JOVEN ZACATECANA PIDE JUSTICIA PARA SUS FAMILIARES

La joven Mariela Lizbeth Gallegos ívila, originaria del municipio de Mezquital del Oro, Zacatecas, pide justicia para su familia. A través de las redes sociales, contactó a Mirador y pidió apoyo para difundir su historia, de lo que llamó una “fabricación de culpables” y una “injusticia muy desgastante”. Incluye en su petición, entrevistas que han dado sus familiares y compañeros de escuela a diversos medios de comunicación de un caso que considera es necesario que la gente de Zacatecas y sus autoridades escuchen.

A continuación, los testimonios:

“Mariela G. Avila.- AYíšDENOS A DIFUNDIR LA NOTICIA POR SU MEDIO DE COMUNICACION PORFAVOR!! Buen dí­a!!

Mi nombre es Mariela Lizbeth Gallegos ívila soy de Mezquital del Oro, Zacatecas, mi familia está viviendo una situación muy difí­cil. Mi hermano y mi primo fueron detenidos injustamente por personal militar, hemos pedido ayuda por todos lados y nadie nos ha escuchado. Enviamos carta a Felipe Calderón, enviamos carta al General del Ejército encargado de los militares que detuvieron a mis familiares. No hemos tenido respuesta alguna.

Para nosotros como Familia y como Zacatecanos nos interesa que nuestro Estado nos apoye, estamos viviendo una injusticia muy desgastante fí­sicamente, emocionalmente, económicamente, ya tienen 2 meses detenidos en Penal Puente Grande en Jalisco pero serán trasladados a Zacatecas ya que somos del Estado de Zacatecas.

Necesitamos apoyo a través de los medios de comunicación, queremos que alguien nos escuche pareciera que Zacatecas capital así­ como Miguel Alonso Reyes, nuestro Gobernador, ha olvidado a este municipio que se encuentra en el sur del Estado. Se que nadie entiende la situación hasta que la vive, en este caso nos toco vivir la Fabricación de Culpables por parte del Ejército, pedimos ayuda a gritos.

Zacatecas escucha a tu gente!!
Le anexo un link de una entrevista realizada por Noticias MVS y por TVAZTECA Jalisco, además entrevistas de los compañeros de universidad de mi hermano.
Gracias por prestar atención”.

http://www.noticiasmvs.com/entrevistas/segunda-emision-con-luis-cardenas/mariela-gallegos-avila-hermana-de-victima-de-abuso-por-parte-de-militares-829.html
http://www.youtube.com/watch?v=z0WJteakfko
http://www.youtube.com/watch?v=NXkf_T3l_1c&feature=related
Hasta aquí­ la petición y los antecedentes que proporcionó Mariela y los links que proporcionó de las entrevistas en medios.

“Anexo también los testimonios de mi hermano Osiel Martí­n Gallegos ívila y Jesús Enrique Gallegos Reynoso de la pesadilla de tortura que vivieron:
AYUDA ZACATECAS MEZQUITAL DEL ORO TE NECESITA.

TESTIMONIO DE OSIEL MARTíN GALLEGOS íVILA

El viernes 16 de diciembre del 2011, iniciaron mis vacaciones escolares, ya que estudio la carrera de Medicina Veterinaria en la Universidad de Guadalajara, decidiendo ir a pasarlas a mi pueblo, Mezquital del Oro, en el estado de Zacatecas. El dí­a 17 de diciembre unos peones y yo molimos una pastura que es de mi abuelo Celerino ívila, ya que él se dedica a la agricultura y la ganaderí­a.

El lunes 19 de diciembre acarreamos mi primo Jesús Enrique Gallegos Reynoso y yo Osiel Martí­n Gallegos ívila la pastura de donde molimos que fue en la Huerta Grande y la acarreamos a otro ranchito de mi abuelo que se llama la Ciénega que está como a 4 kilómetros.

Era el primer viaje que habí­amos echado, llegamos al ranchito donde í­bamos a descargar la pastura, cuando a unos 400 metros empezamos a escuchar unos gritos y balazos, cuyos gritos decí­an “no corras hijo de tu puta madre”. Nosotros al escuchar esos gritos y balazos desde donde estábamos trabajando nos asustamos, pero seguimos trabajando ya que nosotros no tení­amos de que preocuparnos.

De un de repente empezamos a ver soldados que vení­an hacia donde estábamos descargando la pastura, al vernos nos ordenaron que nos tiráramos al piso. Me imagine que nos iban a investigar, nos tiraron al piso donde nos metieron unas patadas y me preguntaban “¿Dónde está la demás gente?” Yo les respondí­a que no sabí­a de lo que me estaban preguntando ya que nosotros nada más estábamos descargando la pastura, pero pensaron que estaba mintiendo y me siguieron golpeando.

Yo les dije que era de ese municipio, que si dudaban me llevaran para que le preguntaran a la gente, sin embargo, cada que les decí­a que era de ahí­ y que la gente me conocí­a, los soldados me golpeaban en el cuello y en la espalda.

Después de un rato nos taparon la cara con la camisa y nos llevaron caminando hasta unas casas abandonadas donde agarraron a unos tipos que yo desconozco. Ahí­ nos tiraron al suelo donde nos golpearon a patadas.

Los soldados nos preguntaban “¿De quién son las armas?”, pero solamente los otros tipos respondí­an a sus preguntas. También le preguntaron a esos tipos, “¿Conocen a estos dos cabrones?” y ellos respondieron “no, nunca los hemos visto”. Ahí­ estuvimos mi primo y yo mucho rato, en el suelo boca abajo. Después los soldados nos ordenaron que nos pusiéramos boca arriba y con los pies hacia arriba, pero bajabas las piernas nos golpeaban con sus rifle.

Después de como 30 minutos de estar en esa posición, escuché una voz de uno de los soldados que le ordenó a otro, “pon a todos los hijos de su puta madre a que disparen al viento 3 tiros, dales una arma para que la detonen”. Me agarraron del cuello fuertemente y me dieron una arma, no sé qué arma serí­a pues desconozco de eso, solo sé que era una arma larga. Le dije a uno de los soldados “no sé cómo usarla”, en seguida me golpeó con su arma en el cuello y me dijo, “cómo que no sabes hijo de tu puta madre”, me apuntó con su arma en la cabeza y me dijo, “si no disparas, te los voy a dar a ti”. Un soldado me preparó el arma para disparar y otro soldado me ordenó, “sólo aprieta el gatillo”. Disparé en tres ocasiones al viento.

Luego de unos 30 minutos nos llevaron caminando con la cara tapada, nos subieron a la camioneta que traí­amos mi primo y yo acarreando la pastura, una Ford tinta ya vieja con redilas, nos pusieron acostados en la caja de la camioneta, los soldados pasaban caminando sobre mi espalda, se burlaban diciendo, “¿qué se siente cabrones?”.

Después me sentaron en una esquina de la caja de la camioneta y cada que pasaban los soldados me golpeaban en la cabeza. Luego de 20 minutos de permanecer en la camioneta, la encendieron y nos llevaron a Mezquital, pueblo de donde soy originario.

Cuando entramos al municipio le señale a un soldado que ahí­ era mi casa, pero como no le gustaba al soldado que levantara la mirada, me golpeó con el rifle en mi cabeza. Nos dieron una vuelta por todo el municipio, se detuvieron en la plaza principal. Las personas del pueblo se arrimaban a la camioneta y les decí­an a los soldados que nos conocí­an a mi primo y a mí­. Incluso, les dijeron que yo estoy estudiando Medicina Veterinaria en Guadalajara y que soy gente pací­fica, mientras los soldados les contestaban, “ahorita los soltamos, no se preocupen”.

Después de 10 minutos arrancaron la camioneta, pero luego se pararon en un lugar a echar gasolina. En ese lugar nuevamente se acercaron varias personas para vernos, y ya que nos reconocí­an les decí­an a los soldados, “nosotros los conocemos, son gente de bien”. Nuevamente los soldados contestaban que nos iban a bajar, que no se preocuparan, pero no fue así­.

Después de echar gasolina a los camiones y encendieron la camioneta, nos llevaron tapados con unas cobijas, iba bañado en sudor sentí­a que me ahogaba, pero si me destapaba poquito para respirar me golpeaban. Luego de tres horas de camino aproximadamente llegamos a las instalaciones de la PGR en Guadalajara.

TESTIMONIO DE JESíšS ENRIQUE GALLEGOS REYNOSO
Siendo aproximadamente las 11:30 de la mañana del domingo 18 de diciembre del 2011, mi tí­a Dalila ívila ívila me dijo que si de favor acompañaba a su hijo Osiel Martí­n Gallegos ívila a trabajar recogiendo pastura, le dije que sí­.

El lunes 19 de diciembre del 2011 nos fuimos al lugar donde se encontraba la pastura, la Huerta Grande, el señor Celerino ívila Guzmán, René, Osiel y yo cargamos la camioneta, después Osiel y yo nos dirigimos al lugar donde í­bamos a colocar la pastura que queda a una hora de retardo, en eso í­bamos llegando al rancho La Ciénega, cuando vimos una camioneta desconocida, le pregunté a mi primo que si la habí­a visto y me contestó que no, pero continuamos nuestro recorrido.

Llegando al lugar, nos pusimos a descargar la pastura cuando comenzamos a oí­r gritos y disparos, vimos que eran soldados, pero continuamos la descarga de la pastura, cuando un soldado nos grito que nos tiráramos al suelo, y así­ lo hicimos.

Después nos levantaron y nos movieron de lugar, me preguntó que de dónde éramos, le conteste que del municipio de Mezquital del Oro, Zacatecas, en seguida otro soldado me sacó la cartera y vio mi identificación, me preguntó mi nombre para ver si era el que estaba en la identificación, me la regresó a la bolsa, llegó otro soldado, me la volvió a sacar, me preguntó mi nombre y de dónde era, cuántos años tení­a, pero ese soldado ya no me regresó mi cartera. En esa cartera traí­a mi credencial del IFE, dinero y una tarjeta bancaria (que obtuve porque trabaje en un programa de un mes de empleo de gobierno).

Después nos levantaron con gritos: ¡qué te levantes hijo de tu puta madre! Nos levantamos, nos taparon la cara y nos llevaron caminando a una casa que se encuentra como a 40 metros del lugar donde estábamos nosotros. En esa casa nos volvieron a tirar al piso y habí­a unos muchachos que habí­an detenido momentos antes que a nosotros, los cuales desconozco, nunca los habí­a visto.

Cuando estaba tirado llegó un soldado y me preguntó que dónde estaban las llaves de la camioneta, yo le pregunte que cual camioneta, y me dijo: ¡no te hagas pendejo hijo de tu puta madre!, me dio una patada en las costillas, luego me levantaron y me llevaron al patio de la casa, ahí­ me volvieron a tirar al piso, me amarraron los pies con un alambre de luz, me levantaron, me dieron órdenes de que me hincara, me hinque, dos soldados me dijeron: ¡toma esta arma y dispara¡ les conteste que no sabí­a disparar, uno de ellos me pegó con la culata de su rifle y me dijeron que si era preferible que yo mismo me diera los balazos. Obligado, disparé al aire.

Después me pusieron boca arriba en pleno sol como media hora, después me levantaron y me subieron a la camioneta que llevábamos mi primo y yo. Nos llevaron al pueblo, Mezquital del Oro, y allí­ nos dieron una vuelta por el pueblo, en ese pueblo vivimos, mucha gente del pueblo les decí­a que nosotros no éramos malos, que pertenecí­amos al pueblo, pero no les hicieron caso.
Después de eso nos taparon la cara, hicimos un viaje como de tres horas y cuando nos destaparon la cara ya estábamos en la PGR.”
Hasta aquí­ los testimonios.


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