oposición cogobernó. Pero casi nadie tuvo la oportunidad de abrir puertas al casi ex mandatario –el ego de Miguel tampoco lo permitía- donde más lo necesitaba: las bolsas extraordinarias.

Así pasaron las crisis fiscales de la Universidad Autónoma de Zacatecas con una huelga de meses –Tello no podrá olvidar fácilmente el tema-, el pago de prestaciones a la plantilla de docentes del estado, prestaciones de trabajadores de gobierno y organismos autónomos; y el consenso nunca llegó.

La política era para otro momento, o tal vez para otro sexenio. Lo primero eran las amistades, los socios, los apellidos, las familias, el prestigio, las revistas del corazón, la opulencia y la frivolidad.

Pero los tiempos de Miguel hoy son más un sobrante que una potencia. Claro, su colega Alejandro le ha dado un segundo aire antes de que caiga el telón. En propio detrimento ha recobrado el discurso para consolidar las ausencias con las que gobernó el entrañable amigo de la infancia.

Y como en toda relación de proporcionalidad, Tello hoy es más un receptáculo de negativos que un gobernador por entrar en funciones. El mismo proceso vivió en la contienda electoral. Intentó separase un poco de su coadjutor, aunque en tiempo ha rectificado y ha coincidido con él en todo cuanto ha podido después de su reaparición mediática.

Son los mismos hilos conductores de la política sexenal de Miguel los que ahora “impulsan” a Alejandro a romper rápidamente con sus propuestas de campaña.

Son los mismos compromisos que ven afectados sus intereses quienes no verán más allá de la urgencia en la que se encuentra Zacatecas.

En medio, Alejandro Tello, el nuevo “gobernador” que con voluntad propia otorga el poder a su colega y a sus correligionarios.

En aquél entonces ni Roberto Luévano ni Pancho Escobedo podían mover un dedo sin la aprobación –tardía- de Miguel. Luévano vivió la escasez de recursos en su gestión cuando la población le demandó al menos bachear algunas calles.

Llegaría a última hora dinero de los bancos. El presupuesto tenía su prioridad: hacer “política”.

 

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