Cruzada por la firma del convenio 189

Palabra de Antígona

Por: Sara Lovera

Sara-LoveraSemMéxico.- Este 30 de marzo valdría la pena iniciar una gran cruzada por la firma del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para dejar a un lado la demagogia y asegurar trabajo decente, con salario regulado y seguridad social a las trabajadoras del hogar, ahora que el sindicato en México cumple un año y autoridades diversas se desgarran las vestiduras, se habla de avances en los derechos de las mujeres y, algo más, de comprender qué pasa.

El Convenio 189, se funda en los derechos laborales básicos. Lo que ofrece es protección específica a los trabajos realizados en más de 2 millones y medio de familias mexicanas, donde además de las tareas de limpieza y cuidado de una casa, se cuidan niños y niñas, personas enfermas y se hace la tarea de choferear. En México el 95 por ciento de este trabajo es realizado por mujeres.

Nada del otro mundo. No se entiende por qué a pesar del mandato internacional para que los Estados   -es decir gobiernos, instituciones y sociedad- adopten medidas con el fin de lograr el trabajo decente, el gobierno mexicano, las y los legisladoras, la sociedad, no ha reconocido este convenio.

La descripción del trabajo en el hogar, el remunerado, es clarísima. No entiendo dónde se pararon iniciativas, desde la sociedad, para regular el salario y ofrecer seguridad social a estas mujeres. No sé dónde se perdió el impulso que inició en la capital del país, siendo secretaria del trabajo, Patricia Mercado, que invitó a mujeres de la sociedad, empresarias y políticas a pagar impuestos, seguridad social y otras prestaciones.

No sé dónde quedó la iniciativa de Diva Gastélum, senadora y coordinadora de la Comisión de Igualdad de Género en esa máxima representación del país. No sé por qué el Senado no se ocupa. No sé si vamos muy rápido en los derechos políticos, en la promoción de mujeres al poder, y no estamos legislando donde se debe.

No me gusta victimizar a las trabajadoras del hogar. No me gusta hablar de su condición de mujeres disminuidas. Las admiro. Esas mujeres, sobre todo las que se emplean de tiempo completo y viven de día y de noche en casas ajenas, esas que históricamente cruzaron el umbral de sus pueblos para buscarse la vida, son las antecesoras de las valientes migrantes que aportan millones de pesos a sus familias, pueblos, comunidades y país. ¿Y qué hacemos desde acá por ellas, cómo mejoramos su situación?

Las cifras se publican sistemáticamente. Las únicas de un estudio de 2013 señalan que cinco de cada 10 trabajadoras domésticas, laboran más de ocho horas diarias y 4 por ciento de las trabajadoras no tiene siquiera un día de descanso; 96 por ciento no cuenta con un contrato debido a la falta de regulación para esta ocupación.

Sólo 4 de cada 100 de las más de 2 millones 300 mil conocidas o registradas, cuentan con un contrato laboral; el 36 por ciento de las trabajadoras reporta que quien la emplea no se responsabiliza de los gastos médicos, y 25 por ciento ha pasado más de 10 años desempeñando este trabajo, lo que indica la baja movilidad en términos de ocupación; además, sin contrato alguno no hay posibilidades de pensión laboral cuando llegue la hora de la vejez.

El estudio es del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y es de 2013. Hay variaciones de opinión, pero es verdad que más del 70 por ciento son empleadas de entrada por salida, o sea totalmente informal su trabajo, como el 60 por ciento de todas las mujeres que trabajan en el país, sin embargo si hubiera voluntad política, gobiernos, mujeres políticas y otras instancias, incluso los organismos empresariales, podrían empezar por estas trabajadoras, para ganar credibilidad y ser justos.

Dice la revista Forbes que se trata de un problema, pues las personas que se dedican a apoyar en las labores del hogar -muchas en las casas de los empresarios- no sólo padecen la falta de seguridad social, sino que también están expuestas a abusos por parte de los empleadores al no tener un documento que avale sus derechos laborales.

En fin, que se trata de congruencia. Ahora que las Naciones Unidas pusieron estos días, y todavía esta semana, el tema de las mujeres y el trabajo en la reunión anual de la Comisión de la Condición Jurídica de la Mujer, habría que poner el ejemplo.

De acuerdo con el Conapred, México firmó el Convenio 189 en 2011, cuando se adoptó, hace casi 7 años, ahora se trata de que se ratifique. ¿No podría ordenarlo el Senado? Me pregunto. ¿Dónde están las legisladoras de género, que nos da tanto gusto que lleguen y lleguen, y lleguen más?

Recientemente el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, se comprometió a enviarlo al Senado para su ratificación, lo mismo hizo en 2014, lo cierto es que tres años después, la promesa sigue incumplida, leí sus palabras de la boca de Marcelina Bautista, la jefa del sindicato que estos días, el 16 de marzo, cumplió un año.

Hace un año se informó que el Convenio ha transitado por varias instancias del Ejecutivo pero no logra aterrizar por dos problemáticas: la financiera y la administrativa. Mientras, las trabajadoras se han organizado en un sindicato para formalizar su trabajo y defender sus derechos, pero en tanto el convenio no sea ratificado, siguen desprotegidas por la ley ante los agravios que han sufrido desde siempre.

Supongo que el 30 de marzo próximo, oiremos más de lo mismo. En 1988, en Bogotá, Colombia, tuvo lugar el primer Congreso de Trabajadoras del Hogar, donde se conformó la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLATRAHO) y se instituyó el 30 de marzo como Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, como fecha conmemorativa y de reivindicación, invito a la cruzada. ¡Hay que iniciarla, ya!

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