VIERNES SANTO: VIVIR PARA CONTARLO

Referente periodí­stico…

Por Gerardo DE íVILA (*)

Escribo, no para desnudar la realidad que vivimos las y los zacatecanos hace un año, sino para recordar los hechos ocurrido el Viernes Santo de 2011, cuando una feroz estampida humana rebasó todos los protocolos de seguridad.

18:00 horas, me encontraba ya con mi familia, frente a lo que se conoce como Sanborns, -uno de los establecimientos del hombre más ricos del mundo: Carlos Slim-, en la avenida Hidalgo, esperando ver la tradicional Procesión del Silencio. Como cada año, entrada la tarde-noche las calles lucí­an abarrotadas de gente.

20:45 horas, habí­a seguridad suficiente en calles y avenidas por donde pasarí­a y pasó la Procesión del Silencio. Lo inverosí­mil, es dí­a, fue que algunos policí­as corrieron ante el grito: “hay una “balacera”, lo que asustó más a la gente.

Intempestivamente, la seguridad personal del gobernador Miguel Alonso Reyes, quien era acompañado por el Obispo Carlos Cabrero Romero (por cierto, esta semana designado ya Arzobispo de San Luis Potosí­) fueron metidos de inmediato al Hotel Santa Rita. Minutos después saldrí­an en calma.

20:50 horas, las calles se vaciaron, aunque luego todo volvió a la normalidad, pero ya no fue lo mismo. Si hubo gente, pero no la de siempre. Ese Viernes Santo, como en botica, hubo versiones de toda naturaleza, desde las más serias hasta las más chuscas.

Aquí­ algunas de ellas:

1) Que una persona hizo disparo al aire en el Callejón de Veyna. Tres militares vestidos de civil lo detuvieron. Parece que sí­ ocurrió.

2) Que un “foquito” que alumbraba una imagen religiosa en la avenida Fernando Villalpando estalló y se armó la confusión. Según la versión del procurador Arturo Nahle Garcí­a, dicha explosión del “foquito”, fue lo que aparentemente provocó la estampida humana.

3) Que sí­ hubo balacera. Al final, en conferencia de prensa se informó que no hubo tal. El propio gobernador dio la cara.

4) Que dos grupos de jóvenes se lidiaron a golpes cerca del Rebote de Barbosa. El que el pleito vino a terminar en el Callejón de Veyna y eso creo confusión. Los gritos alarmaron la gente.

5) Que en la avenida González Ortega, a la altura de lo que se conoce como el Caballito, que sí­ hubo enfrentamiento. De inmediato, la autoridad desmintió la versión, que fue la que hizo huir a buena parte de los asistentes.

6) Y, para no abonarle más al tema, que el pleito habí­a sido entre policí­as. Hubo otras versiones, pero la realidad, es que el Viernes Santo de 2011 quedará en la mente de muchas y muchos zacatecanos y turistas.

Ahora bien, lo que sí­ hubo fue pánico y temor. La inmensa mayorí­a de la gente ya no presenció la Procesión del Silencio.

Ocultar aquel Viernes Santo a nadie beneficia, como se intentó hacer en su momento. Al final, afortunadamente, regresó la calma, pero el grueso de la población se retiró a sus casas. Los establecimientos que aún se encontraban dando servicio cerraron sus puertas por varios minutos, entre ellos, Sanborn´s.

Que arrojó aquel dí­a a la sociedad de Zacatecas y por supuesto, a quienes hoy ostentan el poder. Entre otras cosas, que no hay la suficiente cultura para comportarnos ante un acontecimiento de esa naturaleza.

Fue evidente, que los protocolos de seguridad fueron rebasados. Por un momento, la autoridad fue incapaz de informar. Cuando este modesto periodista preguntó a un elemento de tránsito, en la esquina de Allende e Hidalgo, qué estaba pasando el servidor público me dijo “no sé”, pero nunca ayudó a la gente que lo requerí­a.

En resumen, estas modestas lí­neas son tan sólo para recordar el acontecimiento de hace un año, no para evidenciar a nadie. Simplemente, ocurrió el hecho y punto. En unas horas, acudiremos otra vez a ver la Procesión del Silencio.

No faltamos a la palabra, cuando decimos que el tema de la inseguridad pública mantiene a la sociedad mexicana en la psicosis. La realidad es que hay y sigue habiendo temor por la triste realizad que vive el paí­s desde hace años.

Qué nos dejó aquel Viernes Santo:

a) Entre otras cosa, que como sociedad no tenemos, una cultura para sabernos comportar ante un acontecimiento como lo es una estampida humana.

b) Los protocolos de seguridad, es decir, el operativo que se montó, simplemente fue rebasado. Hay evidencias, que hasta los policí­as preventivos corrieron.

c) Hace falta en las familias y escuelas abordar este tipo de realidades. Ahora más que nunca es recomendable hacerlo con nuestros hijos.

d) A la parte oficial, le falta ser más eficaz para comunicar, de lo contario, sólo le abonará al rumor y al morbo. Las redes sociales fueron más eficaces.

e) Los que nos dedicamos a informar, tenemos que ser más serios y responsables con lo que escribimos, decimos por micrófono en radio o televisión, y ahora en las redes sociales.

f) Hubo un aprendizaje al que debemos tomarle lo bueno. Ahora acudiremos a ver la Procesión del Silencio con mayor madurez.

h) En honor a la verdad, a pesar de la estampida humana hubo un saldo blanco, eso sí­, muchos gritos, temor, pánico, uno que otro niño olvidado por minutos, y la sensación de que las cosas no marchan del todo bien en materia de seguridad.

Para el anecdotario:

1) En esta semana, el Papa Benedicto XVI designó al obispo de Zacatecas, Carlos Cabrero Romero, Arzobispo de la Diócesis de San Lui Potosí­. De tal suerte, que al menos por un tiempo, nuestro Estado se quedará sin obispo, claro, aún bajo la tutela del ahora Arzobispo.

* Lo dicho, este jerarca resultó ser muy polí­tico y un prelado muy mediático.

2) Hasta nuestro correo personal nos ha llegado información de prácticamente todos los candidatos a las diputaciones federales y senadores a la República, pero como las campañas están muy flojas en este arranque, vamos a dejar descansar al lector de lo que intentan transmitir las y los polí­ticos.

* Luego nos ocuparemos de ellos.

Es mi opinión.

(*) Periodista.

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