La infancia también es víctima de la violencia de género

Por: Berta Blanco

NiñaSemMéxico/AmecoPress. Madrid, 26 de mayo de 2016.   En los últimos 16 años, 92 personas menores han sido asesinadas por parejas o ex parejas de sus madres. El régimen de visitas es, en estas ocasiones, otra forma más de violencia contra las mujeres. Los y las menores pueden ser utilizadas como un medio para chantajes, reproches y violencia indirecta.

En 2013, España se sumó a una Estrategia Nacional para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer. Desde este plan, se considera que una de las características de las víctimas es la invisibilización y la dificultad a la hora de hablar de cantidades. Y es que los números de menores asesinados solo pueden encontrarse en asociaciones privadas, como la de la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas, que lleva una estadística propia desde hace 17 años.

La Ley de Violencia de Género está incompleta, especialmente en el caso de menores. Numerosos colectivos feministas exigen que el régimen de visitas se rompa siempre que haya un maltratador de por medio. Y es que a día de hoy, esta decisión depende de un juez. “Una denuncia por malos tratos no tiene ninguna repercusión de cara al régimen de visitas”, informa a AmecoPress Ángeles Álvarez, política socialista y activista feminista.

El juez –según la ley- “podrá ordenar la suspensión de visitas del inculpado por violencia de género a sus descendientes”. Y ese “podrá” es demasiado subjetivo. “Frente a este hecho, no puede establecerse que ‘podrán’ suspenderse las visitas, deberían estar privados de este derecho por la propia realidad del delito”. Es la opinión de Alicia García, graduada en derecho por la Universidad Autónoma de Madrid e interesada en temas de infancia.

“Los jueces no consideran esos temas en la práctica, a pesar de todas las estadísticas… Ya no solo una denuncia, ni siquiera una condena firme tiene efectos en el régimen de visitas”, advierte Ángeles. Las estadísticas de la ya mencionada Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas dicen que, desde 1999, 92 menores han sido asesinados por parejas o ex parejas de sus madres, como víctimas de violencia de género.

Caso Ángela González

“Hay casos preocupantes y, en ocasiones, cuestan la vida”, comenta la política socialista. Ángela González Carreño es un claro ejemplo en toda esta problemática. El asesinato de su hija a manos del padre durante el régimen de visitas convierte a madre e hija en víctimas de violencia de género. Ángela, que presentó más de 40 denuncias en distintos municipios, exige una responsabilidad por parte de la Administración. La obligación para cumplir el régimen de visitas provocó la muerte de su hija a manos de su padre que, acto seguido, se suicidó.

El terrible acontecimiento que rodea a Ángela, le lleva a afirmar que “un padre maltratador siempre manipulará a los hijos y tratará como una moneda de cambio con el único objetivo de hacer daño a su propia madre”. Es cierto: los menores pueden ser también utilizados como instrumentos de violencia contra las mujeres. Todo es más sencillo cuando hay hijos o hijas de por medio. Más aun cuando se trata de menores, que tienen la obligación de cumplir el régimen y no pueden decidir con quién permanecer. Y es que, ocurre con frecuencia, según confirma Ángeles Álvarez, que “sus hijos o hijas son un medio por el cual siguen controlando, acosando y chantajeando a las víctimas”.

Problemas de todo tipo: no solo es lo que se ve

El asesinato es el caso más extremo de violencia de género ejercida sobre el o la menor. Pero bajo esa superficie reside una violencia diferente: la exposición a la violencia contra las madres y el maltrato directo. Y es que es más probable que un menor sea objeto de violencia si su madre también lo es. “La ley misma reconoce que menores testigos, o que la sufren, también son víctimas de la violencia de género”, indica Ángeles, pues en 2015 se incluyó dicha reforma en la Ley de la Infancia y la Adolescencia. Ambas formas de violencia pueden ser equivalentes porque provocan daños semejantes.

Además de que la violencia de género deja en situación de orfandad a muchas y muchos menores, también pueden ser quienes sufran la violencia hasta el asesinato. La Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas afirma que “en 2013 hubo 42 nuevos huérfanos; 41 en 2014 y 20 en 2015. En el mismo periodo, los maltratadores de mujeres también asesinaron a 14 niños”.

“Cuando el juez establece visitas sin garantías, se genera una relación de violencia –informa Álvarez-, y se refuerza un vínculo que los profesionales piensan que hay que romper”. Desde fundaciones por los derechos de menores, como Save The Children, se entiende que los niños y niñas de las mujeres son también víctimas, especialmente “por su dependencia y porque la violencia tiene consecuencias en su desarrollo”.

Las secuelas de los y las menores pueden ser enormes si son víctimas de la violencia de género. Según un Informe del Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer, pueden verse afectados en cualquier área del desarrollo: desde trastornos emocionales y de conducta hasta físicos o cognitivos. De entre una larga lista, podemos destacar la ansiedad, la depresión, los trastornos traumáticos, los retrasos en el aprendizaje y desarrollo, las conductas autodestructivas o la violencia hacia los demás.

El síndrome inventado: SAP

En numerosas ocasiones se utiliza un “síndrome” totalmente inventado, “con un fondo ideológico, que afecta a la dignidad de las mujeres”, según confirman colectivos feministas como la Asociación Feminista Leonesa Flora Tristán. Además de carecer de validez para instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) afirma que “términos tales como alienación parental pueden ser usados para culpar a las mujeres de los miedos o angustias razonables de los niños hacia su padre violento”. En ningún caso este supuesto “síndrome” debe tener validez ante un proceso judicial.

Datos alarmantes

Una macroencuesta de Violencia Contra La Mujer realizada en 2015 y dirigida por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, presenta unos alarmantes datos. Las mujeres víctimas de violencia física, sexual o miedo de sus parejas o exparejas admiten en el 63,6 por ciento de los casos que sus hijos e hijas presenciaron esas situaciones de violencia. Muchos de ellos, además, eran menores de 18 años cuando tuvieron lugar los hechos. “Sería importante estar alerta todos los datos y casos, tan preocupantes”, cuenta Álvarez.

La violencia no solo se dirige a las mujeres; los hijos e hijas son también víctimas de esas situaciones. En casi la mitad de estos casos, los menores han sido las víctimas directas de los agresores de sus madres. La infancia es especialmente vulnerable y, por ello, se han de tener en cuenta todos estos problemas. “La mejor manera de proteger a un menor es protegiendo a sus madres”, concluye Ángeles Álvarez.

A pesar de todo, el barómetro del CIS de febrero de 2016 confirma que la violencia contra las mujeres –que, hemos comprobado, también afecta a menores- solo es señalada como un gran problema nacional por el 1,6 por ciento de la población. Porque siempre se consideran otros grandes problemas por encima de las mujeres.

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