- El campus se convirtió en el centro de operaciones del proyecto EMIDSS 8, misión científica que reúne experimentos desarrollados por las tres universidades mexicanas. Este será el primer lanzamiento liderado por el ITESO
La parte “más crítica” de una misión espacial no ocurre durante el despegue. Ocurre mucho antes, en un laboratorio lleno de herramientas y personas que buscan que componentes desarrollados a cientos de kilómetros de distancia funcionen como un solo sistema.
Es 15 de julio y el último día para que el módulo quede listo para iniciar un viaje que lo llevará primero a Ciudad Juárez y después a Fort Sumner, Nuevo México, donde será sometido a pruebas antes su lanzamiento.
En una de las aulas-laboratorio del ITESO, estudiantes, egresados e investigadores trabajan a contra reloj para concluir la integración de EMIDSS 8. Por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) acudió Rafael Prieto Meléndez, coordinador del Grupo de Modelado y Simulación de Procesos del Instituto de Ciencias Aplicadas y Tecnología; del Instituto Politécnico Nacional (IPN) participaron investigadores, estudiantes de posgrado y representantes de distintas sedes, entre ellas Zacatecas e Hidalgo, mientras que el ITESO reunió a estudiantes, egresados y profesores involucrados en el diseño mecánico y la coordinación de la misión.
Entre tornillos, tarjetas electrónicas, cables y el ruido constante de atornilladores, Renata Álvarez, estudiante de Ingeniería Mecánica del ITESO, participa en las últimas tareas de ensamblaje junto a César Real y David Ochoa del Departamento de Procesos Tecnológicos e Industriales (DPTI). La estructura sobre la que trabaja no solo albergará experimentos desarrollados por equipos de las tres universidades, también deberá soportar las exigencias mecánicas y ambientales de una misión estratosférica.
Álvarez llegó al proyecto hace cuatro años, cuando cursaba los primeros semestres de la carrera. Desde entonces ha visto evolucionar la estructura mecánica de la misión y participado en un lanzamiento en Fort Sumner. Al sostener el ITESAT, dice sentir “bastante orgullo” porque ha sido testigo de cómo cada iteración mejora a partir de los aprendizajes acumulados. “Han sido diferentes modelos y ver cómo ha evolucionado es bastante gratificante”, cuenta.
Aunque el lanzamiento suele ser el momento más visible para quienes observan el proyecto desde fuera, para ella la etapa más desafiante ocurre mucho antes, durante las reuniones de evaluación con la NASA. “Creo que lo previo es lo más difícil”. Tener que justificar a la NASA que tu propuesta es válida y que no habrá errores. Una vez superada esa etapa, comienza una dinámica más práctica enfocada en pruebas, integración y trabajo colaborativo.
Al otro lado del salón trabaja Enrique Alcaraz Silva, egresado de Ingeniería Mecánica del ITESO e integrante del equipo desde hace cinco años. Para él, una de las experiencias más enriquecedoras del proyecto ha sido colaborar con especialistas de distintas áreas y universidades. La integración de componentes mecánicos, electrónicos y científicos implica un intercambio constante de ideas y ajustes entre equipos, algo que considera complejo, pero parte natural del proceso. La experiencia, asegura, le ha permitido conocer de cerca cómo funciona un proyecto científico de gran escala y colaborar bajo estándares exigidos por una institución como la NASA.
Nada de esto estaba previsto cuando la iniciativa comenzó. Hace ocho años, recuerda Mario Mendoza, profesor investigador del Centro de Desarrollo Aeroespacial del IPN, EMIDSS nació como un experimento para probar sensores y componentes que podrían utilizarse en proyectos espaciales más complejos. “Es un proyecto que empezó […] quizás para un par de pruebas”, explica.
Con el tiempo, sin embargo, el proyecto creció. Lo que comenzó como una colaboración entre el IPN y la UNAM se transformó en una plataforma interinstitucional en la que participan universidades públicas y privadas. “La colaboración es la base de un proyecto tan ambicioso como puede ser EMIDSS”, afirma Mendoza.
La misión de este año integra experimentos diversos. La UNAM llevará módulos de observación, sensores ambientales y un modelo de nanosatélite que servirá para validar tecnologías que eventualmente podrían alcanzar la órbita terrestre.
El ITESO probará nuevas configuraciones de sistemas electrónicos, memorias especializadas, cámaras de observación y sensores que forman parte de futuras líneas de investigación aeroespacial.
Por su parte, el IPN participará con un biorreactor diseñado para estudiar el comportamiento de algas en condiciones cercanas al espacio, además de materiales experimentales elaborados con sargazo y residuos de café que serán sometidos a temperaturas extremas y altos niveles de radiación.
La misión de este año también marca un hito para el ITESO. Luis Rizo Domínguez, académico del Departamento de Electrónica, Sistemas e Informática (DESI), funge como investigador principal de la misión ante la NASA, responsabilidad que implica coordinar la comunicación con la agencia espacial y garantizar que todos los sistemas cumplan con sus requerimientos técnicos y de seguridad.
“Somos los responsables ante la NASA de estar respondiendo a las solicitudes y de cuidar que todos los procesos eléctricos, mecánicos y de implementación corran bien”, explica.
Para Rizo, además del desarrollo tecnológico, el valor del proyecto radica en la formación de los estudiantes. Participar en EMIDSS significa enfrentarse a procesos de ingeniería avanzados, convivir con especialistas de otras instituciones y aprender de primera mano los protocolos que utiliza una organización como la NASA.
