DANIEL SADA SE NUTRIӓ EN ZACATECAS PARA ESCRIBIR SUS NOVELAS

Por Sergio Candelas Villalba

El escritor Daniel Sada murió horas después de que, el viernes pasado, la Secretarí­a de Educación Pública lo anunciara como ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011, en la categorí­a de Lingí¼í­stica y Literatura. Sada se encontraba internado desde hace varios dí­as en el hospital 20 de Noviembre del ISSSTE, donde se atendí­a de una enfermedad renal.

Sada, de 58 años, era reconocido en el ambiente literario de México como un autor que prestaba especial atención al lenguaje que empleaba para narrar. Los restos de Daniel fueron cremados el sábado y sus cenizas serí­an trasladadas a Sacramento, Coahuila, donde pasó su infancia, informó su esposa Adriana Jiménez Garcí­a.

Ninguna de las notas biográficas que se publican en los medios de comunicación nacional e internacional menciona que Daniel vivió un tiempo en la década de los 90tas en la ciudad de Zacatecas y en Jerez, como a mí­ me consta. En tierras zacatecanas escribió sus novelas Albedrio en 1989, Registro de causantes en 1990, que le valió ganar en 1992 el Premio Xavier Villaurrutia y Tres historias en 1991.

El originario de Mexicali, Baja California, licenciado en periodismo por la Escuela Carlos Septién Garcí­a, traté a Sada en varias ocasiones siendo Coordinador de Comunicación Social del gobierno de Genaro Borrego. Siempre llegaba a mi oficina acompañado de su pareja Rocí­o Esquivel. Ahí­ me platicó que estaba en la Universidad Autónoma de Zacatecas, no medio más detalles, ignoro cuál era su actividad en ese centro educativo.

En ese í­nterin me dedicó dos de sus libros, en Albedrio escribió en la portadilla del libro: “Para mi amigo Sergio Candelas, colega de letras y también aventurero de la novela. Con afecto. Daniel S, Zacatecas, Zac., a 7 de septiembre de 1990”.

Nos seguimos viendo Daniel y yo, todaví­a el 21 de enero de 1991 seguí­a en la ciudad de Zacatecas, en esa ocasión me autografió su libro Tres Historias  editado en Cuadernos del Nigromante, con estas palabras: “Para mi amigo y colega de estas artes, Sergio Candelas, deseando que nuestra amistad se cultive verdaderamente en esta nueva década. Cordialmente, Daniel S.- Zacatecas, Zac.”

Cuando me encontraba en el perí­odo de investigación para escribir mi libro Mitlchimalli en 1997, visité Jerez en busca de datos en el Archivo Municipal, estaba enterado que Daniel viví­a allí­. Pasé a saludarlo,  viví­a en una modesta casa de tres piezas, casi sin muebles y un pequeño patio de piso de tierra, ubicada en una calle cercana al panteón municipal y muy cerca de la casa donde nació Ramón López Velarde, conversamos un buen rato, lo sentí­ aislado, en lugar solitario, entregado a escribir, enteramente a la contemplación y a la inspiración como poeta, tratando de respirar el aire quieto y tranquilo de la provincia mexicana que también respiró el bardo jerezano.

Ignoro porque Daniel nunca reveló a los medios que vivió en Zacatecas, seguramente tuvo sus motivos para ello, pero me consta que deambuló, al menos, por algunos años por las calles de la colonial Zacatecas y las de Jerez, que llegaron a nutrirlo para escribir aquellos libros.

En septiembre pasado, Daniel fue entrevistado por un reportero del periódico La Semana de Frente, a quien informó: “Bueno, yo empecé como poeta. Y querí­a contar historias al mismo tiempo, pero al parecer eso no se valí­a. Esto me hizo buscar una forma de prosa que empatara con la poesí­a. Empecé a usar un sistema de puntuación especial basándome en reglas muy viejas, se usaban en el siglo XV, XVI y XVII. Esto me permitió encontrar una fórmula para que yo pudiera contar historias tal y como yo querí­a.”

El mexicalense también dijo que en ese afán por cuidar las palabras, le originaba redactar “hasta cinco versiones de una novela”. Desde siempre ha sido así­, por eso escribo poco, porque me cuesta mucho trabajo escribir las novelas. Me tardo mucho en depurar el lenguaje, dijo.

En Jerez me mostró su más reciente libro Una de dos que le habí­a editado Alfaguara Hispánica, le pedí­ me lo autografiara y escribió con su pluma: “Para mi amigo Sergio Candelas. Por el placer de este reencuentro en Jerez, y esperando reafirmar nuestra amistad ahora en comunión con las letras. Con un saludo cordial de tu amigo y lector de siempre. Daniel S., 11 de febrero de 1995. Jerez, Zacatecas.”

Regresé a México, donde Daniel y yo tuvimos la oportunidad de volvernos a ver. Acostumbrábamos tomar el café en Sanborns de Londres y Génova; entablamos buena amistad, llegué a visitarlo en el departamento donde viví­a en la calle ílvaro Obregón, muy cerca de Casa del Poeta Ramón López Velarde allí­ conocí­ su taller literario y su vasto librero.

Por los lugares donde viví­a Sada, llegué a pensar que él se inspiraba en la poesí­a de López Velarde, pues procuraba estar cerca del espí­ritu del poeta que le cantó a la patria.

Pasó el tiempo y el 29 de julio de 2000 estuvo en la Casa Terán de Aguascalientes para presentar su libro Porque parece mentira la verdad nunca se sabe publicado por Tusquets Editores. Platicamos brevemente antes de la presentación de su libro, al concluir el evento le pedí­ que me dedicara su último trabajo y así­ lo hizo: “Para mi amigo Sergio Candelas en recuerdo de nuestro encuentro en Aguascalientes, y esperando que nos sigamos viendo toda la vida. Con sincero afecto y devota admiración ¡Salud! Daniel S.”

Esa noche salimos caminando de la Casa Terán, de la calle de Rivero y Gutiérrez, pasamos por el Parián y nos dirigimos a tomar una copa a un bar que está en la avenida Madero, ahí­ en la plática que me dijo que habí­a publicado varios libros porque Elena Poniatowska le demostró afecto y aprecio para obtener una beca del Centro Mexicano de Escritores e ingresar al Sistema Nacional de Creadores.

Después publicó Todo y la recompensa. Cuentos completos, en Debate, 2002; El amor es cobrizo, Ediciones Sin Nombre, 2005; Ritmo Delta, Planeta Mexicana, 2005; La duración de los empeños simples, Joaquí­n Mortiz, 2006;  Casi nunca, Anagrama, 2008; Aquí­, Fondo de Cultura Económica, 2008; A la vista, Anagrama, 2011.

Además de obtener el Premio Xavier Villaurrutia en 1992, recibió el Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares, por Parece mentira la verdad nunca se sabe en 1999; el Premio Nacional de Narrativa Colima para Obra Publicada, por Ritmo Delta, 2006; el Premio Herralde de Novela, por Casi nunca, 2008 y el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011, en la categorí­a de Lingí¼í­stica y Literatura 2011, post mortem.

Descanse en paz.

El 15 de enero próximo el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes le rendirá homenaje en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

   

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