La bandera no se esconde: es de todas y todos

Por: Dra. Norma Julieta del Río
Zacatecas, Zac.-Hoy es el Día de nuestra Bandera de México, símbolo de identidad y orgullo nacional. Representa nuestra soberanía y, por ello, debe convocarnos a la unidad por encima de cualquier diferencia política o ideológica.

Nuestra Bandera no pertenece a un gobierno, a un partido ni a una coyuntura específica. Es, orgullosamente, el emblema que nos representa como nación. Es un símbolo permanente, no circunstancial; colectivo, no faccioso.

En los últimos tiempos hemos sido testigos de que, durante algunas manifestaciones (las cuales están plenamente permitidas y reconocidas como un derecho humano en nuestra Constitución) en el Zócalo, la bandera monumental se retira o no se encuentra visible. En contraste, en eventos oficiales o celebraciones de otra índole, ahí está: ondeando con toda su fuerza. Esa diferencia, más allá de las razones logísticas que puedan existir, envía un mensaje que merece una reflexión profunda.

La bandera no distingue posturas ideológicas. No respalda causas ni colores partidistas. Nos representa a las y los mexicanos en nuestra diversidad, en nuestro derecho a disentir, en nuestra libertad de expresión y en nuestra pluralidad democrática.

Las plazas, y el Zócalo, no son propiedad de una administración en turno; son espacios históricos de encuentro, celebración, protesta y expresión ciudadana. Y la bandera, en ese espacio, simboliza que la nación es más grande que cualquier diferencia política. Su presencia recuerda que el disenso también forma parte de la vida democrática.

Nuestra Bandera ha sido testigo de los momentos más emblemáticos y también de los más complejos de nuestra historia. Ha estado presente en gestas heroicas, en transiciones políticas, en celebraciones colectivas y en exigencias ciudadanas. Precisamente por eso, su significado trasciende gobiernos y generaciones: es un símbolo vivo que acompaña al pueblo en todas sus expresiones.

Es importante recordar que los símbolos patrios unen. Su fortaleza radica en que nos cobijan a todas y todos, sin distinción. Retirarlos selectivamente puede interpretarse como un gesto de exclusión, aunque no sea esa la intención. En una democracia madura, los símbolos nacionales deben estar por encima de la coyuntura y de la polarización.

En tiempos de polarización, cuidar los símbolos nacionales implica reafirmar que la democracia se construye con inclusión, no con exclusión; con diálogo, no con silencios impuestos. La bandera, visible y presente, debe recordarnos que la pluralidad no nos divide como nación, sino que nos fortalece cuando se ejerce con respeto.

Honrar la bandera no es únicamente rendirle homenaje en ceremonias oficiales; es garantizar que su presencia sea constante y congruente en todos los espacios donde el pueblo se manifiesta, celebra o exige. Su fuerza simbólica radica precisamente en su carácter incluyente y permanente.

La bandera no se esconde, porque no pertenece a un momento ni a una postura: pertenece al pueblo de México. Es de quienes gobiernan y de quienes cuestionan; de quienes celebran y de quienes protestan. Es de quienes piensan distinto, pero comparten un mismo país. Porque la patria no es de un solo grupo: es de todas y todos. Yo amo a México y amo a mi Bandera.

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