Qué le pasa a Lupita? No sé…

Por: Angulo Silva / MIRADOR

LupitaZacatecas, Zac.-Diversos organismos a nivel internacional, lo mismo que nacional, han venido señalando que como consecuencia de la llamada “guerra contra el narco en México”, como el caso del Instituto de investigación de conflictos internacionales de Heidelberg, se puede considerar a nuestro país como zona de guerra. Cada día, señalan, se registra el asesinato de por lo menos 50 personas a lo largo y ancho del territorio nacional, hecho que, sin embargo, se ha venido haciendo cotidiano y hasta “normal” para una parte de la ciudadanía. Hay estudios que hablan de casi 130 mil homicidios con este motivo.

A partir de que se inició el conflicto, en el mandato del presidente Felipe Calderón, la mayoría de los mexicanos, y por ende, de zacatecanos, hemos sido víctimas o conocemos a alguien que lo ha sido, a propósito de las confrontaciones entre los diferentes grupos de la delincuencia organizada. Los secuestros exprés con la finalidad de financiar a estas bandas delincuenciales, los ajustes de cuentas y el reclutamiento de un número cada vez más grande de jovencitos a las filas de la cultura de la muerte, amén del aumento en el consumo de las drogas, y a más temprana edad, constituyen un agravante en el ya de por sí sangriento tema.

En este mismo sentido, constituye una llaga que es fácilmente lastimada por parte de quienes aspiran al poder político, y en ocasiones se puede llegar a utilizarse como bandera para ganar sufragios.

Más aún, puede llegar a ser tema de acusaciones y reproches entre actores políticos, y hay quienes aseguran saber los nombres y apellidos de los incitadores a la inseguridad que campea en tierras zacatecanas.

“Por ahí anda un partido político de reciente creación, que nació del PRI, que es un desprendimiento del PRI, que trae la misma corrupción del PRI, pero que desgraciadamente todavía es más peligroso que el PRI, y les voy a decir por qué. A través de él, el narcotráfico entró a Zacatecas”. Estas son algunas de las afirmaciones que la candidata de la alianza Unidos por Zacatecas (PAN-PRD), Lupita Medina, hizo en reciente mitin político. Ella es aspirante a la alcaldía de Zacatecas.

En su discurso, se refirió a “un gobernador que si bien hizo obra pública, está comprometido con el narcotráfico; y me refiero directamente a la familia Monreal”. En evidente alusión al ex gobernador Ricardo Monreal, agrega la abanderada que “son quienes mancharon de sangre este estado y son quienes hasta la fecha siguen coludidos con el crimen organizado”.

Sostiene que “mientras algunos de nosotros los candidatos estamos buscando alternativas para la seguridad pública, ellos vienen a abrir la puerta a los malos”. Más adelante, Lupita Medina dice que “eso no lo podemos permitir para nuestras familias”.

Todavía llega a más: “yo no sé si las amas de casa quieran que levanten a sus hijos o a su marido; ¿Quieren violencia, quieren sangre? Nadie queremos eso, y entonces cómo vamos a permitir que esos partidos que ahora vienen a decirnos que son honestos, cuando vienen manchados de sangre y manchados de corrupción”.

A modo de reflexión podemos expresar, desde este espacio de expresión, que es una realidad la colusión de las autoridades, a todos los niveles, con las redes del narcotráfico. De otro modo, no se podrían explicar muchos de los “fenómenos” sociales como la protección de los jefes de los cárteles. Sin embargo, para poder señalar a alguien es necesario que se tengan las pruebas y no se camine peligrosamente en el alambre del equilibrista.

En otras palabras, para decir que la burra es parda, hay que tener los pelos en la mano, pues señalar a alguien en un tema tan delicado como el que nos ocupa, podría traer, esperemos que no sea el caso, una serie de infortunios y desenlaces poco gratos.

Finalmente, sostenemos que es mejor proponer que acusar. Las denostaciones siempre llevan a denigrar este arte, que por lo demás, ya se encuentra en estratos muy bajos.

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