El arquitecto como agente de resiliencia urbana

Por: Dra. Evelyn Ávila Verdugo, Directora de Programas de Arquitectura y Diseño de Interiores UAG

  • La formación del arquitecto mexicano enfrenta una urgencia que ya no puede esperar, diseñar para sobrevivir y habitar bien ante la nueva normalidad climática

Un problema que ya llegó a las ciudades mexicanas

El verano de 2025 y 2026 ha dejado en México registros históricos de temperatura: varias ciudades del país superaron los 45°C, mientras que lluvias extraordinarias provocaron inundaciones que afectaron miles de viviendas en zonas urbanas y periurbanas. No se trató de fenómenos aislados. Los expertos coinciden en que este es el nuevo escenario climático con el que las ciudades mexicanas tendrán que convivir de forma permanente.

Frente a esta realidad, surge una pregunta incómoda: ¿están las viviendas, los edificios y los espacios públicos mexicanos diseñados para responder a este entorno? En la mayoría de los casos, la respuesta es no. Décadas de construcción orientada al menor costo y al mayor volumen dejaron un parque habitacional altamente vulnerable al calor extremo, a la impermeabilidad del suelo y a la falta de ventilación natural. Las consecuencias las pagan primero quienes menos recursos tienen.

El problema no es solo ambiental: es también de salud pública, de cohesión social y de calidad de vida. Y tiene solución, si se forma a los profesionales correctos para enfrentarlo.

La arquitectura tiene un papel fundamental en la adaptación de las ciudades al cambio climático. Decisiones tan concretas como la orientación de un edificio, la elección de materiales con inercia térmica, el diseño de cubiertas vegetales o la integración de sistemas de captación pluvial pueden transformar radicalmente el desempeño ambiental de una vivienda y reducir su huella de carbono.

Sin embargo, para tomar esas decisiones, el arquitecto necesita formación específica: comprender los ciclos del agua a escala urbana, manejar herramientas de análisis bioclimático, conocer estrategias de diseño pasivo y activo, y ser capaz de articular soluciones técnicas con las necesidades reales de comunidades y familias.

Esta es precisamente la orientación que define hoy la formación en la Licenciatura en Arquitectura de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

Diseñar hoy el hábitat del mañana

Los arquitectos que se forman bajo este enfoque aprenden a proyectar espacios que respondan simultáneamente a tres dimensiones: el bienestar del usuario, la eficiencia ambiental y la viabilidad técnica y económica. Aprenden a leer el territorio, a anticipar riesgos climáticos y a proponer soluciones que sean tan funcionales como habitables.

Guadalajara, como muchas ciudades mexicanas de rápido crecimiento, enfrenta ya los efectos de la urbanización descontrolada: islas de calor, pérdida de cobertura vegetal, sistemas de drenaje insuficientes. Los arquitectos egresados de la UAG están formados para ser parte activa de la solución, no solo como proyectistas, sino como profesionales capaces de incidir en políticas de desarrollo urbano, en la industria de la construcción y en la educación de sus propias comunidades.

Porque construir bien no es solo un acto técnico. Es un acto de responsabilidad con el presente y con el futuro.

La nueva normalidad climática no es una proyección a futuro, es el presente de nuestras ciudades. No podemos seguir construyendo como si el clima no hubiera cambiado. México necesita una arquitectura que proteja, que enfríe sin contaminar, que capte agua en lugar de rechazarla y que ponga la salud y el bienestar de las personas en el centro del diseño.

Formar arquitectos capaces de responder a este desafío es, por tanto, una responsabilidad urgente. No se trata solo de diseñar edificios más eficientes, se trata de formar profesionales con conciencia territorial, compromiso social y dominio técnico para diseñar espacios donde se pueda sobrevivir al calor extremo y, sobre todo, habitar bien.

En la Universidad Autónoma de Guadalajara asumimos esa responsabilidad. Porque la arquitectura del mañana no puede esperar; se debe enseñar y proyectar hoy, desde las aulas.

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