SER UN COMERCIANTE LEAL, Y NO MORIR EN EL INTENTO

Por: Gabriel Contreras Velázquez / Foto: / MIRADOR

“El centro de Zacatecas es el estacionamiento más grande del mundo.” No es una novedad escuchar esta sentencia entre los zacatecanos que realizan sus tareas en esta zona patrimonio cultural de la humanidad.

Tampoco es una novedad escucharlo entre los comerciantes, hoteleros y los trabajadores de oficinas gubernamentales que se han establecido ahí­. En realidad hace un par de años o más, la situación del centro de la ciudad ha sido amenazada por los diversos problemas que trae el tráfico urbano; entre ellos los espacios para aparcar y la dificultad para transitar en medio de esos espacios reducidos de los autos detenidos.

Hoy, los zacatecanos prefieren lugares con mayor flujo vial y estacionamiento, como los restaurants del Boulevard. Según información con la que cuenta Periódico Mirador tres de ellos (la Garufa, Urban Food y Moshu) viven en manos de un solo propietario –que no es zacatecano- beneficiado de sendos privilegios el sexenio pasado. ¿Hay suelo parejo para competir con tres propiedades en un lugar comercial estratégico? Más parece lo contrario.

Que el centro sea una zona menos visitada por los mismos zacatecanos, implica que las personas que han dado una parte de su vida y su patrimonio al establecerse como comerciantes vean reducidas sus expectativas de crecimiento.

De hecho estas personas no sólo invierten y arriesgan su patrimonio, también pagan cuotas especiales por establecerse en el centro, como el tradicional “levantamiento arquitectónico”. Esa cuota regula que los establecimientos vayan acorde a la arquitectura de la zona. Y curiosamente esa arquitectura se descuida mucho en Semana Santa con los tianguis que no cumplen con normas de sanidad ni de “levantamiento arquitectónico”.

Uno de estos zacatecanos que han invertido su patrimonio en el centro de la ciudad, es el chef y socio restaurantero de la Trattoria il Golosso, Aldo Ruiz Zamora. Un pequeño comercio en el centro de la ciudad que nació en 2006, año en que Italia ganó la copa del mundo, según recuerda nuestro entrevistado.

Esto en términos de competencia “se trata de que las condiciones que se ofrecen” para que el comercio zacatecano crezca “sean iguales para todos”, dice justamente el chef Aldo. No porque el centro de la ciudad se ha descuidado de años atrás (tan sólo miremos la inversión en campañas de limpieza que ha realizado el alcalde Arnoldo Rodrí­guez), signifique que se tenga que perder entre grandes problemas que necesitan de pequeñas soluciones.

Y no es la limpieza el único problema que más se nota en la zona centro. En mayor medida la inseguridad ha terminado por romper las expectativas de aquellos que veí­an este destino turí­stico como un espacio para repuntar en la economí­a.

Con un tono en forma de paradoja el chef menciona que “está bien que los policí­as utilicen los nuevos triciclos que se rentaron para vigilar la zona centro, pero de qué nos sirven a los comerciantes si dejan de circular a las ocho de la noche.”

No suelta el dato como mera coincidencia, sino que lo recupera al hablar de que el local por el que paga una renta ya ha sido asaltado con anterioridad. También han agredido su automóvil; ese que estaciona en una de las entradas del restaurant, espacio por el que también paga una renta.

En alguna ocasión un grupo de jóvenes que habí­an ingerido bebidas alcohólicas se subieron a este auto y lo pisotearon. Las autoridades no estuvieron presentes en el momento, así­ que los daños los tuvo que pagar el propio dueño. Comenta también que los “cristalazos” se convirtieron en un fenómeno normal para aquellos que estacionaban sus autos, por lo que la afluencia nocturna se vio aun más afectada.

Si el chef no se ha acercado a las autoridades es porque opina que es tiempo de su trabajo que invertirá en quejas, las cuales muy pocas veces le ayudarán a solucionar el problema. Como ciudadano no es el único que opina parcialmente de las autoridades. Muchos de nosotros sabemos que para cuando necesitábamos de la seguridad que previniera estos asaltos y agresiones, la autoridad se mantuvo ausente.

Ahora bien, aquellos jóvenes agresores forman parte de una vida nocturna poco regulada y vigilada en la ciudad. Anteriormente los alcoholí­metros rendí­an cuentas de un nivel de personas en condiciones poco favorables para transitar en auto a esas horas de la noche. Hoy no hay una medida precautoria, y nuestro entrevistado también refiere que no se ven ya muchas patrullas.

Este puede que sea uno de los factores por los que con facilidad nos topamos con gente bebiendo en sus autos, “dando la vuelta en el centro”, a la expectativa de generar algún accidente o de violar las normas básicas de convivencia.

Eso por el lado de la inseguridad en el centro. Si a esto sumamos la imagen de violencia, y los casos cercanos de asaltos en carreteras, entendemos de primera mano que el turismo zacatecano no es aquella panacea de hace cuatro o cinco años. En este sentido, las rutas aéreas tampoco han sido de gran ayuda. Desde que la empresa Mexicana de Aviación salió de circulación los precios para viajar a Zacatecas se mantienen altos y con poca oferta.

Aldo no se distingue por ser un comerciante inhibido y con miedo a represalias. El restaurantero busca soluciones, se organiza, ha platicado con Fernando Rosso representante de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC). Lamentablemente ha recibido buenas señas de este gremio.

Basta decir que no fue invitado a la muestra gastronómica (de hecho se enteró al momento de la entrevista) que piensa realizar la CANIRAC conocida como “Saborea Zacatecas”, misma que nació de la declaratoria que hiciera la LX Legislatura zacatecana por medio de la Comisión de Desarrollo Económico y Turismo y la de Cultura, al considerar a la comida zacatecana como Patrimonio Cultural Inmaterial del estado.

Nuestro entrevistado piensa que el gremio restaurantero siempre lo ha juzgado erróneamente. No porque se especialice en comida italiana le impide trabajar cualquier sabor. Es por ello que estudió una carrera de gastronomí­a, y como parte de su identidad zacatecana su interés es impulsar los sabores, generar una propuesta de cocina fusión y ofrecerla en Zacatecas y todo el paí­s. Sin embargo el mismo gremio la ha mantenido al margen.

En el plano gastronómico el chef menciona que ha sido difí­cil asentarse en una cultura donde los sabores son recelosos, y no permiten nuevas experiencias al paladar. Si a esto le sumamos la menguada capacidad adquisitiva del zacatecano promedio, entendemos por qué muchas de las ofertas culinarias que han buscado prevalecer se encuentran en una situación delicada.

Los mejores salarios de Zacatecas están en manos de la alta burocracia. Algunos de estos trabajadores son francos y han hablado atinadamente acerca de los tabuladores salariales. En ellos existen abismos de diferencias entre un puesto y otro, sin percibirse una carga mayor de trabajo.

Esta situación previene que en manos de pocos habrá de concentrarse la capacidad adquisitiva, mientras que en la densa mayorí­a la oferta a la que seguirán accediendo es: gorditas, tamales, tostadas de cuero y trompa, y si bien va, una que otra discada al mes. Es una economí­a que apenas permite a la sociedad salir de sus necesidades básicas.

Es por ello que el proyecto de Plaza Galerí­as sólo generará falsas expectativas en las finanzas zacatecanas, lo mismo que sucedió con la tienda departamental Liverpool. En realidad estas propuestas comerciales no van de la mano con la capacidad adquisitiva de la población, es por ello que la tienda no ha tenido la derrama económica para la que fue planeada.

Y mucho menos pensar en abrir una franquicia en esa zona comercial, los precios no están a la altura de los comerciantes netamente zacatecanos.

Frente a todo este panorama Aldo no tiene las manos atadas. Siendo un deportista de alto rendimiento años atrás, sabe perfectamente que los esfuerzos rinden frutos, y que derrotarse antes de la prueba es entregarse al fracaso. Es por eso que, conociendo los puntos débiles también propone soluciones:

-En cuanto al problema del estacionamiento, invita a las autoridades a que se dinamice el gran parking de la Plaza Bicentenario para que la gente dejé ahí­ su automóvil, y promover una ruta turí­stica que pueda ser abordada ahí­ mismo para desplazarse por el centro.

-Al igual que las grandes ciudades con centros turí­sticos tradicionales, pide a las autoridades que se piense en el uso de parquí­metros para regular los espacios para automóviles y generar una cultura donde la alternativa sean el transporte colectivo.

-Que se generen alianzas estratégicas entre los comerciantes de la zona centro. Los que ofrecen comida, los que venden plata, los que venden servicios de entretenimiento, los museos, etc. y de esta manera generar un cí­rculo virtuoso de consumo de productos zacatecanos.

-En cuanto a la seguridad, que la vigilancia sea permanente y que los motopatines no dejen de circular a las 8 de la noche, que es cuando más personas se acercan al centro para ingerir bebidas alcohólicas mientras manejan.

-Educar a los guí­as turí­sticos en diversos idiomas, no sólo el inglés. Ya han sido varias las ocasiones en que tiene que auxiliar a turistas europeos para darse a entender. Si el turista no se siente atendido ese mismo mensaje lleva de regreso a su centro de origen.

-Que se realicen más eventos de calidad en las plazuelas del centro durante todo el año. Si el dinero es problema, que se constituya un fondo de aportaciones entre comerciantes y autoridades, o que se busquen constantemente las partidas presupuestales federales para cultura.

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