FILTRACIONES EN #YOSOY132

Análisis Polí­tico

Por: Gabriel Contreras Velázquez*

Gracias a la relevancia y el crecimiento que ha adoptado el “movimiento estudiantil” #YoSoy132 –después del enfrentamiento directo de los estudiantes de la Universidad Iberoamericana con el candidato puntero Enrique Peña Nieto el pasado 11 de Mayo- algunos analistas han dejado conocer un criterio sesgado al hablar de un movimiento “infiltrado” por los partidos polí­ticos opositores.

En un principio se habló de que fue Josefina Vázquez Mota quien habí­a alimentado las protestas en contra de Peña. Su hija, Marí­a José Ocampo Vázquez es también estudiante de aquella universidad, y es del conocimiento público su activismo a favor de la candidatura de su madre entre alumnos y profesores.

Más tarde, y nuevamente en los medios que manejan el control de daños del candidato priista (los más importantes: Televisa, Milenio y El Sol de México), se ha hablado con insistencia del flujo de apoyos que han recibido los jóvenes desde los partidos, funcionarios y gobiernos de izquierda.

Utilizando esos escenarios que los periodistas y columnistas en aquellos medios han propuesto –la última disertación la puede encontrar en el Sol de México del 8 de Junio, por Andrea Cataño Michelena- y asumiendo la posibilidad que dicho movimiento se encuentre infiltrado, se les ha olvidado el elemento de mayor relevancia dentro de la coyuntura que llevó a los universitarios a ocupar el lugar que hoy ostentan.

Independientemente que el movimiento #YoSoy132 pudiera encontrarse sustentado por los partidos de izquierda, el PAN, e incluso (en esta lógica del sospechosismo) algún sector incómodo dentro del mismo PRI, la vitalidad con la que hoy se organizan y mueven sus demandas se las regaló el mismo presidente nacional del PRI, Pedro Joaquí­n Coldwell; quien a su vez es catedrático en la misma universidad.

Sus desafortunadas declaraciones, unas horas más tardes de que Peña Nieto habí­a visitado aquella casa de estudios, fueron el combustible más poderoso para la detonación de la indignación y la cohesión de las y los jóvenes alrededor de una causa común: romper con la fuerza de la campaña del candidato puntero, y abrir un espacio social (es un error de análisis pensar que sólo es un lugar de estudiantes) para las demandas a favor de la democratización de los medios de comunicación.

Pedro Joaquí­n Coldwell con desatinada falta de experiencia se refirió a los estudiantes como “un grupo de jóvenes intolerantes… un puñado de jóvenes que no son representativos de la comunidad de la Ibero (que) asumió una actitud de intolerancia respecto a los planteamientos que hací­a nuestro candidato (Peña Nieto)”. No conforme con esto, también mencionó que habí­a percibido un “envenenamiento” en la actitud de los estudiantes.

El lí­der, al haber marcado la lí­nea discursiva de intolerancia hacia las manifestaciones de oposición a su candidato, generó una desbandada de comentarios agresivos en las redes sociales, en donde los jóvenes pro Peña y los pertenecientes al movimientos de “Ectivismo” pintaron a los estudiantes de la Universidad Iberoamericana como “porros” y “alborotadores”.

Fue el peor lugar para desatar una guerra de posiciones entre millones de ciberactivistas. El resultado: los jóvenes de la Ibero responden a Peña Nieto en un video, donde 131 de ellos muestran sus credenciales donde acreditan su estancia en esa universidad. La siguiente etapa de la coyuntura ya la conocemos y se llama #YoSoy132.

Ahora bien, recordemos que la desdichada aparición de Peña Nieto en un encuentro público entre estudiantes, con evidentes manifestaciones en su contra, y en contra del proyecto de paí­s que representa, forma parte de los recientes esfuerzos por acercar al candidato a una ciudadaní­a ávida de cuestionarlo y enfrentarlo, después de que su cí­rculo rojo decidió distanciarlo a raí­z de las sorprendentes respuestas que diera en la Feria del Libro de Guadalajara el año pasado.

Es por ello que la coyuntura del nacimiento y crecimiento del movimiento #YoSoy132, obedece a un inadecuado control de daños por parte del mismo PRI en todos sus niveles. Esto sucedió, en mayor medida, debido a que la clase polí­tica mexicana en general desconoce el potencial y la lógica interna con que las redes sociales se han constituido desde hace 2 o 3 años.

Por más que los “periodistas” pinten a cualquier partido de oposición como patrocinador del movimiento de ciberactivistas, e insistan que existen estrategias tendientes a la caí­da de su candidato a partir del uso de la movilización juvenil, es una falta de pericia y criterio pensar y realizar análisis periodí­stico –que no polí­tico- a partir de conjeturas desencajadas, al ver que su candidato pierde puntos en las preferencias electorales.

Lo peor que pueden hacer estos maestros de la información oportunista, es dar la espalda al origen del conflicto, y neciamente culpar a la oposición. Aun no entienden, y no les conviene prevenir, que estaban dadas las condiciones para vulnerar a su candidato.

A toda acción… múltiples reacciones.

Así­ como los espacios electrónicos se politizan, también cejarán presiones una vez que el proceso electoral culmine. Las redes sociales si bien conjugan un lugar común donde las expresiones corren por segundo, el tiempo de las mismas es efí­mero y no permite la construcción de un diálogo abierto, así­ como la construcción de un proyecto alternativo al que ofrecen los partidos polí­ticos.

Los temas que dominan la agenda en internet son de una amplia y variada gama de expresiones, ya sea de í­ndole comercial, pública o personal. Por lo que, si bien los ánimos y humores para debatir (o en otros casos sólo expresarse agresivamente y/o constructivamente) sobre la agenda pública en internet se verán mermados por otros tópicos informativos, se puede prever esta conducta para cada proceso electoral ya sea a nivel estatal o nacional.

Esto afecta de manera importante a los movimientos nacidos desde las Redes Sociales, puesto que ahora son ellos quienes tienen que mantenerse al tanto de la agenda de las comunidades virtuales. Es importante que estas movilizaciones de jóvenes comenzaran a tomar en cuenta que la polarización polí­tica está por definirse, y que dicho elemento es parte del espacio privilegiado en donde hoy se encuentran… Su tiempo -tal como lo conocemos hoy- se agota, como todo en las Redes.

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