Miguel no tiene la culpa

Por: Gabriel Contreras Velázquez

Foto: Misael Camarillo / MIRADOR

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Zacatecas, Zac.-No tiene la culpa de la anticipada salida de Pedro de León de la contienda por la candidatura a gobernador en el Revolucionario Institucional local, de la carencia de unidad al interior de ese partido tomando como indicador dicha ruptura, del mínimo crecimiento de su delfín en las encuestas, del conflicto interno en su gabinete cuando unos apuestan por Carlos Peña para sucesor y otros más defienden por Alejandro Tello el derecho de candidatearse debido a su entrañable amistad con Miguel.

De la fallida operación política para llevar a buen puerto la aprobación de un nuevo empréstito. De que algunos diputados de su bancada lo hayan dejado fuera de esa jugada. De un plan emergente de gestión de recursos antes que de reestructuración financiera. De la crisis financiera en los municipios gobernados por ayuntamientos de su partido. De la limitada operatividad en que se encontrará la educación superior pública local, el Proceso Electoral, dependencias, organismos autónomos y otros afectados, resultado inmediato no haber firmado el cheque legislativo la semana pasada (suena más a capricho que a urgente rediseño presupuestal).

Así es. Miguel, en todo esto, no tiene la mínima de las culpas, faltas, incumplimientos, fallos y/o tropiezos. Al menos no por comisión.

Miguel no provocó la disparidad de condiciones en la contienda interna en el PRI para definir al candidato sucesor. En eso sí han sido claros Pedro de León y Margarita Alonso. En sus pronunciamientos no hay acusaciones expresas en contra del mandatario. Insisten siempre en que los de “alrededor” son quienes lo mal informan, los que le pintan una realidad distinta, los que trabajan en contra de sus indicaciones, los que le meten el pie, los que no cumplen con sus indicaciones, los que limitan sus proyectos, los que piden diezmo (peseta y similares), los corruptores (Francisco Escobedo y similares), los de la opacidad, los oportunistas (Chema González y similares), los de la impunidad (Agustín Jaime Ortíz, Mario Rodríguez Márquez, y similares), los de la oposición que siempre buscan aprovechar los momentos políticos para tergiversar su proyecto de gobierno.

Si el escenario se asemeja a la sobre protección que sufre un menor en brazos de sus padres, donde el pequeño infractor nunca es el de los yerros sino únicamente los lamentables factores exógenos, entonces podríamos decir que el mandatario zacatecano ha vivido lejos del uso del poder. Poder que conlleva corresponsabilidad (jurídica y política) de los actos que se realizan en su nombre.

Miguel, el que puede tardar días, meses, incluso años, en tomar una decisión –pocas veces propia, puesto que en su mayoría son consultadas, meditadas y valoradas distintas veces, con diversas voces- no es culpable de su parsimonia, limitadas contundencia y asertividad frente a las coyunturas políticas y económicas.

Y todo esto no lo dice quien escribe esta columna. Esa cascada de argumentos frágiles y quebradizos nace, nada más y nada menos, que del interior de su grupo de trabajo, de su familia, de sus amistades y de su partido. Vaya, entre quienes aspiran a la candidatura de su partido se confirma esa versión. El senador Tello y el presidente municipal Carlos Peña, fueron quienes más se acercaron -sin analizarlo previamente- e hicieron suyas las suposiciones que sostienen una pésima estrategia de comunicación política rumbo al final del sexenio de su inseparable amigo.

Ese arrojo para defender al joven gobernador manifiesta indudable lealtad, matiz positivo para la relación política entre estos dos funcionarios y Miguel Alonso, pero por otro lado nutre la narrativa que erosiona el uso y ejercicio del poder del Ejecutivo estatal, al ser Miguel el centro de la polémica por sus constantes omisiones frente a quienes debe de exigir resultados (gobierno, partido, bancada legislativa, etc.).

No así si hablamos de Pedro de León. El ex delegado federal fue el primer actor político del Proceso Electoral que evidenció distanciamiento práctico con el gobernador. Con o sin la venia del primer priista del estado, Pedro no sería otra cosa que un plan B, o un enemigo político de la candidatura que Miguel propone en su imaginario del proceso sucesorio (con destinatario bien definido: Alejandro Tello). Ambas opciones demeritan el clima político y de ansiada unidad en el Revolucionario Institucional. Ambas opciones pasarán factura al mandatario.

Pero no, para la clase política que juega del lado del gobernador, Miguel sigue sin tener la culpa. Entre ellos seguirán repartiendo los negativos para que no alcancen a manchar (más) la reputación de su gobernador.

Hacia el final del sexenio Miguel seguirá siendo el político de liderazgo único e incomparable. Miguel no deberá sentirse aludido cuando se hable de inseguridad (Nacho Valenzuela dixit). Miguel no deberá preocuparse si Tello no obtiene la candidatura a gobernador. Al fin y al cabo todos los factores externos son hoy los responsables.

Escenario perfecto para traiciones a diestra y siniestra.

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