Comer en México es 67 por ciento más caro que en 2018

  • El costo de vida de las familias mexicanas se ha encarecido, especialmente por el aumento de precios de la canasta alimentaria, de acuerdo con los datos analizados en el “Boletín de análisis económico” de la Escuela de Negocios ITESO.

Durante los últimos ocho años, el encarecimiento del costo de vida de los mexicanos se ha incrementado, especialmente al momento de comprar la canasta alimentaria, afectando a las familias de menores ingresos, reporta el número 31 del Boletín de análisis económico de la Escuela de Negocios ITESO (ENI).

Entre agosto de 2018 y marzo de este año, el costo de la canasta alimentaria se elevó 67 por ciento, un porcentaje superior al de la inflación en general, registrada en el Índice Nacional de Precios al Consumidor (45 por ciento) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Lo anterior significa que hace ocho años, una persona que vive en zonas urbanas necesitaba poco más de mil 500 pesos mensuales para satisfacer sus necesidades básicas alimenticias y librar la línea de pobreza extrema por ingresos. Ahora requiere dos mil 571 pesos mensuales.

En consonancia, un mexicano que radica en zonas rurales necesita mil 940 pesos para comprar los alimentos básicos que requiere para vivir. En 2018 requería mil 150 pesos.

“Esta brecha evidencia un deterioro más acelerado en el costo de los alimentos respecto al nivel general de precios, lo que afecta de manera desproporcionada el poder adquisitivo de los hogares de menores ingresos, cuya estructura de gasto se concentra en este tipo de bienes”, concluye el Boletín de análisis económico en su página 2.

En marzo de 2026, la línea de pobreza extrema por ingresos se elevó 8.1 por ciento anual en zonas urbanas y 7.9 por ciento en zonas rurales, casi el doble de lo que se incrementó la inflación (4.59 por ciento).

El alimento básico de mayor incremento en su precio es el jitomate, que en el último año se encareció 126.3 por ciento en zonas rurales y 28.8 por ciento en zonas urbanas.

Si añadimos el costo de la canasta básica no alimentaria, es decir, los costos del transporte público, educación y cultura, o los cuidados personales, encontramos que, de 2018 a la fecha, los precios se han incrementado 53 por ciento en el ámbito rural y 49 por ciento en el ámbito urbano.

Por lo tanto, hoy una persona que vive en las ciudades necesita ingresos de cuatro mil 940 pesos mensuales para librar la línea de pobreza por ingresos y solventar sus necesidades tanto de alimentos como de transporte y otros bienes básicos. En agosto de 2018 solo requería tres mil 100 pesos.

A su vez, un individuo que radica en las zonas rurales necesita tres mil 553 pesos mensuales para librar la línea de pobreza por ingresos. Hace ocho años el monto era de dos mil 200 pesos.

En el último año, el aumento de la línea de pobreza por ingresos fue de 5.9 por ciento en las ciudades y 6.1 por ciento en los pueblos, tasas ligeramente mayores a la inflación en general.

La situación actual de precios al alza ha generado más presiones a las familias de menores recursos para generar ingresos que les permitan tener un mínimo de bienestar.

“En zonas urbanas, una familia de cuatro personas requeriría de casi 20 mil pesos mensuales para no estar en pobreza”, apunta Elvira Mireya Pasillas Torres, coordinadora editorial del boletín.

Por lo pronto, el dato más reciente de la inflación general (4.59 por ciento), ya rebasó el rango objetivo del Banco de México (un punto porcentual por arriba o por abajo de 3 por ciento). Y aunque los alimentos siguen siendo los que más presionan el costo de vida en México (6.87 por ciento anual), el encarecimiento de los combustibles a nivel internacional empieza a ser un factor negativo para México, que ha intentado contener estas alzas con estímulos fiscales al Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS) en las gasolinas.

“A pesar de los subsidios, hay presiones fuertes en los precios de los energéticos que están afectando al transporte, y lo preocupante es que el incremento del precio de la gasolina tiene un efecto en cadena, ya que también aumentan los costos logísticos de transportes de mercancías y esto también tiene un efecto en los precios de los alimentos”, señala Pasillas.

Aunque los estímulos fiscales al precio de la gasolina pueden aliviar momentáneamente los bolsillos de los mexicanos, están afectando rubros como los ingresos tributarios de los estados y municipios, que requieren para sus obras y proyectos y obtienen en buena parte del IEPS.

Se desploma el empleo en Jalisco

La edición 31 del Boletín de análisis económico consigna que Jalisco está siendo particularmente golpeado por la desaceleración del mercado laboral que vive México desde hace casi tres años.

En el primer trimestre de este año, Jalisco registró siete mil 657 plazas formales, una cifra 73.4 por ciento menor a la registrada en el mismo periodo de 2025 (28 mil 754 empleos). La entidad ha perdido puestos de trabajo en sectores tan importantes como los servicios o el comercio, y solo se han generado empleos en industrias estacionales como la construcción, hoy en auge por actividades como la próxima Copa del Mundo de Futbol.

Pasillas enarboló otras razones de la caída del empleo en Jalisco, como un sector exportador cuyas ventas al extranjero no generan valor agregado en el resto de industrias locales o el incremento de costos laborales, que lleva al cierre de micro y pequeñas empresas y, por ende, a la pérdida de empleos formales.

De enero a marzo de 2026, México generó 207 mil 604 empleos formales nuevos, una cifra 8.4 por ciento inferior a la del mismo lapso de 2025, confirmando un mercado laboral frágil y con trabajadores más precarizados.

De noviembre de 2023 a la fecha, México ha perdido 56 mil 700 registros patronales, es decir, empresas que cierran operaciones o se desvinculan del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

“Una economía que no fomenta la creación de empleo formal, sin incentivos para que las empresas formales se mantengan y evitar los cierres, perjudica a la economía en general, porque hay menos empleos formales, los ingresos son más precarios, afecta al consumo y las empresas producen menos. Estamos atrapados en un círculo vicioso que no se puede romper y no se ve cómo se vaya a romper”, manifiesta Pasillas.

Para ahondar en los datos más recientes de inflación y empleo, así como la exportación de vehículos pesados o la actividad industrial, revisa el Boletín de análisis económico en https://ite.so/boleconomi31.

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