Miguel Alonso, una “leyenda urbana”

Por: Gabriel Contreras Velázquez

MiguelZacatecas, Zac.- El Partido Revolucionario Institucional no ha dimensionado la velocidad con que se precipita hacia una abrupta pérdida de legitimidad. Si bien hay conciencia de ello entre sus filas no han atajado el problema desde las instituciones.

Su ex dirigente nacional Manlio Fabio Beltrones, visualizó concretamente el escenario pero fuera de tiempo y lejos de cualquier posibilidad de rectificación. Cuando el grueso de los votantes mostró su inconformidad en las urnas, el pasado 5 de junio, el Partido Acción Nacional ya había sido elegido como tribuno de la corrupción (en percepción ciudadana y en denuncias) que el partido en el gobierno hizo suya y solapó. La coalición PAN-PRD no convenció al ciudadano de un nuevo esquema de gobierno, únicamente llevó la inconformidad a la campaña electoral.

En una pista paralela el Movimiento de Regeneración Nacional acopió otra franja más del descontento ciudadano. Así se posicionaron como segunda y tercera fuerza electoral en Zacatecas, Oaxaca y Veracruz (de mayor relevancia por el grueso de la Lista Nominal) respectivamente. Miguel Alonso se vio obligado a reconocer los números fríos de la pasada elección. Por primera vez la califica como “competida”, en una entrevista especial para El Universal.

Se equivoca -especialmente en su lectura política- de no reconocer que la marca Monreal creció en un cien por ciento la base de preferencias electorales de 2013 a 2016. Como se había apuntado en este espacio después de los comicios de junio, en la elección intermedia estatal Geovanna Bañuelos -representante de los intereses de Ricardo en el Partido del Trabajo- acopió aproximadamente 90 mil votos, los cuales fueron duplicados (llegaron a los 180 mil en la votación a gobernador) este mismo año pero en la fuerza de Morena.

Las encuestas (El Universal y Excélsior) lo anticiparon durante mayo. El crecimiento exponencial en las preferencias recaía particularmente en David Monreal y Rafael Flores. Tello únicamente se dedicó a administrar su ventaja. De ahí que las trincheras electorales se abastecieron para llevar la elección al nivel de campañas negativas, desatadas unas semanas antes de la jornada electoral.

No se trata de defender causas ni negar triunfos. Se trata de ver con claridad los números y el panorama en que surgieron para poder analizar las condiciones políticas que heredaron las urnas semanas atrás.

Beltrones no hizo caso de su propio diagnóstico postelectoral. Los gobiernos ineficaces, la percepción de corrupción local y nacional, el alejamiento del partido de la sociedad –por privilegiar el voto duro- eran elementos que tazó pero que no buscó zanjar.

No se pronunció en contra de la corrupción una vez iniciado su mandato al frente del PRI. Incidió mínimamente en la elección de candidatos (luego calificó a varios de ellos como “no idóneos”). No permitió la reconciliación de las bases con las cúpulas. Fue meramente testigo de su debacle.

El caso sintomático puede rastrearse justo en esas entidades donde Morena más creció. El pasado 4 de Marzo, medios nacionales dieron a conocer declaraciones aberrantes de quien entonces era presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso de la Unión, el priista César Camacho Quiroz.

El también ex gobernador del Estado de México, aseguraba entonces que las denuncias de corrupción en contra en contra del ex líder petrolero Carlos Romero Deschamps, el gobernador veracruzano Javier Duarte, y el ex presidente del PRI, Humberto Moreira, eran únicamente “leyendas urbanas”.

“En esto hay muchas verdades a medias, yo creo que el PRI no quiere que nadie aproveche y abuse del poder” dijo durante su visita a Tabasco para apoyar a la ex candidata Liliana Madrigal.

Hoy el PRI se encuentra en proceso de “depuración” de sus cuadros más contaminados, entre ellos el aún mandatario Javier Duarte. Aquél gobernador sobre el que recaen graves señalamientos – sopesados por el emblemático Camacho Quiróz como “leyendas urbanas”- hoy está en la ruta del desconocimiento de parte de su instituto político. ¿Quién es el peor enemigo del partido en el gobierno, Duarte o la falta de sensibilidad política e institucional del mismo partido?

Zacatecas es otra entidad donde las “leyendas urbanas” han sido atendidas con especial subestimación por parte del gabinete de Miguel Alonso. El último en regalarnos esa joya fue el secretario de Infraestructura, Francisco Ibargüengoitia Borrego, durante la glosa del último informe de gobierno.

Ya habían calificado con anterioridad a Esaú Hernández como promotor de dichas “leyendas urbanas”. Ya había sido crucificado en los medios locales –algo les incomodó severamente- el ex Secretario General de Gobierno por funcionar como un radar frente a las irregularidades antes que permanecer como cómplice de una red de relaciones de interés instauradas en el sexenio de Miguel, bastante redituables.

Por cierto, ¿y la declaración patrimonial y de intereses del aún gobernador? ¿Nos quedamos con la versión provincial? ¿O con la que no entregaron al Instituto Mexicano de la Competitividad?

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