Por: Salvador Echeagaray
Académico de la UAG
Algo muy importante del advenimiento de un año nuevo es que nos hace replantear nuestra vida. Nos mueve a reflexionar cómo estamos llevándola.
El nuevo año nos hace ver qué estamos haciendo mal y corregirlo. También, debería movernos a reconocer lo bueno y aplaudírnoslo.
Además, es el momento para plantearse buenos propósitos, pero sobre ello, pregúntarse cuáles virtudes nos ayudarán para lograr esos nuevos proyectos y que no se queden en meras intenciones, sino, que, se concreten.
Para ello hay dos virtudes que son la fortaleza y la perseverancia. Esta última nos ayuda a no abandonar nuestro proyecto. La fortaleza nos da el vigor para alcanzarlo.
Por lo tanto, además de definir qué deseamos lograr sería conveniente proponernos a desarrollar virtudes.
¿Cuál le gusta?
Acaso la fe, la esperanza o la caridad? O ¿la prudencia, o la templanza? O ¿tal vez, el arte, la ciencia y/o la sabiduría?
No es fácil, pero vale la pena.