Pensar el poder, la política y la violencia desde el psicoanálisis

La filósofa Rosaura Martínez Ruiz en su trabajo de investigación analiza los mecanismos psíquicos del poder. Reinterpreta algunas ideas de Sigmund Freud como los conceptos de pulsión de muerte y pulsión de vida. Una forma de fortalecer colectivamente la pulsión de vida en la sociedad mexicana es, desde su perspectiva, el activismo político, protestar y denunciar los abusos de poder, actos con los que se han logrado revoluciones en el campo social (Foto: tomada de: pueblaonline.com.mx.)

La filósofa Rosaura Martínez Ruiz en su trabajo de investigación analiza los mecanismos psíquicos del poder. Reinterpreta algunas ideas de Sigmund Freud como los conceptos de pulsión de muerte y pulsión de vida. Una forma de fortalecer colectivamente la pulsión de vida en la sociedad mexicana es, desde su perspectiva, el activismo político, protestar y denunciar los abusos de poder, actos con los que se han logrado revoluciones en el campo social (Foto: tomada de: pueblaonline.com.mx.)

Zacatecas, Zac.-Rosaura Martínez Ruiz, académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), plantea que la teoría psicoanalítica constituye una poderosa herramienta heurística —forma de buscar la solución a un problema— para abordar conflictos apremiantes de la filosofía política. Argumenta que es importante estudiar los mecanismos psíquicos del poder y reconocer en la naturaleza humana una pulsión de muerte o de destrucción y que en política se debe combatir.

 Bajo este marco conceptual, la investigadora sostiene que México es un país altamente violento, en el que la sociedad se enfrenta a fenómenos como los feminicidios, secuestros, violaciones o desapariciones forzadas. Esta pulsión de destrucción se vio representada en la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa, Guerrero, en 2014, acontecimiento que ha sido un caso de análisis para Martínez Ruiz y está plasmado en un texto, aún inédito y en proceso de revisión, donde pone de manifiesto la importancia de la verdad en política.

 “En mi análisis elaboro un argumento fuerte para exigirle al Estado que devele la verdad de lo sucedido, del destino de los estudiantes y de los culpables de su desaparición. Hay muchas irregularidades en la investigación judicial y el Estado tiene que responsabilizarse. Conocer la verdad de los hechos es un compromiso ético con las familias de los desaparecidos, porque tener a las familias sin saber qué pasó, les condena a un estado melancólico permanente, me parece que eso es crueldad y un Estado democrático no se lo puede permitir”, expuso la investigadora.

 Pero la deuda no solo está pendiente con los familiares, el núcleo cercano, sino con la sociedad, agregó Martínez Ruiz, porque en términos más políticos, más comunitarios, conocer la verdad permite saber cómo evitar acontecimientos de estos niveles de violencia. “Una herida abierta es un espacio idóneo para enfermedades terribles, esa herida tiene que cerrar para que no haya infecciones”.

 La profesora del Colegio de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras abrió una línea de investigación totalmente novedosa en la que sitúa la teoría psicoanalítica como central para la filosofía política de los siglos XX y XXI, así como para algunas construcciones ontológicas, éticas y estéticas. Reinterpreta algunas ideas de Sigmund Freud —el padre del psicoanálisis—, y retoma de su obra “Más allá del principio del placer” los conceptos de pulsión de muerte (Tánatos) y pulsión de vida (o Eros), que en este contexto puede contribuir a la construcción de un espacio político no violento y democrático.

 “Para Freud la vida o lo psíquico es eso que se juega entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte”, dijo Rosaura Martínez. En sus análisis y reflexiones, la académica retoma ideas de las filósofas Judith Butler y Hannah Arendt, quienes escribieron sobre el papel de la verdad en la política, la ética y ciencia política. Harendt plantea que para que exista cierta sanidad en una comunidad es indispensable que se devele la verdad de los hechos.

 “Falta deconstruir los mecanismos psíquicos del poder, de la marginación, exclusión y aniquilación de grupos vulnerables, así como analizar los alcances de la pulsión de destrucción y la posibilidad de combatirla con fines eróticos (pulsión de vida). Buscar la forma de construir unidades sociales cada vez más incluyentes y complejas, lograr la cohabitación, sí, en inevitable tensión, pero cuyos conflictos no se traduzcan en violencia sino en un tejido sociopolítico complejo”, destacó la filósofa.

 Una forma de fortalecer colectivamente la pulsión de vida en la sociedad mexicana es, desde la perspectiva de la investigadora, a través del activismo político, tomar las calles y los espacios públicos para protestar y denunciar los abusos de poder. Con estos actos se han logrado revoluciones tales como la legalización de los matrimonios igualitarios y la interrupción del embarazo.

 “La política es la actividad que podemos considerar esencialmente humana y me parece que además tiene que ser estudiada porque es eso que define el espacio de la cohabitación; es decir, cómo compartimos el espacio, los recursos y el tiempo con los otros”, señaló Martínez Ruiz y aclaró que cuando se refiere a diseñar espacios democráticos es para señalar que todos los espacios se distribuyan de una manera más justa.

 “En tanto pensamos a la política como una actividad humana, se necesita saber qué es lo humano y creo que desde la filosofía política han sido poco estudiadas sus pasiones, sus pulsiones y las posibilidades de la cohabitación”, sostuvo

 Rosaura Martínez Ruiz recibió el Premio de Investigación 2017 de la Academia Mexicana de Ciencias, en el área de humanidades. Esta distinción tiene como objetivo reconocer la trayectoria académica de científicos jóvenes. Sobre el galardón, la premiada comentó que supo de él porque la AMC es una organización conocida en el medio académico.

 “Hago un reconocimiento a la Academia por la diferencia de edad entre hombres y mujeres que permite para este premio (de 43 años para investigadoras y 40 para investigadores). Me parece que esos tres años de diferencia, en mi caso, fueron muy importantes porque tengo dos hijos, un niño de 14 años y una niña de 10 años, y los primeros años de crianza implicaron una baja en el ritmo de trabajo académico”, comentó.

Etiquetas

Noticias relacionadas

Top