“Los Garcías…ningunos advenedizos”

Colaboración Especial: Juan Pablo García Cuéllar

Zacatecas, Zac.- En algún lugar de Zacatecas de cuyo nombre tengo que acordarme, nace Juan Pablo García Maldonado, en alguna cuna humilde de la Villa de Jerez un 28 de agosto de 1909. A los 7 años estaba predestinado por los dioses griegos a ser un sastre de profesión ya que era la ocupación de su padre, por los avatares del destino y con la intervención de la Tonantzin Guadalupana nació un Dios barbudo más poderoso que da un giro trascendental en su vida, su familia se muda a la ciudad de Zacatecas y meses después queda huérfano de padre y madre junto con sus hermanos Ana María y Manuel. El 16 de Mayo de 1917 son inscritos al Hospicio de Niños de Guadalupe. Es aquí donde realiza sus estudios de Telegrafista, Impresor y Músico. Una vez egresado trabajó en Telégrafos Nacionales y como músico en las siguientes instituciones: Banda del Hospicio de Niños de Guadalupe, Banda de Música del 40 Batallón, Banda de Música de Tampico, profesor en la Escuela Superior del Instituto de Ciencias de la capital y la Banda del Estado de Zacatecas.

El 10 de diciembre de 1957, después de 36 años de trayectoria musical, 9 de músico mayor de la Banda, a sus 48 años de edad se convierte en director de la misma. Enfrentando sus primeros retos, sabedores del carácter disciplinado del recién nombrado, un grupo de músicos pide su destitución, después de burocráticas diligencias el maestro es respaldado por el entonces gobernador del estado Lic. Francisco Espartaco García Estrada. Al verse poco acompañado de músicos García Maldonado empieza a invocar todo tipo de pensamientos, ideas y proyectos para subsanar esta carencia, es aquí donde pareciera que entramos en las páginas de una novela del realismo mágico donde Juan Pablo a pesar de los consejos de sus maestros (Mtro. Sigala “no enseñes Juan, los músicos son mal agradecidos, los enseñas y se van”) de no formar músicos, emprende la tarea de convertir el patio de su casa en un maremágnum de sonidos, el zaguán en la aula de solfeo donde nunca faltaban coscorrones, varazos y hasta patadas, las escaleras en un sinfín de desafíos circenses donde los instrumentos formaban parte esencial de espectáculo y donde el máximo ejercicio de prestidigitación se realizaba en la cocina ya que era doña Lola, su esposa quien “le echaba más agua a los frijoles” para alimentar a músicos y familiares.

Inclusive, los vecinos de la calle de La Victoria en el barrio de San José de la Montaña interpusieron quejas en la municipalidad por el escandaloso sonido emanado de la casa 206. Como todo hombre de decisión convirtió una crisis en su mejor virtud, empezó iniciando a sus hijos menores a la música, ya que 3 de los hombres mayores son de oficio sastres y las mujeres, una era maestra, otra burócrata y dos amas de casa. Posteriormente salió a tocar las puertas de sus vecinos invitando a sus hijos a enseñarles a tocar un instrumento, donde el sistema que impuso abarcaba clases de solfeo, apreciación, instrumento, historia y sobre todo de moral enfocada a la dignificación del trabajo; y todo esto gratis…

El maestro Juan lejos de pensar en compensaciones, bonos, primas, vehículos, propiedades, entre otras, puso todo su empeño en la banda y sus músicos, la herencia que recibió fue una bandita de entre 20 y 30 músicos fluctuantes, porque antes de servir al estado preferían tocar en cualquier baile y hasta en los peores burdeles de la ciudad. Para transformarla en una banda con niños, jóvenes, adultos, y más del doble de integrantes; de ser una bandita que se presentaba en los quioscos de las alamedas de los poblados, a presentarse en la inauguración de las quinientas millas de Indianápolis, en el desfile de las Rosas en Los Ángeles, California, en el 200 aniversario de la independencia de EUA en Filadelfia, en la inauguración y final del mundial de México 70 (con Pelé campeón), a rechazar la propuesta del presidente Luis Echeverría de coordinar bandas musicales como la de Zacatecas en las entonces 16 delegaciones del antiguo Distrito Federal (por no dejar la banda), a estar en sus filas el mismo hijo del presidente, Adolfo Echeverría Zuno, y podría seguir por varias líneas pero esa no es la intención del escrito, la intención es retrotraer la memoria histórica, para comprender el por qué de las cosas, para comprender el presente, para comprender porque hay 9 García´s en la banda, para comprender que no están por generación espontánea, sino que fue un proceso y porque no decirlo… un gran mérito.

No sin apasionamiento escribo, pero todos los datos son verificables. Lo hago porque considero indignante y una falta de respeto que unos tecnócratas sin conocimiento, recién enquistados en la administración pública, después de quebrar sus empresas familiares opinen a la ligera, tal vez asesorados por personajes endofóbicos.

Sin duda se debe reconocer que las instituciones deben evolucionar, deben mejorar constantemente, deben corregir errores, deben profesionalizarse, deben mejorar las condiciones laborales, debe mejorar la infraestructura de sus instalaciones, debe mejorar la administración, debe transparentar sus recursos, debe reglamentarse, deben regresar los instrumentos empeñados, debe mejorar su transportación, deben respetar los derechos humanos de los trabajadores tratándolos con dignidad y respeto, deben tener horarios, deben pagarles horas extras, deben proveerles transportación segura cuando llegan de sus servicios en madrugada, deben gozar de sus dos días de descanso semanales, deben gozar de sus vacaciones de ley, deben tener libertad de asociación, etc. Porque todos estos deberes y muchos más se les adeuda a los músicos de la Banda que siempre han representado dignamente a nuestro estado; y si un García ha fallado a estos deberes… póngasele nombre “Y” apellido.

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