Análisis Político
Por: Gabriel Contreras Velázquez
La discusión y aprobación de la minuta que reforma la ley federal del trabajo, ha sido el pretexto para reabrir el tema de las alianzas electorales entre los partidos PAN y PRD a nivel nacional, en un momento político donde el PRI además de definir a su gabinete está por repartir las candidaturas a puestos de elección popular en catorce estados de la república, donde se realizarán comicios electorales durante 2013.
En la entrega anterior ya se habló de las condiciones con que los partidos políticos habían aprobado la reforma electoral en nuestro estado. El tema de las candidaturas independientes, así como los efectos de la desaparición de las coaliciones electorales, son dos elementos que influyen de manera importante en las coyunturas político electorales que están por desarrollarse.
Si bien los esfuerzos por lograr una la alianza electoral entre el PRD y el PAN para evitar el triunfo de Peña Nieto, no rindió fruto en las elecciones federales pasadas (debido al repunte de López Obrador en las encuestas y el estancamiento de Josefina en buena parte de la campaña), fueron los mismos dirigentes de dichos partidos quienes dejaron la puerta abierta para trabajar de manera conjunta en otros procesos electorales venideros.
Esta oferta política ha encontrado una nueva coyuntura por donde presentarse como opción viable en el tablero electoral de 2013. La presión que ha generado el PRI en el congreso federal, durante la discusión de la reforma laboral, se ha traducido en un repliegue de los partidos opositores para comenzar a establecer líneas de trabajo conjunto.
Hasta el día de hoy la propuesta de la alianza electoral trasciende incluso a nivel estatal, lo cual nos habla de la prioridad con que se ha cabildeado este nuevo frente, que lo único que tiene en común es jugar de fiel de balanza del poder que ha adquirido el PRI desde hace un par de años. Los partidos opositores por sí mismos no tienen la capacidad suficiente para competir con la recién aceitada estructura priista, que logró que Peña Nieto triunfara con un 37% de las preferencias electorales. Sin embargo, una vez sumados los votos que podrían reunir, el escenario comienza a pintar dificultades para lo que algunos han llamado como el âneopriismoâ nacional.
Es por ello que durante la semana recién transcurrida conocimos la apertura hacia el análisis de una eventual alianza por parte del comité ejecutivo estatal del PRD zacatecano, así como del comité ejecutivo estatal del PAN local. Ambos institutos coincidieron en mantener la identidad institucional y de estatutos, dejando la puerta abierta únicamente a buscar un perfil ciudadano competitivo que pueda posicionarse frente a la candidatura que hagan otros partidos (en éste caso los únicos que les preocupan son los candidatos del PRI).
Prospectivamente, los resultados electorales obtenidos por el PRI en la elección de 2010 establecen un punto de partida para definir cuantitativamente un triunfo a su favor en 2013. En detrimento de las estructuras electorales perredistas, el fenómeno âPeña Nietoâ que se venía construyendo desde hace tres años, permitió al PRI local reposicionarse con un candidato excluido del proceso de selección en las izquierdas. Actualmente, ni el PAN ni el PRD podrían ganar al bloque tricolor que se construyó en Zacatecas si no es mediante una alianza y una efectiva operación electoral en cada uno de los distritos electorales y municipios en el estado.
Si la tendencia se dirige hacia la efectiva unión de partidos de oposición, esto deja en un lugar de menor importancia, durante el proceso electoral 2013, al fenómeno de las candidaturas ciudadanas. Al mismo tiempo, la reforma electoral no previno claramente las facultades del ciudadano para acceder a tiempos en radio y televisión, así como a tener un sistema de financiamiento bien definido, con sus correspondientes instrumentos de fiscalización.
La pregunta entonces debe apuntar no a qué garantías, facultades, obligaciones y derechos se le otorgan a la ciudadanía para participar en un proceso electoral, sino ¿qué influencia real tendrá un candidato ciudadano en la contienda política donde, al día de hoy, el triunfo se disputará entre dos grandes fuerzas políticas como lo señala una posible, eventual y necesaria alianza de partidos?
Los escenarios que se muestran en este momento político señalan hacia una contienda en dos tiempos: las candidaturas ciudadanas vs las autoridades electorales (por la ambigí¼edad de sus alcances y limitaciones); y el bloque de PAN y PRD vs la estructura priista que debe de sobrevivir al reparto de candidaturas y las precampañas. Si se mantiene dicha tendencia entonces podríamos esperar que esta generación de candidatos ciudadanos participe electoralmente en un constante desgaste entre impugnaciones y el reto de presentar campañas alternativas, frente a la oferta monetaria y de estructura que representan los tres grandes partidos en Zacatecas.