BUENOS VECINOS, BUENOS AMIGOS

Por Sergio Candelas Villalba

El Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, José López Portillo, hizo una visita de Estado al presidente de los Estados Unidos de América, James A. Carter, del 14 al 17 de febrero de 1977. La reunión, primera a la que invitaba a un Jefe de Estado extranjero Carter, desde que habí­a asumido el cargo, se efectuó en la ciudad de Washington, D. C.

Al darle la bienvenida en la elipse de la Casa Blanca, frente a la Casa Blair, destinada ésta a alojar a los visitantes distinguidos, hubo una ceremonia protocolaria en la que estuvimos presentes. Ahí­ Carter calificó el encuentro como “el primer paso de una creciente amistad entre el presidente López Portillo y yo, así­ como de la que el pueblo de México y el de los Estados Unidos tendrán en el futuro”.

Tocó el turno al mandatario mexicano, quien se acercó a los micrófonos para corresponder a las palabras de su anfitrión. “Mucho espera mi paí­s de esta visita: el trato equilibrado en la solución de muchos problemas que lo son para uno y otro lado”, dijo al agradecer la recepción que se le ofrecí­a.

Luego, en medio de calurosos aplausos de la concurrencia que agitaba banderitas de México y Estados Unidos, los Presidentes pasaron revista a la guardia militar que les hizo los honores a los acordes de la “Marcha Zacatecas” del compositor Genaro Codina. Al escuchar el segundo Himno Nacional en tierras extranjeras, como zacatecano, me sentí­ emocionado y orgulloso de serlo. Mientras los Presidentes se despedí­an de la multitud, la banda militar ejecutó la “Marcha de Artillerí­a” de John Philip Sousa.

Como su nombre lo indica, la Casa Blanca es un edificio blanco que habí­a recibido los nombres de Palacio Presidencial y Mansión Ejecutiva, hasta que el presidente Theodore Roosevelt lo llamó “La Casa Blanca”. El presidente John Adams vivió poco tiempo ahí­, pronto fue ocupada por el presidente Thomas Jefferson que agrandó la Casa cuando diseñó las columnatas Este y Oeste, que eran pequeñas Alas que ocultaban las operaciones domésticas de lavanderí­a, un establo y un almacén. En la actualidad las columnatas Jefferson unen la residencia con las Alas Este y Oeste.

Jacqueline, esposa del presidente Kennedy, redecoró la Mansión, la más trascendente en toda su historia. Las diversas etapas de la historia norteamericana fueron escogidas como tema para cada lugar de la casa: el estilo federal es el Cuarto Verde; el imperio francés el Cuarto Azul; el imperio americano el Cuarto Rojo; el de Luis XVI el Cuarto Oval Amarillo y el Victoriano para estudio del Presidente, otro es destinado a Cuarto de Tratados.

    Las antigí¼edades que hay en la residencia fueron donadas a la Casa Blanca por hombres ricos de las familias Crowninshield, Jane Engelhard, Jayne Wrighstsman y Oppenheimer. Las esposas de los presidentes que han vivido en la residencia se han preocupado por restaurar y modificar la casa según su gusto y estilo, así­ lo hicieron Dolley Madison, Caroline Harrison, Jacqueline Kennedy, Pat Nixon, Hillary Rodham Clinton, entre otras y entre otros presidentes.

Durante dos dí­as de francas y cordiales conversaciones de los presidentes vecinos, fueron abordados importantes temas que interesaban a las relaciones mexicano-estadounidenses.

El programa de la visita del Presidente de México incluyó su participación en la Asamblea Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Congreso de los Estados Unidos de América; en la conferencia con los periodistas estadounidenses y mexicanos en el Club Nacional de Prensa, López Portillo luego de decir que “realmente me siento en casa, como seguramente el difunto Daniel se sentí­a en casa: en el foso de los leones”, los periodistas aplaudieron el detalle y el funcionario repuso “¡ése es el aplauso de los leones!”.

El miércoles 16 de febrero, López Portillo debí­a hacer una visita de seis horas a la ciudad de Chicago para convivir con la comunidad de ascendencia mexicana, para ello, fuimos seleccionados para formar un pequeño “pool de prensa” integrado por los periodistas Amhed, Sergio Candelas Villalba, Joaquí­n López Dóriga, Adrián Ojeda y Paz Muñoz, fuimos acompañados por tres personas de logí­stica, un fotógrafo y un camarógrafo, en total diez personas.

El resto de los reporteros, unos doce, que cubrí­an la gira presidencial por los Estados Unidos se quedaron en la Sala de Prensa instalada en el hotel My Flower para recibir los despachos informativos de las actividades que realizarí­a el Presidente y su comitiva.

A las ocho de la noche del martes 15 nos trasladamos a la Base Aérea Andrews para abordar un pequeño jet ejecutivo que nos trasladarí­a al aeropuerto de Chicago. Allí­ conocimos el avión presidencial el Air Force Number One, que, según se nos informó, es capaz de volar 12,600 kilómetros, es decir, un tercio de la distancia alrededor del mundo, sin reabastecerse de combustible.

En menos de una hora estábamos volando sobre la ciudad de Chicago, Illinois. Los mexicanos residentes allí­ le dieron al mandatario mexicano una entusiasta y emocionante recepción.

La mañana del jueves 17 de febrero, la última de su visita, López Portillo dirigió un mensaje al Congreso de los Estados Unidos de América. La ceremonia se llevó a cabo a las 11 horas en el Capitolio, en de la Cámara de Representantes (Diputados), se inició cuando un funcionario del protocolo anunció al “speaker” la llegada del Cuerpo Diplomático, y después, la del Presidente de México, quien en su discurso mencionó a Lincoln a “ese coloso de vuestra historia”, quien dijo que esta nación fue “concebida en la libertad y dedicada a la proposición de que todos los hombres fueron creados iguales”.

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