ESPECIALMENTE PARA TI

Por: Luz Marí­a Cisneros de Castañón

Me dirijo a ti,  sintiendo en lo más profundo que me dirijo a un ser humano que bien pudiera ser una persona a la que conozco, respeto y por qué no, también quiero.

Pero antes, voy a ir  más allá de imaginarme un rostro o una silueta, me gustarí­a materializar tus sentimientos, tus pensamientos y tus emociones y platicar con tu espí­ritu, esa esencia y presencia invisible, que nos hace diferentes a los animales que son mero instinto y nos convierte en seres humanos.

Por lo tanto, tu espí­ritu será para mí­, una brillante luz, la cual me escuchará como si yo fuera una persona a quien respeta y por qué no, también quiere. Y te pido que me escuches, porque quizá mi voz sea la voz de decenas, centenas y miles de personas que quieren ser escuchadas por ti. ¿Sabes?, las familias zacatecanas y la mayorí­a de familias, de nuestro amado paí­s, vivimos una etapa de angustia, de stress, de dolor y de miedo que nos lacera el cuerpo, el alma y el espí­ritu.

Es cierto, tratamos de adecuarnos a las nuevas circunstancias y  de seguir desempeñando nuestros roles cotidianos. Pero nos duele y preocupa profundamente que nuestros hijos, esposos(as), nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros hermanos, nuestros nietos, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo y aún aquellas personas que no conocemos; estén en peligro  de ser inducidas en el consumo o venta de drogas, de ser secuestrados, de ser masacrados, de ser violentados fí­sica o emocionalmente; por personas que como tú, pertenecen a ese mundo del llamado crimen organizado, o bien en el mundo “espejo” de quienes sin pertenecer a éste, siguen su escuela.

Lo que te quiero decir en esta primera ocasión, es que desconozco los motivos por los que estás inmerso en un mundo tan complejo, tan confuso, tan oscuro. ¿Sabes?, no creo que seas un ser sin escrúpulos, sin conciencia y sin alma, a quien no le importa secuestrar o envenenar el cuerpo y el espí­ritu de niños, jóvenes y adultos; o secuestrar, mutilar o matar a alguien con tal de sentirte superior a los demás, a través de la posesión del dinero, o del renombre que con ello puedas lograr.

¿De verdad todo ello te hace feliz?

¿Te hace feliz tener un arma en la mano y saber que casi eres Dios, para conceder o denegar el privilegio de vivir a alguien? ¿De verdad te hace feliz poseer mucho dinero, con el que te puedes comprar todas las cosas materiales que soñaste; pero nunca el verdadero amor, la paz, la tranquilidad y el respeto de los demás? ¿De verdad te hace feliz todo lo que vives y haces?

Mi querido espí­ritu convertido en luz,  ignoro tus respuestas a cada una de mis preguntas. Pero nuestra comunicación no ha terminado, te pido, te ruego,  me des la oportunidad de seguir  acercándome a ti. Hasta pronto.

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