¿Administrar o gobernar?

Por: Gabriel Contreras Velázquez

Foto: Misael Camarillo / MIRADOR

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Zacatecas, Zac.- Alejandro Tello tiene una visión clara de los alcances políticos que los gobernadores ejercen en el plano local. Sin embargo, no ha atinado a facilitar los espacios de negociación propios que le permitan aterrizar, con menos turbulencia, el conjunto de decisiones que han afectado la manera en cómo los intereses se sostienen en Zacatecas.

Salaverna, nuevos impuestos sobre empresas transnacionales y los bolsillos de la sociedad zacatecana, recorte al recurso público destinado a mantener las nóminas de distintos medios de comunicación, aumento a las tarifas del transporte, valoración de la subsistencia de todo un subsistema educativo estatal; todas ellas intervienen sustancialmente en el espectro de mando del ejecutivo estatal y, en conjunto, le han generado conflictos de corto y mediano plazo.

Donde pudo haber obtenido aliados, o al menos posturas neutrales, ya encontró enemigos. Unos con mayor o menor razón de prestarse al desgaste, pero todos se han volcado en contra de su particular estilo de administrar la hacienda pública, no de gobernar -al menos no aún políticamente.

Un tema de fondo –pronto lo verá con mayor claridad- le ha impedido llevar a la práctica su modelo de distribución de los recursos públicos en un estado con un enorme déficit financiero. Tema que, por cierto, tiene nombre y apellido: Miguel Alonso Reyes.

Su legitimidad seguirá disminuyendo si el gobernador insiste en achacar a su antecesor la fuerte carga de compromisos fiscales que tiene hoy Zacatecas, sin abundar en las irregularidades que brotan por las distintas dependencias del Gobierno Estatal.

Al evitar indagar sobre las observaciones que ha hecho el mismo Gobierno Federal y las filtraciones –con inteligencia propia de los servicios federales- en medios de comunicación de alcance nacional, mantendrá un modelo de “reestructuración financiera” propia de un rescate ciudadano al irracional dispendio público 2010-2016.

Logrará todavía menos imponerse sobre la coyuntura si además evita construir canales de diálogo con los grupos de interés que ahora afecta. Un ejemplo puede darle luz sobre esta problemática: al día de hoy la minera Frisco-Tayahua no se pronunciado sobre de las cargas impositivas 2017, ni ha manifestado su interés en ampararse en contra de las mismas. Existe un denominador común a no pasar por alto: la reinstalación de una docena de familias del “viejo” Salaverna, en un área distinta a la de explotación mineral.

Ya en Noviembre inició una serie de acuerdos con el máximo empresario nacional e internacional, Carlos Slim. Un mes después detonó nuevamente un último intento de desalojo de los de aquella región de Mazapil, y la destrucción de la escuela y la iglesia de Salaverna. Coincidencia o no, había un periodo de gracia que la nueva administración no respetó para decidir, con estudios geológicos, sobre la reubicación de los pobladores.

La política ahí estuvo presente, ya sea para privilegiar o no un acuerdo con la empresa minera (evidentemente en contra de los intereses de las familias de Salaverna que aún no deciden abandonar su residencia original) pero, curiosamente, al día de hoy Frisco-Tayahua no ha manifestado postura alguna sobre el Paquete de Ingresos estatal 2017. Probablemente estén de acuerdo con la serie de recursos que deberán tributar a esta administración, o probablemente de fondo haya algo que les impida decir lo contrario. Negociaciones pues.

No se alcanza a rastrear otra serie de acuerdos políticos -excepto con Acción Nacional para la aprobación de estos paquetes de ingresos y egresos en la Legislatura- puesto que lo que persiste en el ambiente local es la inconformidad. Marchas, pronunciamientos sociales, líneas editoriales agresivas (ausentes antes de deshidratar sus arcas) se imponen como indicadores de que la política no ha ocupado el espacio que debe tener en el ejercicio del gobierno.

Tello puede mantener el interés en que sus directrices toquen tierra firme tal y como él las ha planteado, al mismo tiempo que atestigua cómo la inconformidad impacta de manera irreversible en el terreno electoral, ahí donde la gente sí se hace escuchar. Ya les sucedió en la capital del estado. Judit Guerrero es presidenta municipal con apenas 12 mil votos en comicios donde el abstencionismo derrotó a todos los proyectos políticos en contienda.

El contador está a tiempo de abrir todas las puertas del diálogo. En todas encontrará los negativos que su entrañable amigo –ese con quien se reúne una o dos veces al mes- Miguel Alonso le heredó. Podrá ser un gobierno distinto, pero las cuentas que recibió son las mismas con las que hizo administración pública como Secretario de Finanzas y luego como senador.

A lo lejos Miguel da señales de vida. Va por la promoción de los pueblos mágicos desde el Fondo Nacional de Turismo. El único municipio con vocación turística internacional es el de la bizarra capital, justo donde le interesaría hacer campaña en 2018 para un sitio en la Cámara Alta.

Twitter: @GabrielConV

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