El desafío de cursar una carrera siendo madre y estudiante: Paulina Morales

Zacatecas, Zac.-En la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), también hay historias que transcurren entre cuadernos, libros y cuidados. Son trayectorias en las que la maternidad y la vida académica se entrelazan, y donde el estudio continúa incluso entre pausas marcadas por la crianza y las responsabilidades del hogar. En este contexto, diversas estudiantes enfrentan el reto de combinar su formación universitaria con la maternidad, un proceso que implica reorganizar tiempos, espacios y rutinas, pero que también se convierte en parte de su experiencia dentro de la institución.

Paulina Morales Caldera, estudiante de octavo semestre de la Licenciatura en Historia en la UAZ, combina su formación universitaria con la maternidad y la vida familiar. Madre de un niño de cuatro años, un hijastro de once y en espera de otro bebé, organiza su rutina entre el cuidado de sus hijos, las actividades académicas y las responsabilidades del hogar, en una dinámica que se adapta de manera constante a las exigencias del día a día.

Paulina se define como una mujer “movida”. “He aprendido a transitar en muchas cosas desde que soy pequeña”, comenta. Recuerda que el trabajo de su madre, quien colaboró en instituciones como el Instituto Zacatecano de Cultura (IZC), el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y distintos museos, le permitió tener un acercamiento temprano al ámbito cultural y artístico.

Ese contacto se fortaleció a través de programas como Alas y Raíces, donde su madre la llevaba a cursos de verano y talleres dirigidos a niñas y niños. “Estaba en contacto con más niños y, como era hija única, trataba de hacer más amigos”, explica. Esa experiencia influyó en su interés por el trabajo con la infancia y el arte, lo que la llevó en un primer momento a estudiar para maestra de educación

Posteriormente, Paulina decidió continuar con su segunda licenciatura y, en medio de la pandemia, ingresó a la Licenciatura en Historia, poco tiempo después del nacimiento de su hijo. En ese contexto, la educación a distancia se convirtió en una herramienta que le permitió seguir con sus estudios mientras atravesaba las primeras etapas de la maternidad.

Para ella, estudiar Historia no solo responde a una elección académica, sino también a una inquietud personal por comprender el mundo desde sus orígenes. Ese interés por el conocimiento ha estado presente desde etapas tempranas y ha contribuido a configurar una trayectoria marcada por la curiosidad y el aprendizaje constante.

Entre clases virtuales y el cuidado de su hijo, Paulina recuerda esa etapa como un proceso intenso, pero posible gracias a la flexibilidad del modelo educativo y a la empatía de algunos docentes que comprendieron su situación. “Tenía la computadora encendida para escuchar las clases mientras daba pecho. En ese momento lo que me motivó fue mi hijo y el ejemplo que yo sabía que le iba a dar”, dice.

En su trayectoria universitaria, Paulina también ha atravesado momentos de profunda complejidad emocional y familiar. Uno de los más difíciles ocurrió cuando su madre enfermó de cáncer en etapa avanzada, al mismo tiempo que ella comenzaba su vida como madre y estudiante. Como hija única, tuvo que asumir responsabilidades familiares, trámites médicos y acompañamiento en una situación que implicó desplazamientos y procesos dolorosos, hasta el fallecimiento de su madre en la Ciudad de México. En ese contexto, la idea de abandonar la escuela estuvo presente.

“Hubo un momento en el que pensé en dejarla”, reconoce. Sin embargo, el acompañamiento de su tutora y el apoyo institucional fueron decisivos para continuar, aunque fuera de manera gradual, cursando al menos una materia por semestre. Esa decisión, dice, no fue sencilla, pero terminó convirtiéndose en un punto de continuidad en medio de la incertidumbre.

Su camino está marcado por la constancia y el esfuerzo personal, pero también por una red de apoyo integrada por su esposo y, de manera especial, su suegra, así como por algunos docentes y compañeros que han facilitado su permanencia en la universidad. En distintas ocasiones ha llevado a su hijo a clases, integrándolo de forma natural a su entorno académico. “Él me ve, me acompaña, y eso también lo forma a él”, señala.

Actualmente, desarrolla una investigación centrada en el patrimonio y las fincas antiguas, con especial interés en la Casa del Cobre, un inmueble recientemente rehabilitado como centro cultural. Explica que este espacio llamó su atención por su valor histórico y por el proceso de transformación que ha vivido, al pasar de ser una finca en deterioro a un espacio de encuentro cultural, social y gastronómico. “Era una finca que ya estaba cayendo, estaba muy deteriorada, pero tiene mucha historia. Ahí estudió mi abuela y forma parte de la memoria de muchas familias”, comenta.

Desde su perspectiva, este tipo de proyectos abre la posibilidad de repensar el uso de los espacios históricos en Zacatecas, particularmente aquellos que aún se encuentran en proceso de abandono o deterioro. Considera que su recuperación como centros culturales o comunitarios puede fortalecer la vida social y artística de la ciudad.

Al reflexionar sobre su experiencia, Paulina comparte: “Ser madre y estudiante es algo muy significativo, porque te das cuenta de que, como mujer, puedes lograr cosas inimaginables; tenemos capacidades que me parecen espectaculares. Claro que no es fácil, todo cuesta, pero vale la pena la satisfacción que da”.

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