¿EL PACTO ES FÓRMULA?

Gabriel Contreras Velázquez

¿Por qué retomar la iniciativa de generar consensos al interior de la LXI Legislatura, en Zacatecas, y hacia afuera, con el poder ejecutivo y judicial estatales, mediante un pacto local? La respuesta de los legisladores nos ayudaría a conocer, con mayores elementos, las premisas que les han permitido concluir que en el estado es necesario llamar a la conciliación ante la inmovilidad del trabajo de los representantes populares en el Congreso.

¿Qué el consenso es necesario para empujar una serie de iniciativas legales? No da lugar a duda dicho enunciado. Sin embargo, el contexto que rodea la aplicación del mismo, impone condiciones únicas que, por el momento, no parecen favorecer un escenario donde las fuerzas políticas en Zacatecas (incluyendo al sector empresarial, la sociedad civil, los organismos autónomos, etc.) busquen construir una agenda en común.

Para empezar, las candidaturas a diputaciones mostraron un frente de lucha electoral que en momentos parecía irreconciliable. Los candidatos del partido en el gobierno dedicaron buena parte de su campaña a reafirmar el trabajo del gobernador del estado, mientras se apoyaban en la amistad de dicho poder político con el presidente Peña Nieto. Auguraban que con la ayuda de un presidente “amigo”, a Zacatecas irremediablemente le iría “bien”.

En lo local, las demandas ciudadanas fueron amortiguadas con los proyectos de políticas de gobierno locales, plasmadas en el Plan Estatal de Desarrollo 2011 -2016. No creyeron necesario un diagnóstico preciso de los resultados de dichas políticas de gobierno (que no es lo mismo que políticas públicas), herramienta que no necesariamente significaría la crítica a su propio gobierno, sino que indicaría la apertura de criterio en la forma de gobernar, y la visión de desarrollo que imponen en sus acciones. Todo ese fue obviado por el partido que hoy constituye la mayoría simple de la LXI Legislatura zacatecana.

Del lado de la oposición, después de una accidentada coalición de fuerzas entre PAN y PRD, elemento que cohesionó el mediatismo electoral de sus campañas, y que fue alimentado por el desprestigio total de la autoridad electoral en los medios de comunicación, así como dentro de los círculos políticos que integraron el mapa político durante el pasado proceso electoral, olvidaron construir aquella “agenda opositora”, donde se nos explicaba que existían “visiones en común” con las cuales articularían el trabajo legislativo.

Inclusive hubo fuerzas electorales que consagraron el discurso y la oferta representativa en acusar al “modelo neoliberal” de todos los males que aquejan al país, y por ende al estado. Los candidatos del Partido del Trabajo, así como el independiente Raymundo Cárdenas, debatían

postulados teóricos en economía y política, mientras los demás candidatos buscaban aterrizar las propuestas legislativas en base al presupuesto y las deficiencias que la ciudadanía acusaba.

Su suerte de candidatura a base de la cátedra político, económica, electoral y social buscó identificarse con las juventudes más radicales, al mismo tiempo que alimentaba el debate en el grupo de intelectuales votantes (lo cual implica cierta influencia en la familia, escuela, amistades y vecinos), para apropiarse de ese bloque votantes, que si bien son apenas una minoría identificada, ayudaría para mantener el registro del partido y colocar en cuarto lugar de preferencias al independiente.

El partido Movimiento Ciudadano respaldó la estrategia votante en conseguir candidatos que pudieran financiar sus campañas (debido a que los dineros de los partidos son apenas suficientes), y exhibir mediáticamente su propuesta de gobierno, a partir de la denostación de otros candidatos y sus campañas políticas.

Por último, Nueva Alianza en Zacatecas sufrió la amarga traición de los acuerdos a medias con el partido en el gobierno para ir juntos en algunas candidaturas. Mientras que el Verde Ecologista desafiaba abiertamente el poder del gobierno en la capital, consiguiendo una candidatura que pusiera en peligro la elección en el municipio de Zacatecas.

Todos estos son algunos antecedentes con los que ahora, algunos legisladores pretenden tomar como remedio infalible el consenso legislativo mediante un pacto de fuerzas políticas. La situación resulta grave, porque implica que los legisladores con que contamos no tienen la capacidad e imaginación suficiente para generar propuestas que contengan, implícitamente, el diálogo y la conciliación que resulten en demandas viables de las bancadas, el ejecutivo, el judicial, organismos autónomos y sociedad civil.

Embarazoso aun más, cuando uno de los legisladores perredistas a quien se le imputa la gestión de dicho pacto, ha sido expuesto en los medios de comunicación apenas unas semanas después. Si efectivamente buscaba o no cambiarse de partido, si lo logró o no, si había dinero de por medio, la información dada a conocer en una columna de murmuraciones políticas ha depreciado su gestión legislativa en sus primeros días. Su falta de olfato político coincide con su corta carrera política. Y apenas empieza.

*LICENCIADO EN CIENCIAS POLÍTICAS Y ADMINISTRACIÓN PÚBLICA (UNAM)

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