MUJERES CON AROMA DE CAFí‰

REPORTAJE

Productoras de Oaxaca libran batalla contra Nestlé

Por Patricia Briseño, corresponsal

San Juan Bosco Chuxnaban  (CIMAC).- Son más de las 10 de la mañana en esta comunidad de la zona mixe del estado de Oaxaca. Leonor Fernández Allende acompaña a otras mujeres a lavar a mano el grano de café, se esmera en librarlo de la cáscara y la basurita.

Es su tarea de todos los dí­as en una zona cafetalera asentada a 190 kilómetros de la ciudad de Oaxaca.

San Bosco está rodeado de cerros macizos, caminos fracturados y ya comienza a sentirse el calor húmedo.

Nacida en San José Tenango, zona indí­gena mazateca, hace poco más de 50 años, Leonor se convirtió en cabeza de familia cuando hace años su esposo emigró a Estados Unidos. Asumió las tareas de cultivar y pizcar el grano de café, a la par de cuidar a sus hijos pequeños.

Ella es presidenta de la Comercializadora Agropecuaria del estado de Oaxaca, filial de la Coordinadora Estatal de Productores de Café de Oaxaca (CEPCO).

Junto con otras mujeres productoras, Leonor enfrenta a diario la competencia desleal de transnacionales como la suiza Nestlé que pretende sembrar en la región café robusta (grano de mala calidad), para comprarlo más barato y venderlo en frascos a precios mucho más caros.

Y es que en Chuxnaban, localidad perteneciente al municipio de San Miguel Quetzaltepec, el 60 por ciento de los ingresos de las familias provienen de la cosecha de café y por lo tanto lo que ocurra con los precios y las polí­ticas para este cultivo son mucho más determinantes que cualquier otra cosa para la economí­a y el bienestar del pueblo.

Es por ello que las mujeres y los hombres de esta comunidad demandan recursos federales y estatales, para fortalecer a los pequeños productores y no a las trasnacionales. “Son una competencia desleal para los campesinos en la comercialización del café”, acusa Leonor Fernández.

MARGINACIӓN
Al igual que cientos de localidades donde se produce café en el paí­s, Chuxnaban es de muy alta marginalidad. Las familias carecen de los servicios básicos y los niveles de escolaridad son bajos. Las mujeres no concluyen la secundaria porque asumen las tareas del hogar desde la adolescencia.

La producción del aromático está en manos de unas 100 familias campesinas de las mil que viven aquí­. Son dueñas de lotes menores de dos hectáreas de extensión.

La crisis de los precios del café entre 1989 y 1994 llevó a los pequeños productores a reorientar el cultivo del grano orgánico de buena calidad, el cual es un producto comercializado que no destruye el medio ambiente, se cultiva bajo la sombra y es amigable con la fauna.

A través de la Comercializadora Agropecuaria del estado de Oaxaca, Leonor pelea justo desde 1989 por implementar estrategias para comercializar café certificado de pequeños productores. Su tenacidad ha rendido frutos: ahora exporta el aromático a Estados Unidos y paí­ses de la Unión Europea. Pero no es suficiente…

LOS COYOTES
“Como mujer de un migrante es muy triste quedarse sola, tienes que enfrentar todo, no hay dinero, hacemos el trabajo de los hombres”, platica Leonor en entrevista con CIMAC.

La mujer expresa su preocupación porque desde hace tres años las transnacionales se están metiendo a las comunidades para ganarse el mercado del café. “Se ganan la confianza pagando bien pero después ellas imponen el precio”, lamenta.

Asegura que el intermediario que domina en la zona mixe es Agroindustrias Unidas de México (AMSA), que sirve como enlace con las transnacionales. Lamenta que los gobiernos federal y estatal en lugar de apoyar a las productoras y los productores, respalden a empresas como Nestlé.

Pero Leonor destaca que las mujeres productoras de esta comunidad se organizan para denunciar a los coyotes (intermediarios) que las ponen “contra la pared” a sabiendas que ellas, al igual que sus compañeros, cosechan la tierra.

LIDERAZGOS FEMENINOS
La investigadora y maestra en Desarrollo Rural Leticia Martí­nez Legaria resalta que aunque las mujeres no sean las dueñas de las tierras que producen, ni las titulares de los cargos en sus comunidades, ellas participan, se hacen visibles y necesarias transformando paulatinamente los espacios caracterí­sticos de los hombres y contribuyen a forjar el reconocimiento de la ciudadaní­a femenina.

Estas mujeres cafetaleras, a través de un proceso de organización, reflexión y práctica inician el recorrido que las está llevando a constituirse como un sujeto social, capaces de generar estrategias ante lo incierto de ser productoras de café y esposas de migrantes, explica.

Martí­nez destaca que son las mujeres las que sostienen la producción de café orgánico y no la han abandonado, reconociendo que esta actividad agrí­cola sigue siendo importante en la economí­a campesina.
Josefina Aranda Bezaury, investigadora de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, quien ha trabajado en las zonas más pobres de la entidad, hace hincapié en que las mujeres son un “pilar fundamental” en el campo.

Añade que sus “estrategias de sobrevivencia” han evitado que la producción de alimentos se desplome, que aumente la pobreza y que la migración sea “totalmente compulsiva” o que la desestabilidad social “se agrande”.

El problema –explica Aranda– es que predomina “una polí­tica económica que empobrece y otra polí­tica, la social, que sólo medio compensa”, por lo que la solución no es sólo más dinero para el sector rural sino un cambio profundo en cómo se distribuyen los recursos y la orientación de polí­ticas públicas hacia un profundo cambio institucional.
“Se trata de modificar radicalmente el enfoque y que quienes viven en la pobreza puedan salir de ella gracias a su trabajo”, sostiene.

Lo anterior lo expuso al participar en la ciudad de Oaxaca en un taller de difusión del Proyecto Conocimiento y Cambio en Pobreza Rural y Desarrollo, en el que especialistas hablaron de la necesidad de reorientar los subsidios a la realidad de cada microrregión, de coordinar esfuerzos entre instituciones y de tomar en cuenta el papel cada vez más protagónico de las mujeres en el medio rural.

SUEí‘O Y REALIDAD
Las productoras de café de Chuxnaban –como Leonor– saben lo que quieren: Sueñan con recibir un precio justo, deshacerse de los acaparadores, erradicar la migración, y no depender de los prestamistas para desarrollarse.
Contrario a la creencia popular, a estas mujeres el café no sólo les quita el sueño también se los estimula. Su sabor no las duerme y tampoco les impide soñar un futuro mejor para ellas y sus hijos.

*

*

Top