Escritos inéditos de las expediciones científicas españolas en la Nueva España

Zacatecas, Zac.-Inspirado en personajes como Alexander von Humboldt, Alejandro Malaspina, Jorge Juan y Antonio Ulloa, Claudio Gay, Martín Sessé, Mariano Mociño, Charles Darwin y muchos otros naturalistas más que influyeron en mayor o menor medida en el actual pensamiento científico moderno sobre la teoría de la evolución, el historiador de la ciencia Miguel Ángel Puig-Samper Mulero hurga en los archivos históricos que existen en Europa y América en busca de nuevos episodios de esta fascinante historia.

Una de sus mayores satisfacciones como académico, dice Puig-Samper, es la de hallar en algún archivo nuevos materiales desconocidos para la ciencia, como ocurrió en años recientes con el descubrimiento de un manuscrito inédito sobre ornitología mexicana redactado por Martín Sessé y Lacasta y José Mariano Mociño —el primero un botánico español y el segundo un naturalista de la Nueva España, ambos se embarcaron por encargo del rey Carlos III en la Real Expedición Botánica a Nueva España entre los años 1787 a 1803—, así como algunos papeles también inéditos de Alexander von Humboldt en su estadía en Madrid, España.

En especial, el profesor-investigador del Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en España ha estudiado las expediciones científicas durante el dominio español en las colonias de la Nueva España que, siendo facetas distintas de la colonia, dejan como lección en ambos lados del océano Atlántico un esfuerzo muy importante tanto para la ciencia metropolitana como para la incipiente ciencia criolla, destaca el especialista.

“Es muy interesante observar cómo los expedicionarios intentaron recoger la sabiduría de las culturas prehispánicas con relación a los conocimientos sobre los animales y las plantas. Todavía hoy este esfuerzo antiguo en el reconocimiento del territorio novohispano sirve para ver los cambios de territorio de algunas especies, su extinción, etcétera”, comenta el miembro correspondiente de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

El descubrimiento tiene varias facetas: una estrictamente científica porque ya se utiliza el sistema de Linneo para la clasificación de especies animales y vegetales, mismas que se dan a conocer al mundo europeo y, por otro lado, hay una búsqueda de la utilidad que puedan tener estos recursos naturales como medicina y remedios, maderas para construcción naval o insumos con fines comerciales.

Miguel Ángel Puig-Samper estudió biología en la Universidad Complutense de Madrid, donde se doctoró en ciencias biológicas, disciplina desde la cual emprendió el camino a la investigación; su interés por la historia de la ciencia le nació primero como afición por unos papeles familiares que hablaban de una expedición científica en el siglo XIX, lo que le llevó a visitar el Museo Naval de Madrid y los archivos históricos.

“Mi contacto con un profesor de historia de la biología, ya finalizando la licenciatura, me inclinó algo más a esta materia y definitivamente fue el impulso del profesor José Luis Peset, historiador de la ciencia del CSIC, lo que decidió mi carrera científica”, relata.

El académico formó parte de la generación que vivió el franquismo (dictadura que se originó después de la guerra civil española en 1939 y culminó con la muerte del general Francisco Franco en 1975), y a la que le correspondió restablecer los movimientos ciudadanos que impregnaron de un nuevo aliento a la sociedad española y a sus instituciones científicas.

Puig-Samper se ha especializado en temas de biología, antropología y darwinismo. Sus líneas de estudio se centran en la historia de la antropología, recepción del darwinismo en dimensión comparada, historia de la ciencia española e iberoamericana, expediciones científicas y exilio científico.

Respecto a este último tema, señala que ha estudiado al grupo de biólogos que fueron al exilio americano, a la cabeza de los cuales estuvieron Ignacio Bolívar y su hijo Cándido, fundadores en 1940 de la revista Ciencia de la AMC. “El exilio científico español siempre me resultó atractivo por su esfuerzo y la maldición política que les persiguió. Esto me unía a este grupo porque también sufrí represalias por la dictadura de Franco en 1974-75 cuando yo era un joven estudiante de biología en la Universidad Complutense de Madrid”.

Y agrega: “También me resultaba muy atractiva la figura de José Cuatrecasas, exiliado en Colombia y luego en Estados Unidos, así como Fernando de los Ríos y el físico Blas Cabrera. La figura de algunos de ellos me interesa también por su compromiso político y su capacidad de reorganizar la ciencia en el exilio, especialmente en México”.

El investigador visitó nuestro país por primera vez en el año de 1992 con motivo de un congreso de historia de la ciencia y allí conoció a algunas personalidades con las que establecería futuras colaboraciones como el profesor Carlos López Beltrán y la historiadora de la botánica Graciela Zamudio, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Poco después tuvo contacto con el Laboratorio de dicha Facultad, dirigido entonces por la doctora Rosaura Ruiz —expresidenta de la AMC— y con su grupo hizo una muy buena relación para los estudios de historia de la biología y el evolucionismo.

“Años más tarde colaboré con Jaime Labastida —director de la Academia Mexicana de la Lengua— en el proyecto de edición de la obra de Mociño, tarea en la que continuamos. He tenido también colaboraciones con El Colegio de México, a través de la doctora Clara Lida y el doctor Pablo Yankelevich, y actualmente preparo un libro para una colección de historia mínima sobre el evolucionismo. Asimismo, colaboro con la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, a través de los profesores José Alfredo Uribe y María Teresa Cortés, entre otros”.

En reconocimiento a la estrecha colaboración que mantiene el historiador de la ciencia con académicos mexicanos y cuyos frutos han sido la publicación de artículos, capítulos y libros, el 2 de septiembre de 2016 en la Facultad de Ciencias de la UNAM se llevó a cabo la ceremonia de ingreso como miembro correspondiente a la AMC. Su principal proponente fue José Alfredo Uribe.

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